El perfil de Instagram @jim.filmmaker_ai pertenece a
un creador y productor de contenido audiovisual enfocado en la cinematografía
con inteligencia artificial. Su trabajo destaca por alejarse de la estética
estridente, plástica o hiper-perfeccionada típica de muchos contenidos
generados por IA, inclinándose en cambio por una búsqueda hiperhumana,
orgánica, artística y documental.
Su propuesta visual e identidad se caracterizan por varios
aspectos clave:
1. El proyecto "Tupananchiskama" y la estética
andina
Uno de sus trabajos más virales y comentados en sus Reels es
una miniserie documental titulada "Tupananchiskama" (un
concepto quechua).
Enfoque
conceptual: Se centra en temas profundamente filosóficos y
espirituales, como la presencia, la conciencia corporal (sentience)
y la reconexión con la tierra, priorizando el "sentir" sobre el
"pensar". Las voces en off suelen ser reflexivas, poéticas o
estar en idiomas como el francés, conviviendo con subtítulos minimalistas.
Estética
visual: Utiliza una paleta de colores tierra (terracotas, marrones
profundos, verdes apagados y luces de la hora dorada) para retratar
rostros y paisajes de los Andes peruanos. Destaca por el uso de texturas
extremadamente realistas en la piel, los poros y el tejido de mantas
tradicionales, alternando primeros planos íntimos con planos abiertos de
valles y montañas.
2. Estilo "Anti-IA" o Realismo Mundano
Además de sus proyectos de corte etnográfico y meditativo,
el productor explora el concepto del "uncanny valley" (el
valle inquietante) a través de un realismo cotidiano y de moda urbana (street
fashion). Genera escenas que emulan la textura y la imperfección de un
video casero o "filtrado" de iPhone (simulando incluso el temblor
natural de una cámara de mano), logrando que la IA parezca un registro
documental real y no una animación digital.
3. Herramientas y Metodología de Producción
Dentro de la comunidad de creadores de video con IA, el
trabajo de @jim.filmmaker_ai es estudiado como un referente de control de
movimiento y consistencia. Utiliza flujos de trabajo avanzados que
habitualmente combinan:
Generación
de imágenes base muy precisas para fijar personajes consistentes
(utilizando referencias de personajes o CREF).
Herramientas
de video de última generación (como Runway Gen-3 Alpha o Luma
Dream Machine) aplicando parámetros de movimiento muy bajos y sutiles
para evitar que las facciones se deformen.
Edición
posterior con ritmos pausados, música ambiental de tipo lo-fi o
cinematográfica, y un diseño gráfico y tipográfico muy limpio (estilo
tarjetas de título de cine independiente o portadas de libros de diseño
editorial).
En resumen, @jim.filmmaker_ai actúa como un cineasta
digital que utiliza la inteligencia artificial no como un truco
tecnológico, sino como una herramienta de composición poética y narrativa
visual, logrando generar una atmósfera de introspección y un ritmo pausado que
rompe con la velocidad habitual de las redes sociales.
I. Introducción: Una primavera que vuelve a florecer
Escribo estas palabras desde Salta, en mayo de 2026, a cincuenta años
exactos de la desaparición forzada de Miguel Ragone. Lo hago invitado por la
agrupación «La CFK» para compartir una reflexión en la Escuela Peronista del
Partido Justicialista de Salta, en un momento que no puede ser más
significativo: el movimiento justicialista de nuestra provincia está en proceso
de renovar sus autoridades, de reconstruirse como fuerza política orgánica
después de años de fragmentación, tensiones internas y desorientación
programática. No es casual que convoquen a hablar de Ragone en este preciso
instante. Es porque intuyen —y comparto esa intuición con profunda convicción—
que para saber hacia dónde vamos, necesitamos recordar de dónde venimos y,
sobre todo, lo que fuimos capaces de ser.
Soy nieto de Miguel Ragone por el lado afectivo y político de la memoria,
y coordino desde hace años el trabajo de la Asociación Miguel Ragone, espacio
que vincula la investigación histórica con la acción comunitaria y la defensa
de los derechos humanos en el Noroeste Argentino. El documento que sirve de
fuente a este ensayo —un análisis exhaustivo del gobierno de Ragone en Salta
entre 1973 y 1974— me permite hoy presentar ante ustedes no solo un ejercicio
académico, sino una herramienta política de memoria activa.
Abordaré cinco grandes ejes: primero, el peronismo originario y su
rearticulación en la figura de Ragone; segundo, la experiencia de gobierno como
laboratorio de democracia participativa; tercero, la ruptura que significó el
período 1974-1976 y el terrorismo de Estado como respuesta al proyecto popular;
cuarto, la memoria como práctica política en la transición democrática; y
quinto, la vigencia de ese legado para la rearticulación del peronismo salteño
en el presente.
