martes, 3 de marzo de 2026

Crónica de una Expropiación: El Vaciamiento de la Política, el Territorio y la Memoria en el Peronismo Salteño del Siglo XXI

 


En Salta, algo se rompe en silencio. Los pequeños finqueros venden sus campos ante el avance de capitales internacionales disfrazados de conservación ambiental. El Partido Justicialista celebra congresos donde nadie habla del partido. Los organismos de derechos humanos disputan miguitas estatales en lugar de construir memoria colectiva. Y el nombre de Miguel Ragone —único gobernador democrático desaparecido por la última dictadura— es usado para fotos institucionales por quienes no saben, ni quieren saber, qué significa.

Este ensayo narra ese triple vaciamiento desde adentro: desde la voz de quien investiga la memoria, milita en el peronismo y custodia un legado familiar que el presente amenaza con neutralizar. No es un diagnóstico distante. Es el intento de pensar en voz alta, con rigor académico y honestidad política, sobre las fracturas que atraviesan simultáneamente una familia, un partido y una provincia.

Con apoyo en autores como Elizabeth Jelin, Alejandro Grimson, Pilar Calveiro y Alejandro Horowicz, el texto propone que la disputa por la memoria y el territorio en el noroeste argentino no es un problema local: es el síntoma más nítido de una época.


Fernando Pequeño Ragone — Salta, Argentina, Marzo de 2026

Con la asistencia de NotbookLM y Claude IA. 

 

I.Introducción: El mapa de las grietas

II.La Tierra Que Duele: Fragmentación Familiar y Sistema de Expulsión

2.1La finca como metáfora total

2.2El diagnóstico desde adentro

III.El Partido Como Cáscara: Cacicazgo, Intervención y la Ausencia de Herramienta

3.1El Congreso de la Militancia como espejo roto

3.2El partido como herramienta electoral vaciada

IV.La Memoria Como Mercancía: El Legado de Ragone en Disputa

4.1La foto institucional vs. el testimonio que trasciende

4.2Los organismos de derechos humanos: fragmentación y egos

V.El Contexto Nacional: Milei, la Antipolítica y la Resistencia

VI.Conclusión: La Apuesta en Soledad y la Densidad de lo Que Persiste

Referencias

 

 

I. Introducción: El mapa de las grietas

Hay conversaciones que son mucho más que el intercambio de dos voces: son el síntoma de una época. La que sostengo con una referente histórica de la conducción femenina del peronismo salteño —con décadas de militancia y representación institucional en la provincia— en los primeros días de marzo de 2026 es, sin duda, una de ellas. Analizarla desde mi posición como investigador en derechos humanos y custodio del legado de Miguel Ragone no es un ejercicio de narcisismo académico; es, al contrario, una forma de pensar en voz alta sobre las fracturas que atraviesan, simultáneamente, mi familia, mi partido y mi provincia.

Vivo y trabajo en Salta, una provincia que condensa, como pocas, las contradicciones de la Argentina periférica: tierra disputada entre el capital transnacional y los pequeños finqueros, memoria histórica administrada por funcionarios que no entienden qué es la memoria, y un peronismo que se vació de contenido hasta convertirse en una simple "herramienta electoral". Dirijo la Asociación Miguel Ragone, espacio desde el cual intento que el nombre de mi abuelo no sea apenas un busto en un shopping o en un mercado municipal, sino una interpelación viva sobre qué significa hacer política con convicción democrática en tiempos difíciles.

Desde el análisis institucional abordo cuatro ejes que ordenaré aquí: primero, la fragmentación territorial y la crisis del pequeño finquero como expresión local de un proceso de expulsión neoliberal de alcance global; segundo, el vaciamiento institucional del Partido Justicialista de Salta, capturado entre el cacicazgo histórico, la intervención federal y la sombra del gobernador Gustavo Sáenz; tercero, la memoria de Miguel Ragone como bien disputado, mercantilizado y manipulado por quienes no tienen vocación memorialista sino fotográfica; y cuarto, la paradoja de un ex gobernador peronista de la provincia como herramienta transitoria para evitar el colapso definitivo del partido. En torno a estos ejes construyo un argumento que es también una confesión: la soledad de quien apuesta en serio.

 

II. La Tierra Que Duele: Fragmentación Familiar y Sistema de Expulsión

2.1 La finca como metáfora total

Cuando en la conversación con la referente le cuento que tengo temor del proceso de expropiación de las fincas medianas próximas al Paraque Nacional El Rey por el capital extranjero para expandir el negocio del bono de carbono; estoy describiendo la capitulación ante un proceso que Alejandro Grimson (2019) denominaría la profundización de la grieta: no la grieta política entre kirchnerismo y macrismo que domina el debate mediático, sino la grieta más antigua y más honda entre dos visiones de la Argentina, encarnadas en este caso en mi propio hermano Rodrigo y en mí.

Rodrigo hereda la línea paterna: conservadora, miedosa y racista, tal como la describo sin eufemismos en el diálogo. Yo me reconozco en la línea materna: peronista, permeable a la diversidad, convencido de que la tierra tiene función social. José Bleger (1966) habría reconocido en esta fractura la ruptura del encuadre: la finca dejó de funcionar como soporte de identidad común para convertirse en foco de dolor y separación. Ya no es el territorio que nos une; es el campo de batalla donde se libra una guerra ideológica de herencia diferida.

Pero el análisis no puede quedarse en el plano familiar. Lo que mi interlocutora y yo identificamos en la conversación es un proceso estructural: las ONGs internacionales financiadas con capitales de bancos extranjeros están monopolizando la tierra bajo la lógica de los bonos de carbono y el turismo de "descolonización". El pequeño finquero ya no puede sostener su propiedad; el modelo productivo lo expulsa silenciosamente. Como señala Luis Alberto Romero (2001) al analizar los ciclos de concentración económica en la historia argentina, esta dinámica no es nueva, pero en su versión neoliberal del siglo XXI adquiere una eficiencia inédita: se apropia del lenguaje ambiental y progresista para realizar, en el fondo, una operación de acumulación por desposesión.

2.2 El diagnóstico desde adentro

Lo que me resulta más perturbador —y lo comento con la compañera con la franqueza que permite la amistad política— es que ni mi hermano ni los demás finqueros pequeños registran la expulsión en curso. "No ven la expulsión", dice ella, y la frase suena a diagnóstico clínico. Guillermo O'Donnell (1972) identificó tempranamente cómo los sectores medios y pequeños propietarios en Argentina tienden a naturalizar las condiciones de su propia subordinación cuando estas vienen envueltas en el lenguaje del orden y la modernización. Décadas después, el mecanismo se repite: la tokenización de la tierra, los certificados de carbono, los proyectos de "conservación" son presentados como progreso, y los pequeños finqueros como yo no tenemos herramientas conceptuales ni políticas para resistirlo organizadamente.

La decisión de vender llegado el momento del hartazgo y de la oferta extrangera, entonces, no es solo de alguien como mi propio hermano: es la decisión forzada de toda una clase de propietarios medios que el modelo neoliberal vuelve insostenibles. Y en ese vaciamiento territorial hay un correlato simbólico: cuando se pierde la tierra, se pierden también los anclajes de la memoria local, los paisajes de la infancia, los espacios donde el peronismo originario —el de mi abuelo— construyó sus primeras redes de lealtad popular.