II. El Peronismo Originario y su Cristalización en Salta: La Victoria de
Marzo de 1973
2.1Dieciocho años de resistencia como pedagogía política
Para comprender cabalmente qué fue el gobierno de Ragone, es
imprescindible entender qué significaron los dieciocho años de proscripción
peronista que lo precedieron. Desde el golpe de Estado de 1955 hasta la
apertura electoral de 1973, el justicialismo salteño operó en la
semiclandestinidad, enfrentando dictaduras y gobiernos civiles de legitimidad
cuestionable. Ese período no fue de simple espera: fue una escuela de
identidad, de resistencia, de forja de cuadros políticos. Alejandro Grimson
(2019) ha señalado que las identidades colectivas más duraderas son aquellas
que se construyen en la adversidad, en la experiencia compartida de la
exclusión. El peronismo salteño de 1973 era exactamente eso: una identidad
forjada en el fuego de la proscripción.
Ragone emergió de ese proceso como una figura de consenso capaz de
articular las demandas de la 'vieja guardia' peronista con el ímpetu de la
juventud militante. Esa doble legitimidad —la del pasado de resistencia y la
del presente de movilización— es lo que explica el contundente 57,16% de los
votos que obtuvo en las elecciones provinciales del 11 de marzo de 1973. No fue
solo un triunfo electoral: fue la cristalización de una identidad colectiva que
había sobrevivido dos décadas de persecución.
Guillermo O'Donnell (1972), en su análisis del autoritarismo
latinoamericano, demostró que los períodos de exclusión política no eliminan
las identidades subalternas, sino que las consolidan y las radicalizan. El
peronismo de 1973 llegó al poder provincial con una acumulación de demandas
postergadas que superaba largamente cualquier capacidad de gestión
convencional. Ragone lo sabía, y por eso no gobernó desde los protocolos del
poder tradicional: gobernó desde la ética de la resistencia.
2.2La interna de la unidad: Lista Verde vs. Lista Azul y Blanca
La candidatura de Ragone no fue un camino allanado. Huno en ese contexto
una feroz interna partidaria que enfrentó a la 'Lista Verde' —de tendencia
progresista y nacionalista, vinculada a la Juventud Peronista— con la 'Lista
Azul y Blanca', de corte ortodoxo y tradicionalista. El acuerdo de unidad,
impuesto por la conducción nacional a través de Juan Manuel Abal Medina,
incluyó la incorporación de Olivio Ríos como vicegobernador: un compromiso que,
sembraría las semillas de la inestabilidad futura debido a las profundas
diferencias ideológicas entre ambos sectores.
Esta tensión interna no es un dato anecdótico: es la clave para entender
tanto las posibilidades como los límites del gobierno ragoniano. Y es, me
atrevo a afirmarlo, estructuralmente análoga a la tensión que hoy atraviesa al
Partido Justicialista de Salta al encarar su propia renovación de autoridades.
El peronismo siempre ha sido un movimiento de contradicciones internas
productivas, lo que Alejandro Horowicz (2004) llamó las 'cuatro argentinas' del
justicialismo: la tensión entre su ala obrera, su conducción carismática, sus
cuadros técnico-reformistas y sus sectores conservadores nunca desapareció; se
procesó, con mayor o menor violencia, al interior del movimiento.
Hoy, en 2026, el peronismo salteño debe reconocer esa tensión sin
negarla, y procesarla democráticamente en lugar de suprimirla. La experiencia
de Ragone muestra que la unidad forzada sin debate programático real es una
cáscara frágil que se rompe en el primer momento de presión.
III. Dieciocho Meses de Laboratorio Democrático: Políticas, Actores y
Transformaciones
3.1La salud como derecho humano: el legado de Carrillo en el NOA
Miguel Ragone era, ante todo, un médico sanitarista cuya cosmovisión
política estaba impregnada por su colaboración directa con Ramón Carrillo
durante la primera presidencia de Perón. Su gestión en salud no se limitó a la
construcción de infraestructura, sino que propuso un cambio de paradigma: la
salud como un derecho humano integral vinculado indisolublemente a las
condiciones de vida, trabajo y vivienda. Esta visión, que hoy reconocemos en
los marcos conceptuales de la medicina social latinoamericana, era
absolutamente disruptiva para la Salta de 1973.
Ragone sostenía que tanto ricos como pobres debían tener idénticas
posibilidades de curación, impulsando la entrega gratuita de medicamentos y
proyectando un seguro de salud universal. Más aún: definía al trabajo digno y
la alimentación sana como 'componentes indirectos de la salud', lo que obligaba
a una coordinación constante entre los ministerios de Economía y Bienestar
Social. Esta concepción integral —que hoy diríamos de determinantes sociales de
la salud— anticipaba en décadas los consensos de la Organización Mundial de la
Salud.