 

III. El Partido Como Cáscara: Cacicazgo, Intervención y la Ausencia de Herramienta

3.1 El Congreso de la Militancia como espejo roto

El Congreso de la Militancia del PJ Salta, que describo en detalle a la compañera, podría haber sido una oportunidad para reinventar el partido. No lo fue. Lo que presencié durante cuatro horas fue un ejercicio de catarsis colectiva sin ninguna sustancia programática: diagnóstico, diagnóstico, diagnóstico, como repito con cierta amargura. Los cuadros dirigentes —a quienes llamo "caciques" con toda la precisión conceptual que el término amerita— se movieron en la sala buscando posicionamiento personal, negociando silenciosamente sus futuros lugares en una estructura que, sin embargo, ninguno se tomó el trabajo de pensar.

Lidia Fernández (1994) introdujo el concepto de estilo institucional para describir las configuraciones culturales que determinan cómo una institución opera más allá de su declaración formal de principios. El estilo institucional del peronismo salteño, tal como lo vivo desde adentro, es el cacicazgo: una masculinidad hegemónica, vertical, refractaria a la innovación y profundamente desconfiada de la diversidad. Cuando Pía Ceballos habló en el Congreso para introducir perspectivas diversas, los caciques no la registraron. No es que la rechazaron: simplemente no la procesaron como información política relevante. No hay en ellos, como señalo, "registro de otro diseño de partido".

3.2 El partido como herramienta electoral vaciada

La distinción que hago en la conversación —entre política pública y partido— es más importante de lo que parece. Los dirigentes confunden ambas cosas porque, en el fondo, solo conciben el partido como maquinaria de votos. Pilar Calveiro (2005) analiza cómo las organizaciones políticas que surgieron en Argentina del ciclo de violencia de los años setenta tendieron a volverse crecientemente instrumentales, perdiendo la dimensión formativa y la densidad ideológica que las había nutrido en su origen. En el caso del PJ salteño, este proceso de vaciamiento es particularmente agudo: el partido que fue herramienta de transformación social en la época de mi abuelo —cuando Miguel Ragone gobernó Salta entre 1973 y 1974 con un programa de salud pública, educación y reforma agraria— se ha convertido en una estructura sin contenido, sostenida apenas por la inercia del sello y el choripán.

La intervención federal del partido no resolvió este problema; en cierto sentido lo agravó. Genera lo que Bleger (1966) llamaría orfandad institucional: los militantes quedan sin encuadre protector, sin norte programático, atrapados entre la lógica de los caciques que buscan sobrevivir y el riesgo real de que el gobernador Gustavo Sáenz absorba definitivamente la estructura partidaria. "Si la intervención termina antes de tiempo —le digo a la referente— Sáenz se queda con el partido". Es la síntesis más amarga del momento político que vivimos.

En ese contexto, la figura de un ex gobernador peronista de la provincia emerge como el único cuadro con peso suficiente para evitar la disolución. No es que lo admiro: su gestión al frente del Ejecutivo provincial generó resistencias profundas en el campo de los derechos humanos, y muchos de quienes hoy lo miran con distancia fueron posicionados por él mismo en la estructura del Estado provincial. Pero en política, a veces, el pragmatismo es la única forma de fidelidad posible al ideal. Como señala Alejandro Horowicz (2012) en su análisis de los ciclos peronistas, cada etapa del movimiento requirió figuras de transición que no eran el ideal sino la posibilidad: el ex mandatario puede ser esa figura hoy, aunque su relación con el saencismo sea una zona de sombra que nadie quiere iluminar.

 

IV. La Memoria Como Mercancía: El Legado de Ragone en Disputa

4.1 La foto institucional vs. el testimonio que trasciende

Administrar el legado de Miguel Ragone no es una tarea sencilla. Mi abuelo fue el único gobernador democrático desaparecido durante la última dictadura argentina. Eso lo convierte en un símbolo de primer orden —de la resistencia, de la vocación de servicio, del precio pagado por gobernar con convicción en tiempos oscuros— pero también en un objeto de apropiación institucional permanente. Lo que describo a la compañera sobre la Comisión Provincial de la Memoria y el acto de homenaje a Ragone es, en el fondo, la tensión entre dos usos posibles de la memoria: la memoria como herramienta de transformación presente, y la memoria como foto que legitima a quienes en la práctica no tienen ningún compromiso con lo que esa memoria representa.

Elizabeth Jelin (2002) distingue entre los usos políticos de la memoria —que responden a la coyuntura y buscan legitimidad— y los trabajos de la memoria —que implican un procesamiento colectivo del pasado traumático orientado al presente. Lo que veo en la gestión oficial de la Comisión Provincial de la Memoria es el primero: funcionarios que quieren la foto con el nombre de Ragone sin entender nada de lo que ese nombre implica. "No le voy a regalar eso", le digo a la referente, y en esa frase hay una decisión política que tiene costos personales.

Marina Franco (2012) ha mostrado cómo en Argentina los procesos de memorización de la represión estatal tendieron a quedar capturados en estructuras narrativas que privilegian la víctima inocente sobre el militante político, despolitizando así la memoria. En el caso de Ragone, este riesgo es permanente: convertirlo en mártir aséptico, en busto de piedra sin historia partidaria, es la mejor forma de neutralizarlo. Por eso el libro que estoy escribiendo sobre su legado no puede ser solo hagiografía: tiene que ser memoria política, en el sentido pleno que le da Jelin (2002).

4.2 Los organismos de derechos humanos: fragmentación y egos

Una de las constataciones más dolorosas que comparto con la referente es el estado de los organismos de derechos humanos en Salta. Los describo sin ambages: fragmentados, presos de "luchas de ego", cada uno trabajando por su cuenta para obtener "la miguita" estatal. Sofía Tiscornia (2004) analizó cómo los organismos de derechos humanos en Argentina, con el tiempo y la institucionalización, tendieron a reproducir hacia adentro algunas de las lógicas de poder y disputa que combatían hacia afuera. No es una generalización justa para todos, pero sí describe una tendencia real.

La pregunta que me formulo —y que no tiene respuesta fácil— es cómo reconstruir una práctica memorialista que sea colectiva sin ser hegemónica, plural sin ser fragmentaria. Diana Maffía (2007) ofrece, desde su perspectiva feminista, una clave: la memoria emancipadora requiere descentrar la autoridad epistémica, reconocer múltiples voces sin por ello renunciar a la densidad política. En el campo de los derechos humanos salteños, esa pluralidad existe pero no se articula. Cada organismo habla desde su trinchera y la trinchera se convierte, paradójicamente, en un obstáculo para la acción colectiva.

El dilema del prólogo de mi libro —¿incluir al ex mandatario o no?— condensa esta tensión. Sé que hacerlo generará "resistencia fortísima" en sectores que lo rechazan. Sé también que excluirlo sería negar la realidad política que vivimos. La decisión que tome tendrá consecuencias: algunos se me irán, otros se me acercarán. La memoria nunca es neutral, y la gestión del legado de Ragone tampoco puede serlo.