Pilar Calveiro (2005) ha señalado que los proyectos políticos que
resultan más amenazantes para los poderes establecidos no son aquellos que
proponen la revolución armada, sino aquellos que demuestran, en la práctica
cotidiana, que el Estado puede funcionar al servicio de los de abajo. El
hospital público de Ragone, el médico que dejaba su despacho para atender a un
niño desmayado en una ceremonia, el gobernador que usaba su propio Peugeot 504
y pagaba sus viáticos: esa era la revolución real, silenciosa, perturbadora,
que los sectores de poder no podían tolerar.
3.2La economía de la liberación: austeridad, soberanía y reforma agraria
El Plan Trienal de Ragone se inserta en el proyecto nacional de
reconstrucción económica, pero con características propias adaptadas a la
realidad del NOA. La deuda pública provincial había crecido de 247 millones de
pesos en 1955 a 21.700 millones en 1973 —un crecimiento exponencial que refleja
décadas de mala administración y subordinación al poder central. Ante este
cuadro, Ragone respondió con austeridad personal y colectiva: rechazó el
protocolo, eliminó su escolta policial y convirtió los carros de asalto en
transportes escolares pintados con flores.
Pero la gestión económica de Ragone no fue solo simbólica. La
expropiación del Frigorífico Arenales y las Minas de Unchimé fueron actos de
soberanía concreta sobre los recursos provinciales. La alianza con Felipe
Burgos y la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores Campesinos y Afines
(FUSTCA) permitió que las demandas históricas del campesinado salteño llegaran
por primera vez a los despachos gubernamentales. Ragone denunciaba jornales de
miseria en los Valles Calchaquíes —donde los salarios eran hasta un 50%
inferiores a los de otras regiones— y proyectaba una reforma agraria integral
basada en cooperativas.
Luis Alberto Romero (2001) ha señalado que una de las características más
persistentes de la Argentina moderna es la brecha entre el litoral y el
interior, entre las economías dinámicas y las periferias postradas. El gobierno
de Ragone fue un intento consciente de reducir esa brecha desde el propio
interior, sin esperar que las transformaciones llegaran desde Buenos Aires. En
el contexto de la Salta feudal de 1973 —donde el poder económico y político
estaba concentrado en unas pocas familias y en el diario El Tribuno como
formador de opinión dominante—, ese intento era, en efecto, revolucionario.
3.3Los nuevos actores: el campesinado, la juventud y la humanización
policial
Uno de los aspectos más innovadores del gobierno de Ragone fue la
incorporación de actores hasta entonces excluidos de la gestión pública. El
nombramiento de Rubén Fortuny —un civil, proveniente de la resistencia
peronista— en la Jefatura de Policía, con una política explícita de
humanización de las fuerzas de seguridad, fue un gesto de ruptura radical con
la tradición represiva de los gobiernos anteriores. Fortuny eliminó celdas de
castigo y detuvo a oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos:
una anticipación de lo que décadas después sería la agenda de los organismos de
derechos humanos.
Felipe Burgos, el maestro de Campo Quijano formado en el cristianismo
tercermundista, representó la irrupción del campesinado organizado en la
política provincial. Burgos era un dirigente carismático y fundador de la
FUSTCA cuya alianza con Ragone permitió articular las demandas de soberanía
territorial con la gestión gubernamental. Esta alianza entre el poder político
y los movimientos sociales del campo es uno de los legados más vivos del
período, y hoy —cuando el avance del agronegocio sobre el monte nativo salteño
sigue siendo una amenaza crítica— resulta más urgente que nunca.
Elizabeth Jelin (2002), en su análisis de los trabajos de la memoria, ha
señalado que los actores que las narrativas dominantes borran de la historia
son precisamente aquellos cuya recuperación resulta más subversiva para el
orden presente. Felipe Burgos desapareció en dictadura, como Ragone.
Recordarlos juntos no es solo un acto de justicia histórica: es un acto
político que restituye al campesinado salteño su lugar en la tradición del
peronismo nacional y popular.
IV. La Ruptura: De la Intervención Federal al Terrorismo de Estado
(1974-1976)
4.1El pinzamiento político: ortodoxia sindical y verticalismo nacional
El gobierno de Ragone no cayó por incompetencia ni por falta de apoyo
popular. Cayó por un 'pinzamiento político’ entre la derecha reaccionaria y el
verticalismo autoritario del gobierno nacional de la época. La ortodoxia
sindical de las 62 Organizaciones, la presión del diario El Tribuno y la
exigencia de 'depuración ideológica' del Consejo Nacional Justicialista
convergieron para aislar al gobernador. El 23 de noviembre de 1974, la
intervención federal consumó lo que la presión política había preparado.