 

V. El Contexto Nacional: Milei, la Antipolítica y la Resistencia

Todo lo que describo —el vaciamiento del partido, la fragmentación de los organismos, la expulsión del pequeño finquero— ocurre en un contexto nacional que la compañera y yo nombramos repetidamente en la conversación: el gobierno de Javier Milei. La "basureada" de Milei hacia la clase política no es solo retórica: es un programa de demolición de la institucionalidad democrática que la referente califica de "antidemocracia" en el diálogo.

Lo que más me preocupa, sin embargo, no es la agresividad del discurso mileísta sino la naturalización que describe mi interlocutora: en Salta, la gente ya no se sorprende de la exclusión, del desmantelamiento de los comedores barriales, del vaciamiento de los servicios de salud y discapacidad. "No hay gente, no hay consumo de nada", dice ella describiendo una ciudad deprimida económicamente. Esa naturalización es, en términos de Jelin (2002), una forma de desmemoria activa: la incapacidad de comparar el presente con lo que fue conquistado en quince años de políticas redistributivas.

Carlos Sarlo (1994), analizando las transformaciones culturales del neoliberalismo en Argentina, identificó el proceso por el cual la vida cotidiana queda colonizada por la lógica del mercado hasta el punto de volver impensable cualquier alternativa. En el contexto salteño actual, esa colonización se expresa en la "depresión" que la compañera describe: no solo económica sino política, una derrota del deseo colectivo de cambio. Frente a eso, la apuesta de sembrar conversatorios, de publicar el libro sobre Ragone, de resistir la apropiación de la memoria, puede parecer pequeña. Pero como le digo a la compañera, es la apuesta que tengo. Y la hago en soledad.

 

VI. Conclusión: La Apuesta en Soledad y la Densidad de lo Que Persiste

Llego al final de este ensayo con la misma incomodidad con que inicio cada conversación sobre estos temas: la sensación de que el análisis, por más preciso que sea, no alcanza a capturar la densidad de lo que está en juego. Hablar de fragmentación institucional, de vaciamiento partidario, de disputas de memoria, es necesario pero insuficiente si no se nombra también la dimensión existencial: la soledad de quien sigue apostando cuando el partido no lo registra, cuando la familia no lo entiende y cuando los organismos que deberían ser aliados están fragmentados en sus propias guerras de ego.

Desde mi experiencia en la Asociación Miguel Ragone, sé que la memoria no se administra: se construye, se disputa y se pierde. Jelin (2002) tiene razón cuando insiste en que los trabajos de la memoria son procesos, no productos: requieren tiempo, articulación colectiva y disposición a la conflictividad. Grimson (2019) tiene razón cuando señala que la grieta no es solo política sino cultural: atraviesa familias, instituciones y territorios. Calveiro (2005) tiene razón cuando advierte que las organizaciones políticas pueden reproducir hacia adentro las lógicas de poder que dicen combatir. Franco (2012) tiene razón cuando muestra que la despolitización de la memoria es siempre una operación política.

Pero ninguna de estas lucideces académicas resuelve la pregunta práctica que me formulo cada mañana: ¿cómo hacer que el nombre de Miguel Ragone sea una interpelación viva y no una foto de ocasión? ¿Cómo reconstruir un partido que sea herramienta de cambio y no apenas maquinaria electoral? ¿Cómo resistir la expulsión del territorio sin reproducir el victimismo que paraliza? Horowicz (2012) diría que el peronismo siempre encontró, en sus momentos de mayor crisis, figuras y gestos capaces de reagrupar. O'Donnell (1972) advertiría que la modernización autoritaria —en todas sus versiones— genera siempre una resistencia que no se ve hasta que se ve. Romero (2001) recordaría que la historia argentina es, entre otras cosas, la historia de una recuperación permanente.

Maffía (2007) me recuerda que la emancipación requiere reconocer las voces que el relato dominante silencia: las mujeres, los jóvenes, la diversidad que los caciques no registraron en el Congreso. Tiscornia (2004) me recuerda que la memoria política es siempre un campo de disputa donde los más fuertes intentan capturar los símbolos de los más débiles. Sarlo (1994) me recuerda que resistir la colonización cultural del neoliberalismo requiere reconstruir los lazos de lo común antes que el mercado los disuelva definitivamente.

Lo que persiste, al final del análisis y de la conversación con la referente histórica del peronismo salteño, es una convicción que no es académica sino ética: mientras haya una persona dispuesta a sembrar —un conversatorio, un libro, una discusión incómoda sobre el prólogo— la memoria no está muerta. Está, como siempre, en disputa. Y esa disputa es la política misma.

 

Referencias

Bleger, J. (1966). Psicohigiene y psicología institucional. Paidós.

Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años 70. Norma.

Fernández, L. (1994). Instituciones educativas. Dinámicas institucionales en situaciones críticas. Paidós.

Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y subversión, 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover a la Argentina. Siglo XXI.

Horowicz, A. (2012). Los cuatro peronismos. Edhasa.

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI.

Maffía, D. (2007). Epistemología feminista: La subversión semiótica de las mujeres en la ciencia. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 12(28), 63–98.

O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.

Romero, L. A. (2001). Breve historia contemporánea de la Argentina (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.

Tiscornia, S. (2004). Entre el honor y los derechos humanos. Discursos y prácticas de la seguridad ciudadana. En S. Tiscornia (Comp.), Burocracias y violencia: Estudios de antropología jurídica (pp. 15–44). Antropofagia.


viernes, 27 de febrero de 2026

La Memoria que No Se Apaga: Miguel Ragone en el acto oficial de Cerrillos

 


Miguel Ragone en Cerrillos, la Lucha por la Veracidad y el Futuro que Construimos Juntos

Ensayo de Divulgación — Fernando Pequeño Ragone

Asociación Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia

Contenidos

Introducción:El Algarrobo, el Auto Gris y Yo

Cuandola Memoria se Convierte en Ornamento — El Peligro del Vaciamiento

Tensiones,Teorías y la Potencia de los Jóvenes

TresObjetivos para el Consejo Deliberante — Un Llamado a la Acción

Objetivo1 — Protocolizar el Acto con una Ordenanza Consensuada

Objetivo2 — Una Ordenanza Municipal de Memoria Histórica Anti-Negacionista

Objetivo3 — Poner en Valor la Plaza de la Memoria Miguel Ragone

Conclusión:El Nombre que Escribimos Entre Todos

ReferenciasBibliográficas

 

 

 

 

Introducción: El Algarrobo, el Auto Gris y Yo

Hay cosas que uno hereda sin pedirlas. Yo heredé el apellido Ragone y, con él, una pregunta que nunca me ha dejado dormir del todo: ¿dónde están los restos de mi abuelo Miguel? Cada 11 de marzo, cuando me paro frente al monolito del barrio San Isidro, al costado de la Ruta 68, en el kilómetro 72 de Cerrillos, siento el mismo nudo en el estómago. Debajo de ese algarrobo centenario fue hallado el Peugeot gris en el que se llevaron a Miguel Ragone el 11 de marzo de 1976. El auto apareció; mi abuelo, no.