Marina Franco (2012) ha analizado con precisión el modo en que la
categoría de 'subversión' fue construida discursivamente en Argentina antes del
golpe de 1976, preparando el terreno ideológico para la represión. Ragone fue
víctima de esa construcción: acusado de 'infiltración marxista' por quienes no
podían tolerar que un gobierno peronista tomara en serio el programa social del
justicialismo. Las acusaciones eran absurdas —el propio Ragone se definía como
'un soldado de Perón' y un humanista democrático—, pero en el clima político de
1974-1975, la absurdidad no fue obstáculo para la eficacia política de la
estigmatización.
Había a fines del 74 un dilema en que se encontraba Ragone: si cedía a
las presiones de depuración de su gabinete, perdía su base de apoyo popular y
juvenil; si no lo hacía, se arriesgaba a la intervención federal. No había
salida honorable dentro del sistema: la decisión ya había sido tomada en los
despachos del poder nacional y de los intereses económicos provinciales. Esa
trampa es una enseñanza que el peronismo salteño de hoy debe internalizar con
claridad.
4.2La desaparición del gobernador: el único caso en la historia argentina
El 11 de marzo de 1976 —cinco años exactos después de su triunfo
electoral—, Miguel Ragone fue secuestrado en plena calle en la ciudad de Salta.
Su cuerpo nunca fue encontrado. Es el único gobernador argentino desaparecido
en el contexto del terrorismo de Estado, un dato que el documento subraya y que
convierte su figura en un emblema nacional de la lucha por los derechos
humanos.
Sofía Tiscornia (2008) ha señalado que el terrorismo de Estado no se
limita al período formal de la dictadura: se extiende hacia atrás, en las
prácticas de violencia paraestatal que lo preceden, y hacia adelante, en las
culturas institucionales que lo sobreviven. La desaparición de Ragone ocurrió 13
días antes del golpe de Estado, lo que sugiere que su nombre estaba en las
primeras listas del terrorismo cívico-militar. El mensaje era claro: no se
toleraría ningún experimento de gobierno popular en el NOA.
Desde mi trabajo en la Asociación Miguel Ragone, he podido documentar que
el impacto de su desaparición sobre la memoria colectiva salteña fue
devastador. No solo porque Ragone desapareció, sino porque con él desapareció
la posibilidad de un modelo alternativo de poder: el gobernador que atendía
enfermos, que manejaba su propio auto, que pintaba los carros de asalto con
flores. Esa imagen —utópica y real al mismo tiempo— quedó congelada en el
tiempo como lo que pudo ser y no fue.
V. Memoria y Política: La Recuperación del Legado Ragoniano en la
Transición Democrática
5.1Los trabajos de la memoria en Salta
La recuperación democrática de 1983 no significó automáticamente la
recuperación de la memoria ragoniana. Durante años, su figura fue mantenida
viva casi exclusivamente por los círculos de derechos humanos, por los
sobrevivientes de su gobierno y por los movimientos sociales que habían sido
protagonistas de su gestión. Los partidos políticos, incluido el propio Partido
Justicialista, tardaron décadas en reivindicarlo con la profundidad que merece.
Elizabeth Jelin (2002) ha distinguido entre la memoria como recurso
político instrumentalizado y la memoria como trabajo colectivo de elaboración
del pasado. El legado ragoniano ha sufrido ambos destinos: ha sido
instrumentalizado por discursos electorales que invocan su nombre sin
comprometerse con su programa, y ha sido trabajado colectivamente por las
organizaciones que siguen reclamando tierra, salud y dignidad para el
campesinado salteño. La diferencia entre ambas formas de memoria es política:
una cierra el pasado como monumento, la otra lo abre como programa.
El Hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone —que lleva su nombre desde
la transición democrática— es un ejemplo de esa tensión. El documento que
analizo señala que Ragone inició como gobernador un proceso de
desinstitucionalización y humanización del tratamiento mental, adelantándose en
décadas a los consensos de la Ley Nacional de Salud Mental de 2010. Que el
hospital que hoy lleva su nombre enfrente permanentes amenazas presupuestarias
no es una ironía menor: es la síntesis de la contradicción entre memoria
nominal y memoria programática.