No escribo esto para provocar lástima. Lo escribo porque creo que la verdad, contada de frente y sin adornos protocolares, es el único remedio contra el olvido. Y el olvido, como aprendí estudiando a Elizabeth Jelin, no es solo ausencia: es también distorsión activa, es memoria manipulada al servicio del poder de turno.

Asumo aqui un propósito concreto: explicarle a los vecinos de Cerrillos y de Salta entera, a los jóvenes que no vivieron esa época, y especialmente a los concejales del Consejo Deliberante de Cerrillos, por qué el acto oficial que la Municipalidad organiza desde hace casi dos décadas es un patrimonio que debemos proteger con leyes, no solo con buenas intenciones. Y por qué, si no actuamos ahora, corremos el riesgo de que la memoria de mi abuelo se vacíe de contenido, igual que le pasó a la de Martín Miguel de Güemes.

 

Cuando la Memoria se Convierte en Ornamento — El Peligro del Vaciamiento

El espejo de Güemes: cómo una figura popular puede ser apropiada por sus adversarios

Permítanme comenzar con un ejemplo que todos los salteños conocemos. Martín Miguel de Güemes fue un caudillo que peleó con y por los gauchos pobres, los peones, los sectores más humildes del noroeste argentino. Combatió activamente a las élites coloniales y a los terratenientes que explotaban a esa gente. Sin embargo, ¿qué pasó con su legado con el tiempo? Hoy su figura decora los salones de esas mismas clases sociales que él combatía. Su imagen aparece en actos donde se celebra el orden establecido, el mismo orden que él quería transformar.

Esto no es casualidad ni mala fe de un individuo: es el resultado de lo que el historiador Michel-Rolph Trouillot llamaba la 'producción del silencio histórico'. Cuando el Estado y las instituciones controlan el relato, pueden seleccionar qué partes de una figura resaltar y cuáles enterrar. De Güemes se resalta el patriotismo, la valentía marcial, el uniforme. Se silencia la lucha de clases, la vocación redistributiva, el compromiso con los de abajo.

Este mecanismo es exactamente el que debemos evitar con Miguel Ragone. Porque mi abuelo no fue solo un gobernador honesto. Fue un médico que eligió trabajar en los hospitales más pobres de Salta cuando pudo haberse enriquecido en una clínica privada. Fue un político que asumió la gobernación en 1973 con el objetivo explícito de desmantelar las estructuras represivas de la provincia y transformar la tenencia de la tierra. Su proyecto era profundamente popular y transformador. Si permitimos que su figura sea reducida a la de un 'buen administrador' o un 'servidor público loable', estaremos cometiendo con él la misma injusticia que se cometió con Güemes.

Veinte años del acto en Cerrillos: de la resistencia a la ceremonia

El acto de Cerrillos nació del impulso del gobierno municipal allá a mediados de la primera década. Nació de la obstinación de un intendente para quien Ragone significaba valores ligados a la figura de su padre y de su pueblo. Y cuando la Asociación Miguel Ragone nació a fines de 2007 unos años después, estuvo siempre comprometida y presente en esa estrategia de memoria municipal.

En los primeros años del siglo XXI, cuando la reactivación de las causas de lesa humanidad impulsada a partir de 2003 comenzó a cambiar el paradigma de las políticas de memoria en Argentina, el gobierno municipal empezó a convocar a las primeras recordaciones en Cerrillos. Lo que al principio eran reuniones modestas de algunos funcionarios peronistas, familiares y compañeros de mi abuelo fue adquiriendo, con el tiempo, el formato de acto oficial con la participación del gobierno provincial.

Durante la era del gobernador Juan Manuel Urtubey (2008-2018), el acto alcanzó su mayor visibilidad. Urtubey encontró en Cerrillos un escenario útil para trazar una línea de continuidad entre la gestión de Ragone y la suya propia. En sus discursos, solía afirmar que 'Ragone está en todo lo que hicimos', vinculando la figura del médico del pueblo con políticas contemporáneas de salud pública. Esta operación discursiva tenía un problema: suavizaba las aristas más revolucionarias del proyecto de mi abuelo para resaltar solo sus valores de austeridad y honestidad.

Fueron años en que la Asociación Miguel Ragone podía hablar, en que el micrófono nos llegaba con tiempo suficiente para contar lo que nosotros sabíamos: las omisiones de la Justicia, las 'desprolijidades' en la investigación judicial, la herida abierta de unos restos que mi abuela Clotilde esperó toda su vida sin ver aparecer. En otros años el protocolo nos dejó como decorado: presentes, visibles, pero silenciados.

Mi abuela murió en 2019 sin saber dónde descansan los restos de su esposo. Eso no puede ser solo un dato al pie de un discurso oficial. Eso tiene que ser el centro de la memoria.

 

Tensiones, Teorías y la Potencia de los Jóvenes

La memoria como campo de batalla: Jelin y el acto de Cerrillos

Cuando estudié las teorías de la memoria social, encontré en Elizabeth Jelin las palabras exactas para nombrar lo que había vivido en Cerrillos sin poder explicar. Jelin sostiene, en sus trabajos sobre memoria y justicia transicional, que la memoria no es un depósito neutral de recuerdos sino un 'campo de batalla' donde se disputan narrativas, intereses y poder (Jelin, 2002). No hay una memoria, dice Jelin: hay memorias en conflicto.

En Cerrillos, ese conflicto es evidente. Por un lado, el Estado —municipal y provincial— necesita que el acto proyecte unidad y legitimidad democrática. Por eso se priorizan los himnos, las ofrendas florales, las resoluciones firmadas, los discursos de los funcionarios. Por otro lado, los familiares y los organismos de derechos humanos necesitamos que el acto sea un espacio de verdad incómoda: reclamos judiciales sin resolver, críticas a los jueces, demandas de una Ley de Memoria provincial que todavía no existe.

Cuando esos dos vectores se tensionan, el resultado que hemos vivido varias veces es lo que yo llamo 'la comedia de silencios': los familiares son invitados, son ubicados en un lugar visible, son fotografiados junto a los funcionarios, pero no tienen micrófono. Su presencia valida el acto; su silencio lo protege de preguntas incómodas.

Halbwachs, Pollak y los marcos del recuerdo

Maurice Halbwachs, el sociólogo francés pionero en el estudio de la memoria colectiva, argumentó que los individuos recuerdan siempre dentro de 'marcos sociales': estructuras grupales e institucionales que dan sentido y forma al recuerdo (Halbwachs, 1950). La conclusión práctica de esto es poderosa: si los marcos institucionales del acto de Cerrillos están diseñados para producir una versión edulcorada de Ragone, los jóvenes que asisten a ese acto año tras año van a internalizar esa versión, no la verdadera.

Michael Pollak añade una dimensión complementaria: hay memorias que son sistemáticamente silenciadas, memorias 'subterráneas' que sobreviven en el ámbito privado y familiar pero que son excluidas del espacio público (Pollak, 1989). Yo soy portador de una de esas memorias: conozco las anécdotas que mi abuela Clotilde nos contaba, los detalles de la investigación que aprendí como querellante, las conversaciones que no llegan a ningún discurso oficial. Si la institución no crea un espacio para que esa memoria subterránea salga a la luz, se muere con los que la portan.

El género y la naturaleza como horizontes de la memoria viva

En los últimos años he empezado a introducir en mis intervenciones públicas una perspectiva que al principio desconcertó a algunos: la conexión entre los derechos humanos y la crisis ambiental, y entre la violencia del terrorismo de Estado y ciertas formas de masculinidad dominante.

Diana Maffía, filósofa argentina especialista en género y justicia transicional, ha argumentado que el terrorismo de Estado no puede entenderse cabalmente sin analizar las estructuras patriarcales que lo sustentaron (Maffía, 2012). La misma lógica de dominio, extracción y descarte que llevó a los represores a desaparecer personas opera también en el desmonte irracional de los bosques nativos para producir soja, en la contaminación de los ríos, en la expulsión de las comunidades indígenas de sus territorios. Mi abuelo lo habría entendido: él era el médico que fue a curar a los wichís, que construyó el tanque de agua en comunidades que no tenían acceso a ese recurso básico. Honrar su memoria hoy significa también pelear por esos problemas de hoy.

Matías Romero: la juventud que toma la posta

En el acto del 49° aniversario, en 2025, algo importante sucedió. Un joven funcionario de Cerrillos, Matías Romero, Secretario de Turismo, Cultura y Deportes del municipio, tomó el micrófono y habló de Ragone con una emoción y una densidad histórica que me sorprendió y me llenó de esperanza.

Matías no se limitó a repetir la efeméride del secuestro. Recuperó el 52° aniversario de la elección de Ragone como gobernador, vinculando la memoria con la esperanza y la posibilidad política. Bajó la figura del prócer al nivel del 'médico del pueblo' con vocación de servicio. Y explícitamente dijo que su misión es que los jóvenes que no vivieron esa época conozcan a Ragone para que los crímenes del pasado no se repitan.

Jelin habla de los 'emprendedores de la memoria': sujetos que se apropian del pasado para darle un sentido activo en el presente (Jelin, 2002). Matías es exactamente eso. Es un hijo de la democracia que elige cargar con esa mochila porque entiende que sin memoria no hay futuro. Y lo que yo vi en él me confirmó algo que también siento: la memoria no pertenece solo a los viejos y a los que sufrieron en carne propia. La memoria es de todos.

Alejandro Grimson, al analizar las rearticulaciones del peronismo en Argentina, señala que los legados políticos más poderosos son los que logran actualizarse en cada generación sin perder su núcleo transformador (Grimson, 2019). Eso es lo que Matías hizo con Ragone ese día. Y eso es exactamente lo que necesitamos institucionalizar para que no dependa de la buena voluntad de un funcionario en particular, sino que sea parte del diseño del acto.

 

Tres Objetivos para el Consejo Deliberante — Un Llamado a la Acción

Quiero hablarles directamente a los concejales de Cerrillos. No como investigador, no como querellante, sino como nieto de un hombre que nació en esta tierra y cuyo cuerpo sigue, creemos, descansando en algún lugar de esta misma geografía, quizás en el dique Cabra Corral, ese que fue terminado poco antes del comienzo de su gestión de gobierno.

Tienen en sus manos tres acciones concretas que pueden convertir el acto de Cerrillos en un modelo para toda la provincia. No les pido que resuelvan lo que la Justicia Federal no ha podido resolver en casi cinco décadas. Les pido tres cosas más modestas y más urgentes:

 

Objetivo 1 — Protocolizar el Acto con una Ordenanza Consensuada

El acto del 11 de marzo en Cerrillos existe hace veinte años y surgió por iniciativa del gobierno municipal de Cerrillos. Pero necesitamos un marco normativo que garantice su continuidad y su calidad democrática. Cuando cambia un intendente, cambia el diseño del acto. Cuando hay tensiones políticas, los familiares pierden el micrófono. Cuando la coyuntura lo demanda, el relato oficial se ajusta.

Necesitamos una ordenanza que establezca un protocolo diseñado en conjunto entre la Municipalidad de Cerrillos, la Comisión Provincial de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos del Gobierno de Salta, y la Asociación Miguel Ragone. Ese protocolo debe garantizar, de manera explícita e innegociable, la participación activa de los familiares con uso de la palabra y con igual jerarquía protocolar que los funcionarios presentes.

El fundamento teórico es claro: Jelin nos advierte que la institucionalización de la memoria es una espada de doble filo. Puede proteger el recuerdo, pero también puede cristalizarlo y vaciarlo de su carga política si el Estado se convierte en el único autorizado para contar la historia (Jelin, 2002). La solución no es evitar la institucionalización sino diseñarla de manera que los 'emprendedores de la memoria' —familiares, militantes, jóvenes— sean coproductores del relato, no decorado.

La ordenanza debe incluir, como mínimo: una mesa de trabajo previa al acto entre el municipio, la Comisión Provincial de la Memoria y la Asociación; un espacio obligatorio de testimonio familiar y de otros familiares de victimas; y el compromiso explícito de la Municipalidad de no editar ni controlar el discurso de los familiares, aceptando que la memoria puede incluir reclamos actuales y menciones a heridas no cerradas.

 

Objetivo 2 — Una Ordenanza Municipal de Memoria Histórica Anti-Negacionista

Argentina tiene un marco jurídico nacional que reconoce los sitios de memoria como parte del patrimonio cultural (Ley 26.691). Varias provincias y municipios han avanzado con legislación específica que obliga a las instituciones educativas a trabajar la memoria del terrorismo de Estado y que toma posición explícita contra el negacionismo.

Cerrillos todavía no tiene ese instrumento. Y su necesidad es urgente. Vivimos un momento nacional en que el negacionismo ha salido del margen y ocupa espacios de poder. Cuando funcionarios o referentes políticos cuestionan públicamente la cifra de los 30.000 desaparecidos o relativizan los crímenes de la dictadura, necesitamos que el Consejo Deliberante de Cerrillos tenga una posición institucional clara.

Blanca 'Nenina' Lescano lo dijo desde el estrado de Cerrillos en actos recientes: la memoria no puede ser solo un acto anual de ofrendas florales. Tiene que ser una política educativa obligatoria que impida el negacionismo entre los jóvenes. El Consejo puede ser pionero en Salta si estudia y aprueba una ordenanza de este tipo, tomando como modelo las experiencias de otros municipios del país.

Paul Ricoeur, filósofo de la memoria y la identidad narrativa, argumentó que el olvido no es solo un fenómeno natural sino también un acto político: se puede 'trabajar' el olvido igual que se trabaja el duelo (Ricoeur, 2004). Una ordenanza anti-negacionista es precisamente una herramienta para que el municipio de Cerrillos declame institucionalmente: aquí no trabajamos el olvido, aquí trabajamos la memoria.

 

Objetivo 3 — Poner en Valor la Plaza de la Memoria Miguel Ragone

El tercer objetivo es el más tangible y, quizás, el más transformador para la vida cotidiana de los vecinos del barrio San Nicolás y de Cerrillos en general.