5.2El peronismo salteño hoy: la rearticulación necesaria
Estoy aquí, en esta Escuela Peronista, en este preciso momento histórico,
porque creo que la renovación de autoridades del Partido Justicialista de Salta
no puede ser un mero trámite burocrático. Debe ser una oportunidad de
rearticulación programática, de recuperación de una identidad definida como 'la
posibilidad de un poder ejercido con humildad, transparencia y una vocación
irrenunciable por la justicia social'.
Felipe Burgos —el maestro campesino, el compañero de Ragone en la
política de soberanía territorial— también fue desaparecido por la dictadura.
Hoy, las asociaciones que reivindican su memoria siguen reclamando por la
tierra, por el monte nativo, por los jornales justos en los Valles Calchaquíes.
El gobierno de Ragone fue pionero en plantear la necesidad de un manejo técnico
y social del monte nativo, proyectando una Empresa Desmontadora y Forestal de
carácter estatal (Salta Forestal). Esas demandas no son historia: son
actualidad. Son el programa que el peronismo salteño tiene pendiente.
Diana Maffía (2020) ha señalado que la renovación de las fuerzas
políticas progresistas requiere no solo cambios de liderazgo, sino
transformaciones en las prácticas de toma de decisión, en la inclusión de voces
históricamente marginadas y en la coherencia entre discurso y acción cotidiana.
El peronismo de Ragone integraba a campesinos, a jóvenes militantes, a civiles
en la jefatura policial: expandía los márgenes de quién podía gobernar y desde
dónde. Esa expansión democrática es la tarea que tiene por delante el
justicialismo salteño de 2026.
VI. Conclusión: Una Herencia para el Presente
Escribo desde la convicción de que la historia no es un archivo muerto,
sino un recurso vivo para la acción política del presente. El gobierno de
Miguel Ragone —dieciocho meses de gestión transformadora entre mayo de 1973 y
noviembre de 1974— no fue solo un episodio de la historia provincial: fue un
experimento de democracia participativa, de ética pública y de justicia social
que el terrorismo de Estado interrumpió pero no pudo borrar.
La teorización de Alejandro Grimson (2019) sobre la 'grieta' como
estructura de sentido político me permite afirmar que la polarización del
peronismo salteño de los años setenta —entre Tendencia y Ortodoxia, entre
proyecto popular y verticalismo conservador— no es un fenómeno del pasado: es
una estructura que se reedita permanentemente bajo nuevas formas. Reconocerla,
nombrarla, procesarla democráticamente en lugar de suprimirla es el primer paso
para superarla.
Alejandro Horowicz (2004) ha argumentado que el peronismo solo es capaz
de gobernar transformadoramente cuando logra articular sus distintas almas en
torno a un programa concreto. Ragone lo intentó: su gobierno fue un programa de
salud pública, reforma agraria, soberanía territorial y ética de la función
pública. No alcanzó el tiempo para completarlo, pero lo suficiente para
demostrar que era posible.
Elizabeth Jelin (2002) nos enseña que la memoria es siempre una
construcción presente que selecciona del pasado lo que necesita para actuar en
el futuro. En la Escuela Peronista de Salta, en este momento de renovación
partidaria, elegir recordar a Ragone es elegir un programa: el del médico que
atendía a todos por igual, el del gobernador que convertía los símbolos del
poder en instrumentos del pueblo, el del compañero que no eligió la comodidad
del acuerdo sino la dignidad de la coherencia.
Pilar Calveiro (2005) y Marina Franco (2012) nos han recordado que
comprender cómo fue posible el terrorismo de Estado es condición para que no se
repita. Sofía Tiscornia (2008) ha insistido en que las culturas institucionales
de la violencia sobreviven a los regímenes que las generaron. Luis Alberto
Romero (2001) ha mostrado que la Argentina moderne se construyó sobre la
exclusión sistemática de sus periferias. Guillermo O'Donnell (1972) demostró
que el autoritarismo no es una anomalía sino una posibilidad permanente de los
sistemas políticos latinoamericanos. Todos estos marcos conceptuales convergen
en una misma advertencia: la democracia no se garantiza sola; requiere actores
políticos comprometidos con su profundización cotidiana.
El peronismo salteño tiene hoy, en la renovación de sus autoridades, una
oportunidad histórica: no solo elegir nuevos nombres, sino rearticular un
proyecto. Un proyecto que recoja la herencia de Ragone —la salud como derecho,
la tierra como justicia, la ética como política— y la actualice para los
desafíos del siglo XXI. Esa es la primavera inconclusa que todavía espera su
continuación. Y es nuestra responsabilidad, compañeras y compañeros, no dejar
que se marchite una vez más.
Referencias bibliográficas
(Normas APA — 7.ª edición)
Calveiro, P. (2005). Política y/o
violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años setenta. Norma.
Franco, M. (2012). Un enemigo para la
nación: Orden interno, violencia y «subversión», 1973-1976. Fondo de Cultura
Económica.