Lo que originalmente era un punto al costado de la ruta hoy es la 'Plaza de la Memoria Miguel Ragone', con parquización, señalización y placas recordatorias. La Ordenanza Municipal 596/2023 ya faculta a las secretarías de Turismo, Cultura y Deportes para la organización y mantenimiento del sitio. Es un comienzo. Pero la plaza puede ser mucho más.

Imaginemos una plaza que no solo tenga el monolito sino también una feria de productores locales, un espacio de encuentro comunitario, un punto de referencia turística vinculado al Valle de Lerma y al circuito del dique Cabra Corral. Una plaza donde los vecinos del barrio quieran estar, no solo el 11 de marzo sino durante todo el año. Una plaza que sea 'memoria activa', como dice Jelin: un lugar donde el pasado se conecta con las necesidades del presente.

Le pido al Consejo Deliberante que se comprometa a estudiar las vías más viables para este desarrollo: presupuesto participativo, convenios con el gobierno provincial, alianzas con organizaciones vecinales, proyectos de economía popular. No les pido un plan acabado hoy. Les pido la voluntad política de empezar.

Un sitio de memoria que también es un espacio vivo de producción e intercambio es infinitamente más resistente al olvido que un monolito rodeado de baldíos. Los vecinos del barrio San Nicolás son los custodios involuntarios de la última huella de mi abuelo: merecen que esa responsabilidad se convierta en un activo para su comunidad.

 

Conclusión: El Nombre que Escribimos Entre Todos

Vuelvo al algarrobo. Cada vez que paso por ahí, solo o con mi familia, pienso en lo que significa ese árbol: es viejo, es salteño, ha sobrevivido sequías y tormentas. Y sigue ahí, al costado de la ruta, como un testigo mudo de lo que pasó esa madrugada de marzo de 1976.

La memoria de Miguel Ragone puede ser como ese algarrobo: persistente, profunda, enraizada. O puede ser como el Peugeot gris: hallada, identificada, y después guardada en un expediente que nadie abre.

La diferencia entre esas dos posibilidades no la decide el destino ni el tiempo. La decide la voluntad de instituciones concretas, de personas concretas, en momentos concretos como este. La decide si el Consejo Deliberante de Cerrillos aprueba o no esas tres ordenanzas. La decide si la Municipalidad acepta o no ceder parte del control narrativo del acto. La decide si los jóvenes como Matías Romero siguen tomando la posta o si se cansan de cargar con una historia que no es 'divertida' ni 'conveniente'.

No le pido a nadie que cargue con mi dolor. Le pido a la comunidad de Cerrillos y de Salta que cargue con la responsabilidad que le corresponde: la de garantizar que una historia verídica, compleja y transformadora no sea reducida a un ornamento protocolar.

Mi abuelo era el médico del pueblo. Ese pueblo somos nosotros. Y la memoria que construyamos de él —o que dejemos destruir— dice algo sobre qué clase de pueblo somos y qué clase de democracia merecemos.

La plaza, el acto, las ordenanzas: son formas de decir que seguimos buscando. Los restos físicos, sí, todavía. Pero también los restos de un proyecto de país justo que se interrumpió a punta de fusil y que todavía tenemos la obligación de recuperar.

 

Fernando Pequeño Ragone

Investigador en Derechos Humanos y Memoria Social

Asociación Miguel Ragone por la Verdad, la Memoria y la Justicia — Salta, 2025

Referencias Bibliográficas

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de conmover a la Argentina. Siglo XXI Editores.

Halbwachs, M. (1950). La mémoire collective. Presses Universitaires de France. [Trad. esp.: La memoria colectiva. Miño y Dávila, 2004]

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

Jelin, E. (2017). La lucha por el pasado. Cómo construimos la memoria social. Siglo XXI Editores.

Maffía, D. (2012). Género y ciudadanía: aportes para una teoría feminista de la transición democrática. En Filosofía y Género: Identidades, ficciones y política. Catálogos.

Pollak, M. (1989). Memoria, olvido, silencio. Revista Estudios Históricos, 2(3), 3-15.

Ricoeur, P. (2004). La memoria, la historia, el olvido. Fondo de Cultura Económica.

Trouillot, M.-R. (1995). Silencing the Past: Power and the Production of History. Beacon Press.

Ley Nacional 26.691 (2011). Preservación, señalización y difusión de sitios de memoria del terrorismo de Estado. Honorable Congreso de la Nación Argentina.

Ordenanza Municipal 596/2023. Municipalidad de Cerrillos, Salta. Secretaría de Turismo, Cultura y Deportes.

 

viernes, 13 de febrero de 2026

Memoria que late: encuentro con Raquel Espinosa en el Bar Alta Región

En un bar de Salta, el 13 de febrero de 2026, se produjo un encuentro inesperado entre Fernando Pequeño Ragone, nieto del gobernador desaparecido Miguel Ragone, y la escritora Raquel Espinosa. Lo que comenzó como una conversación sobre un proyecto literario se transformó en algo más profundo: el descubrimiento de cómo un hecho traumático de 1976 —cuando la policía irrumpió en la finca familiar de Raquel buscando información sobre el secuestro— se convirtió en el puente que los conecta cincuenta años después.


Por Fernando Pequeño Ragone, asistido con NotebookLM  y Claude IA

La mañana del 13 de febrero de 2026 me encontré con Raquel Espinosa en el Bar Alta Región de Salta, sin imaginar que ese encuentro sería uno de esos momentos que la vida te regala cuando menos lo esperas. Yo había llegado con mi agenda habitual: documentos, proyectos de memoria, la urgencia de los cincuenta años del golpe empujándome a seguir armando el rompecabezas de mi abuelo Miguel Ragone. Pero Raquel llegó con algo que no esperaba: una herida.

Cuando me contó sobre aquella noche de 1976, cuando tenía dieciséis años y la policía irrumpió en la finca de Los Álamos buscando —o simulando buscar— información sobre el secuestro de mi abuelo, sentí algo que no puedo explicar del todo. Era como si el tiempo se plegara sobre sí mismo. Allí estaba ella, una adolescente aterrada en la oscuridad de una finca, su padre enfrentando a los uniformados, el miedo infiltrándose en cada rincón de esa casa. Y aquí estábamos nosotros, cincuenta años después, en un bar de Salta, intentando que ese terror no haya sido en vano.

Me impactó profundamente su sensibilidad. No hablaba como académica ni como testigo distante. Hablaba desde el cuerpo, desde el recuerdo que todavía le pesa. Raquel no eligió a Ragone por un interés intelectual abstracto; lo eligió porque aquella noche la policía lo convirtió en parte de su biografía, lo metió a la fuerza en su historia personal. Y ahora, décadas después, ella quiere transformar ese miedo en literatura, en ficción que repare lo que el silencio rompió.

Lo que más me sorprendió fue descubrir cómo un hecho traumático de su vida se convertía en el puente que nos ponía en sintonía en el presente. Yo cargo con el duelo de un abuelo que nunca conocí, con la responsabilidad de mantener viva una memoria que muchos quisieran enterrar. Pero Raquel carga con algo distinto y complementario: el recuerdo de lo que el terror hizo con las familias comunes, con los que "no hablaban de política", con los que vivían en fincas alejadas y que de pronto se vieron arrastrados al horror de la dictadura.