Grimson, A. (2019). ¿Qué es el
peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de reinventarse.
Siglo XXI Editores.
Horowicz, A. (2004). Las cuatro
argentinas: Historia, política y sociedad, 1810-2004. Edhasa.
Jelin, E. (2002). Los trabajos de la
memoria. Siglo XXI Editores.
Maffía, D. (2020). Feminismo y
política: Autonomía, igualdad y diferencia en el debate contemporáneo. Prometeo
Libros.
O'Donnell, G. (1972). Modernización y
autoritarismo. Paidós.
Romero, L. A. (2001). Breve historia
contemporánea de la Argentina (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.
Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida
posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.
Tiscornia, S. (2008). Activismo de
los derechos humanos y burocracias estatales: El caso Walter Bulacio. Del
Puerto.
Ensayo presentado en la Escuela Peronista
del Partido Justicialista de Salta
Invitado por la agrupación «La CFK» —
Salta, mayo de 2026
Fernando Pequeño Ragone — Asociación
Miguel Ragone — investigacion.ragone@gmail.com
Entre Eva y Miguel: El Pueblo Como
Categoría Política
Memoria, identidad peronista y
rearticulación política en Salta
Fernando Pequeño Ragone
Investigador en Derechos Humanos y
Memoria | Asociación Miguel Ragone
Salta, Argentina — 2026
"No puede haber amor donde hay
explotadores y explotados." — Eva Perón, citada por Héctor Canto en
el panel (2013)
I. Introducción: La Memoria Como Territorio en Disputa
Cuando me invita el grupo La CFK a
presentar este ensayo en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de
Salta, en el contexto de la rearticulación interna del peronismo y de la
próxima elección de autoridades partidarias, la primera imagen que me viene a
la mente no es un argumento político: es un olor. El olor a papel viejo de la
Cámara de Diputados provincial, esa tarde del 21 de marzo de 2013, cuando desde
la Asociación Miguel Ragone organizamos el panel "Entre Eva y Miguel:
El Pueblo", en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y
la Justicia.
Trece años han pasado. Argentina, Salta, el
peronismo, el mundo: todo se ha transformado. Pero aquel evento —que analizo
hoy como fuente central de este ensayo— me interpela con una vigencia
inesperada. Porque los dilemas que lo atravesaron en silencio siguen siendo los
nuestros: ¿Quién hereda la mística del peronismo histórico? ¿Qué hacemos con la
memoria cuando el movimiento está fracturado? ¿Cómo se construye poder político
legítimo sin caer en la mera gestión o en la nostalgia estéril?
En este ensayo, narrado en primera persona
como investigador y como nieto de Miguel Ragone, abordo cinco núcleos
problemáticos que el panel de 2013 ilumina con particular intensidad y que
resultan centrales para el momento que el peronismo salteño atraviesa hoy:
1) El uso político de la memoria
histórica y su doble filo;
2) La construcción del pueblo
como categoría política activa versus sujeto pasivo de representación;
3) La transferencia generacional y
la pedagogía del movimiento;
4) Las tensiones entre
institucionalización y mística en el peronismo salteño;
5) Los desafíos de la rearticulación
identitaria en un contexto de crisis de representación y polarización
creciente.
El documento que analizo es el desarrollo del
panel de disertaciones celebrado el 21 de marzo de 2013 en la Cámara de
Diputados de Salta, organizado por la Asociación Miguel Ragone, con la
presencia de funcionarios provinciales, intelectuales y militantes. Es, al
mismo tiempo, fuente histórica y espejo político.
Acceso al panel analizado
II. La Memoria Como Instrumento: Entre el Duelo y la Legitimación
El escenario como mensaje
Desde mi experiencia como organizador de
aquel evento, recuerdo que la elección del lugar no fue inocente. Realizar el
panel en la Cámara de Diputados —"el palacio legislativo donde se
producen las leyes", como remarcó el entonces senador Rodolfo Urtubey—
fue una decisión política cargada de semiótica. El espacio del poder
institucional era puesto al servicio de la memoria popular. O, dicho de modo
más preciso y más incómodo: la memoria popular era puesta al servicio de la
legitimación del poder institucional.
El documento registra con precisión esta
doble operación. Santiago Godoy, presidente de la Cámara Baja, abrió el evento
marcando el vínculo entre las fechas dolorosas —1976, la desaparición de mi
abuelo— y las fechas esperanzadoras —1973, su asunción como gobernador—,
construyendo una narrativa de continuidad entre aquel peronismo transformador y
el gobierno de Juan Manuel Urtubey en 2013. Godoy también señaló, con una
chicana política, que a pesar de haber invitado a todos los partidos, "solamente
vienen los del Partido Justicialista". El peronismo, en ese gesto, se
autoconstituía como el único custodio legítimo de la memoria.