Nuestras memorias se encontraron ese día en el Bar Alta Región como dos ríos que confluyen. Ella trae la memoria del miedo campesino, del silencio impuesto a las familias rurales; yo traigo la memoria del liderazgo truncado, de la búsqueda incansable de justicia. Y juntos, sin haberlo planeado del todo, estamos construyendo algo nuevo: una memoria que ya no es solo mía ni solo suya, sino que se vuelve colectiva, compartida, viva.

Intento recuperar ahora el sentido trascendente de ese pequeño encuentro en el bar porque creo que allí se gestó algo importante. No fue solo una conversación sobre un proyecto literario o sobre mis archivos documentales. Fue el momento en que entendí que la memoria de mi abuelo necesita salir de los tribunales, de los sitios oficiales, de los discursos políticos, y entrar en la ficción, en la imaginación, en el arte. Raquel me mostró que hay otro camino para mantener vivo a Miguel Ragone: convertirlo en personaje, en narración, en símbolo que trascienda los datos del juicio.

Maffía también sostiene que lo personal es el fundamento de la subjetividad política. Cuando le conté a Raquel sobre mi blog personal, sobre cómo he ido documentando no solo los hechos históricos sino también mis propias reflexiones, mis dudas, mis angustias en este proceso de construcción de memoria, ella entendió inmediatamente que esa intimidad no es un desvío sino el centro mismo del trabajo político. No podemos construir memoria colectiva si no partimos de reconocer nuestras propias heridas, nuestros propios vínculos subjetivos con el pasado.

Le ofrecí todo mi ecosistema digital —los documentales, las entrevistas, los registros del juicio— porque entendí que ella puede hacer con eso algo que yo no puedo: transformarlo en una novela que llegue a lugares donde mis documentos nunca llegarán. Y a ella le pedí que fuera lectora crítica de mi próximo libro sobre el 2006, sobre la justicia transicional, sobre mi experiencia política. Es un pacto extraño y hermoso: yo le doy las fuentes para que ella cree ficción; ella me ayuda a pulir mi realidad para que se vuelva legible.

Pienso en ese encuentro como un punto de partida para cosas trascendentes porque intuyo que allí se sembró algo. La novela que Raquel escribirá sobre mi abuelo —aunque omita su nombre, aunque lo llame simplemente "el” "— será una forma de reparación que ningún juicio puede dar. Será la posibilidad de que alguien que nunca oyó hablar de Miguel Ragone se encuentre con él en las páginas de un libro, lo sienta humano, lo imagine en sus últimas horas, lo llore como merece ser llorado.

Y al mismo tiempo, ese encuentro me enseñó algo sobre mí mismo. Durante años he trabajado la memoria de mi abuelo desde la militancia, desde la asociación, desde los sitios históricos y las placas conmemorativas. Pero ese día con Raquel entendí que también necesito permitir que otros hagan su propia memoria de Ragone, que lo habiten desde sus propias heridas, desde sus propios recuerdos. La memoria no puede ser un patrimonio exclusivo de la familia; debe ser un bien común, un territorio abierto donde cada uno pueda encontrar su propio vínculo con el pasado.

Hay algo profundamente esperanzador en que, cincuenta años después del golpe, una mujer que fue aterrada por la policía en una finca de Los Álamos y el nieto del gobernador desaparecido se sienten juntos en un bar y decidan, simplemente, no dejar que el olvido gane. Que decidan, cada uno desde su lugar, seguir construyendo sentido sobre ese pasado que todavía nos habita.


El Bar Alta Región se convirtió esa mañana en un pequeño laboratorio de futuro. Un lugar donde la literatura y la política, la intimidad y la historia, el trauma personal y el duelo colectivo se encontraron para imaginar nuevas formas de hacer memoria. Y yo salí de allí convencido de que este encuentro, aparentemente pequeño, es en realidad el inicio de algo mucho más grande: una forma nueva de mantener vivo a Miguel Ragone, no solo como víctima de la dictadura, sino como inspiración para seguir imaginando y construyendo otros mundos posibles.

Porque al final, eso es lo que mi abuelo intentó hacer en sus pocos meses de gobierno: imaginar y construir otra Salta, otra Argentina. Y si Raquel y yo, cada uno desde nuestro oficio, logramos mantener viva esa capacidad de imaginar otros futuros, entonces ese encuentro en el bar habrá sido verdaderamente fundacional.

sábado, 3 de enero de 2026

El Dilema de Venezuela: Entre la "Liberación" Imperial y el Naufragio de la Soberanía

 

El Dilema de Venezuela: Entre la "Liberación" Imperial y el Naufragio de la Soberanía [1] [2] [3]

(Gemini 3.0)[4]


La invasión estadounidense a Venezuela el 3 de enero de 2026 se presenta como un sacrificio del derecho internacional en favor de la hegemonía de una potencia, planteando un conflicto ético profundo entre la supuesta "misión de rescate" y la violación flagrante de la soberanía nacional. La tesis central de este análisis sostiene que la soberanía es un pilar innegociable y la única muralla que protege a las naciones pequeñas frente a los imperios, argumentando que el colapso venezolano no fue un fenómeno espontáneo, sino el resultado de un "asedio medieval moderno" y una guerra económica asimétrica diseñada para fabricar las condiciones sociales que justificaran una intervención militar. Este escenario problematiza la legitimidad de la democracia impuesta por la fuerza, la cual es descrita como un "espejismo de liberación" que, en lugar de restaurar libertades, instrumentaliza el discurso de los derechos humanos para validar la agresión militar, considerada la violación de derechos más masiva y destructiva posible. Al comparar este suceso con antecedentes como el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia, el texto advierte que estas intervenciones buscan el control de recursos estratégicos bajo el barniz de la recuperación democrática, convirtiendo a las naciones en protectorados dependientes. En este contexto, mientras líderes como el presidente Milei celebran el ataque, el análisis concluye que la soberanía debe rearticularse como el primer derecho humano de un pueblo —el derecho a existir sin permiso de nadie—, ya que la democracia pierde toda su potencia cuando se transforma en un simple eslogan para la ocupación extranjera.

 

Soberanía o Barbarie: El Imperativo de la No Intervención en Venezuela [5]

La madrugada del 3 de enero de 2026 quedará registrada en la memoria de América Latina como el día en que el derecho internacional fue sacrificado en el altar de la hegemonía estadounidense. La invasión militar de Estados Unidos en territorio venezolano y la captura de su presidente, Nicolás Maduro, no pueden leerse bajo el barniz de una "gesta heroica" o una "misión de rescate". Se trata, en términos crudos, de una violación flagrante a la soberanía de una nación y un golpe devastador a la autodeterminación de los pueblos.

1. La Soberanía: Un Pilar Innegociable

La idea de que una potencia extranjera tiene el derecho moral o legal de decidir quién gobierna un territorio ajeno es un retroceso de siglos en la civilización política. El apoyo incondicional a la soberanía de Venezuela no es necesariamente un respaldo a la figura de un gobernante, sino la defensa de un principio universal: los problemas de los venezolanos deben ser resueltos por los venezolanos.

Cuando un ejército extranjero cruza una frontera bajo el pretexto de "restaurar la democracia", lo que realmente está haciendo es destruir la base misma de esa democracia: la capacidad de un pueblo de ser arquitecto de su propio destino. La soberanía no es un concepto elástico que se rompe cuando a una potencia no le gusta un régimen; es la única muralla que protege a las naciones pequeñas de la voluntad de los imperios.

2. La Fabricación del Colapso: La Estrategia del Desgaste

Para entender la invasión de anoche, es imperativo mirar hacia atrás. Estados Unidos no intervino en un país que colapsó por generación espontánea. Durante años, Venezuela fue sometida a una guerra económica asimétrica. Las sanciones, el bloqueo de activos y el aislamiento financiero funcionaron como un asedio medieval moderno.

Esta presión no buscaba "ayudar" al pueblo venezolano, sino asfixiar su economía hasta volverla inviable, creando las condiciones sociales para justificar una intervención militar. Presentarse hoy como los "liberadores" de un desastre que ellos mismos ayudaron a profundizar es una muestra de cinismo geopolítico. La no intervención es el único camino ético porque reconoce que la crisis de un país no es una invitación al saqueo o al control estratégico de sus recursos naturales.

3. Antecedentes de la Infamia: De Bolivia a Venezuela [6]

La agresión actual contra Venezuela no es un hecho aislado, sino parte de una coreografía de intervención que América Latina conoce bien. No podemos olvidar el proceso de desestabilización que culminó en el derrocamiento de Evo Morales en Bolivia. Aquel golpe, impulsado por una combinación de disturbios sociales financiados, la traición de las fuerzas de seguridad y el aval de organismos internacionales como la OEA, sentó un precedente nefasto.

En Bolivia, como ahora en Venezuela, se utilizó el discurso de la "recuperación democrática" para interrumpir un proceso soberano y facilitar el acceso a recursos estratégicos. Aquella intervención demostró que, para el imperio, la democracia es solo una palabra que se usa cuando el resultado electoral le es favorable y se desecha cuando un pueblo elige un camino de independencia. La caída de Evo Morales fue el ensayo de laboratorio para lo que hoy presenciamos en Caracas: la sustitución de la voluntad popular por la fuerza de las botas.

4. Argentina y el Espejismo de la "Liberación"

En nuestro país, el presidente Javier Milei ha celebrado este ataque como una victoria de la libertad. Sin embargo, este alineamiento ignora una verdad histórica: las invasiones de Estados Unidos nunca han dejado democracias robustas a su paso, sino protectorados dependientes y sociedades fracturadas.

La juventud argentina, seducida por una narrativa de "eficacia" y memes que glorifican la fuerza, corre el riesgo de olvidar que la soberanía de Venezuela es también la soberanía de la región. Si aceptamos que el territorio venezolano puede ser invadido hoy por no alinearse con Washington, estamos aceptando que la autonomía de cualquier país latinoamericano tiene fecha de vencimiento. La libertad que se impone con bombardeos es, en realidad, una nueva forma de servidumbre.

5. Derechos Humanos: El Riesgo de la Instrumentalización

Existe una tensión dolorosa respecto a los organismos de derechos humanos. Se les critica por denunciar la invasión pero "callar" ante las faltas de la gestión de Maduro. No obstante, esta es una trampa argumentativa.

Defender la soberanía y la no intervención no implica ignorar los abusos internos; implica comprender que la agresión militar extranjera es la violación de derechos humanos más masiva y destructiva posible. Un misil no distingue entre un militante oficialista y un ciudadano opositor. El "desguace humano" que se atribuye al régimen de Maduro no se soluciona con el desguace físico que provoca una guerra. El uso de los derechos humanos como pretexto para la guerra es la máxima perversión de esos mismos derechos.

6. El Exilio y la Desilusión del Mañana

Muchos venezolanos en el exterior hoy celebran, movidos por el dolor del destierro. Pero esta "esperanza" es frágil. La historia nos enseña que cuando una potencia extranjera instala un gobierno, este responde a los intereses de quien puso los tanques, no de quienes sufrieron el exilio. La verdadera reconstrucción de Venezuela solo puede nacer de un diálogo interno libre de botas extranjeras sobre su suelo.

Conclusión: Rearticular la Resistencia

Hoy más que nunca, el concepto de soberanía debe ser re-articula como un elemento de resistencia. La democracia pierde toda su potencia cuando se convierte en un eslogan para la ocupación.

Apoyar la soberanía de Venezuela es un acto de legítima defensa para toda América Latina. Es decir que nuestros territorios no son campos de batalla para las potencias mundiales y que nuestra dignidad no está en venta. La resistencia al embate del imperio comienza por entender que la soberanía es el primer derecho humano de un pueblo: el derecho a existir sin permiso de nadie.

 



[1] Orden: Indaga noticias en Latinoamérica sobre la invasión de Venezuela anoche por parte de Estados Unidos. Indaga los motivos y el paradero y situación actual del presidente Maduro. Explora la posición del presidente Milei sobre el ataque. Explora las repercusiones del ataque en las redes sociales de Argentina, construyendo una tendencia estructurada en las principales dimensiones encontradas en las opiniones. En un segundo momento, analiza las opiniones de los venezolanos que dejaron Venezuela culpabilizando la política interior de Maduro en el país y merita si puede informarse como consecuencia de la propia e histórica presión de Estados unidos sobre la economía y la política venezolana. Con este análisis confronta la idea de venezolanos que, diseminados en el mundo, hoy están a favor de la invasión de Estados Unidos a Venezuela, centrados en analizar un posible régimen totalitario de Maduro sin mirar la estrategia de intervención de Estados unidos en la soberanía nacional de Venezuela y las consecuencias. Finalmente merita a cerca de la tensión democracia – soberanía y proyecta el modo en que el concepto de democracia pierde potencia para la resistencia en esta situación y el modo en que el concepto de soberanía se re articula como elemento necesario para la resistencia al embate del imperio.

[2] Orden: Amplia indagando la opinión de los jóvenes en redes sociales. Encuentra las principales dimensiones de sus opiniones. Releva solo para el territorio argentino. Merita la relación entre la opinión del presidente Milei y las dimensiones encontradas en las opiniones de los jóvenes.

[3] Orden: Amplia analizando la siguiente tensión. Entre opiniones de ciudadanos argentinos en contra de la política de Maduro, surgen proposiciones que conectan la incidencia de organizaciones de derechos humanos con el régimen que ellos consideran totalitario, de Maduro. Se plantea la contradicción de organizaciones de derechos humanos que reaccionarían sobre la invasión extranjera de EEUU en Venezuela, pero no considerarían el desguace humano de un régimen que consideran totalitario. Merita. Analiza, descompone en dimensiones que permitan la explicación del fenómeno. 

[4] La construcción de este texto se explicita en las ordenes expuestas en las al final.

[5] Orden: Re elabora el ensayo introduciendo la idea del apoyo incondicional a la soberanía y la no intervención de estados unidos en el territorio de Venezuela.

[6] Orden: Incluye una mención del proceso de intervención que derroca el gobierno de Evo Morales en Bolivia.


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