La politóloga Elizabeth Jelin advierte que
la memoria no es un archivo pasivo sino un campo de disputas en el que los
actores sociales pugnan por fijar sentidos sobre el pasado (Jelin, 2002). Lo
que el panel de 2013 evidencia es exactamente esto: la Asociación Miguel
Ragone, el oficialismo provincial y el kirchnerismo nacional convergían en una
misma plataforma memorial, pero con agendas que no eran idénticas. La pregunta
que me hago hoy, ante la nueva elección de autoridades del PJ salteño, es si
esa convergencia es posible de reproducir en un escenario de mayor
fragmentación.
El mártir local y el mito nacional
El panel operó sobre una homología
simbólica precisa: poner a Miguel Ragone a la misma altura mítica que Eva
Perón. El hilo conductor que yo mismo trazé en mi intervención fue la "unión
espiritual entre Miguel Ragone y Eva Perón", dos figuras que
representan la vertiente más social, transformadora y popular del
justicialismo.
La historiadora María Laura Collivadino
desarrolló esta homología en clave de gestión comparada: así como Evita
construyó mil escuelas y la Ciudad Estudiantil, Ragone propició dieciocho
cursos de capacitación docente y construyó quince escuelas en un mandato
truncado; así como Evita creó los barrios peronistas y los policlínicos, Ragone
instituyó la medicina preventiva y fundó el Instituto Provincial de la Vivienda
en 1973. La comparación no era académica: era política. Buscaba demostrar que
la mística evitista tenía un equivalente local, territorial, salteño.
Pilar Calveiro ha analizado cómo la
violencia política de los años setenta produjo figuras martirológicas que el
movimiento peronista utilizó de maneras diversas y a veces contradictorias
(Calveiro, 2005). Mi abuelo es, en Salta, una de esas figuras. Cuando la
Asociación que lleva su nombre lo conecta simbólicamente con Eva Perón, no está
haciendo solo historia: está haciendo política. Está diciendo que existe un
peronismo "verdadero", un peronismo de raíz popular, que es el
que Salta necesita recuperar.
III. El Pueblo: ¿Categoría Política o Sujeto Pasivo?
De víctimas a protagonistas: el giro discursivo
Desde mi intervención en el panel de 2013,
traté de marcar un giro que considero fundamental y que hoy, en el contexto de
la rearticulación del peronismo salteño, sigue siendo urgente: la necesidad de "dejar
de ser víctimas" y de "dejar que otros hablen por
nosotros" para convertirnos en actores políticos del presente.
Este giro no es menor. Durante décadas, el
discurso de derechos humanos en Argentina gravitó —comprensiblemente— sobre la
figura de la víctima. Pero Gabriela Vuistaz, la psicoanalista que participó en
el panel, señaló con lucidez que ni Eva Perón ni Miguel Ragone se quedaron en "el
lugar de la víctima o la queja" frente a la desigualdad, sino que se "autorizaron"
a transformar la realidad a través de la política. Esta autorización —el acto
de decidir que uno tiene derecho y capacidad de actuar políticamente— es
exactamente lo que el peronismo salteño necesita reconstruir en sus bases.
Alejandro Grimson ha argumentado que las
identidades políticas en Argentina no son fijas sino que se reconfiguran
continuamente en respuesta a coyunturas específicas (Grimson, 2019). El panel
de 2013 fue, en ese sentido, un dispositivo de reconfiguración identitaria:
buscaba anclar al joven salteño que estudiaba en un terciario provincial dentro
de una genealogía peronista, haciéndolo heredero de Eva y de Miguel.
La pedagogía política como herramienta de construcción
Esa jornada de exposiciones en la mañana,
en la Cámara de Diputados, estaba orientada hacia los jóvenes: el evento estuvo
dirigido a estudiantes terciarios de la provincia, con el propósito de que "tomen
conocimiento de la historia" y se conviertan en agentes reproductores
del peronismo. Hay en esto una apuesta pedagógica que Luis Alberto Romero ha
estudiado en su dimensión más larga: el peronismo, desde sus orígenes,
desarrolló una cultura política que combinaba formación doctrinaria con
movilización emocional (Romero, 2001).
Lo que el panel de 2013 intentó —y en parte
logró— fue una versión contemporánea de esa pedagogía. Collivadino usó la
historiografía como herramienta política al establecer paralelismos directos
entre las políticas de Evita y las de Ragone, demostrando que la gestión
técnica —escuelas, hospitales, viviendas— no es contraria a la mística
revolucionaria sino su expresión concreta. Este punto me parece crucial para
hoy: el peronismo salteño no puede reconstituirse solo desde la emoción ni solo
desde la tecnocracia. Necesita la síntesis.
Héctor Canto aportó la dimensión
testimonial: su relato de las políticas de Estado hacia los pueblos indígenas
del Chaco Salteño bajo el gobierno de Ragone, la liberación de presos
políticos, su propio encuentro personal con Evita. El testimonio vivo es irreemplazable
en la pedagogía peronista porque encarna la historia en un cuerpo, en una voz,
en una memoria que tiene nombre y apellido.
IV. Institucionalización vs. Mística: La Tensión Permanente
El peronismo entre el aparato y el movimiento
Desde mi experiencia en la Asociación
Miguel Ragone, una de las tensiones más difíciles de gestionar ha sido siempre
la que existe entre la institucionalización de la memoria —con todo lo que
implica de reconocimiento, recursos y visibilidad— y la preservación de una
mística que no se deje cooptar por el poder.
El panel de 2013 exhibe esta tensión con
nitidez. Por un lado, la presencia de Rodolfo Urtubey y Santiago Godoy
garantizaba la cobertura institucional del evento: la Legislatura provincial le
prestaba su espacio y su legitimidad. Por otro lado, mi intervención y las de
Collivadino, Bellone y Vuistaz apuntaban a recuperar algo que el peronismo de
gestión tiende a perder: la capacidad de nombrar al enemigo, de señalar las
desigualdades, de incomodar.
Lilliana Bellone, la escritora que
participó en el panel, habló sobre la construcción mítica de Evita, destacando
sus vínculos con intelectuales como Discépolo, Marechal y Homero Manzi. Y
remarcó que el odio oligarca hacia Evita —graficado en el infame "Viva
el cáncer"— respondía a la mutación radical que ella generó en la base
del pueblo argentino. Esta mutación es lo que Alejandro Horowicz llama la "revolución
desde arriba" del peronismo clásico: un movimiento que logró
redistribuir poder sin destruir las instituciones, pero que generó un
antagonismo irreductible con los sectores dominantes (Horowicz, 1985).
El kirchnerismo como marco y el dilema pos-kirchnerista
El panel de 2013 se realizó en un momento
de plena hegemonía kirchnerista. La referencia explícita en el documento a "la
Presidenta que se enfrenta al mundo entero" —en alusión a Cristina
Fernández— y la evocación de una "Patria Grande" que incluía a
figuras como Néstor Kirchner y Hugo Chávez junto a los líderes históricos del
justicialismo, ubican al evento dentro del macro-relato kirchnerista. El
peronismo salteño, en ese momento, confirmaba su pertenencia a esa narrativa
nacional.
Pero ese marco ya no existe de la misma
manera. La derrota electoral de 2015, el gobierno de Macri, la vuelta con
Alberto Fernández y la traumática crisis del Frente de Todos han reconfigurado
dramáticamente el campo peronista. Marina Franco ha analizado cómo los procesos
de construcción de memorias sobre la represión están siempre atravesados por el
presente político de quienes las construyen (Franco, 2012). Hoy, en 2026, la
memoria del peronismo histórico ya no puede ser reclamada exclusivamente desde
una identidad kirchnerista, porque esa identidad misma está en disputa.
Guillermo O'Donnell, en su análisis clásico
de la relación entre modernización y autoritarismo en Argentina, señaló que las
crisis de representación tienden a producir movimientos pendulares entre el
verticalismo y la fragmentación (O'Donnell, 1972). El peronismo salteño vive
hoy ese péndulo: la elección de nuevas autoridades partidarias es, al mismo
tiempo, una disputa de poder y una búsqueda de identidad.
V. Salta, el Noroeste y la Memoria Encarnada
La especificidad territorial de la memoria peronista salteña
Cuando pienso en la rearticulación del
peronismo en Salta, me resulta imposible separar la dimensión política de la
dimensión territorial. Salta no es Buenos Aires. La desigualdad aquí tiene
rostros específicos: los pueblos indígenas del Chaco y los Valles Calchaquíes,
los trabajadores rurales de la caña y el tabaco, las mujeres de los barrios
populares que sostienen comedores y merenderos mientras los hombres debaten en
las seccionales.
El panel de 2013 recuperó, brevemente pero
de manera significativa, esta especificidad. Héctor Canto recordó las políticas
de Estado para con los aborígenes en el Chaco Salteño bajo el gobierno de
Ragone, en un gesto que conectaba el universalismo peronista con las
necesidades concretas del territorio. Collivadino subrayó que ni Evita ni
Miguel cayeron en la caridad burguesa, sino que entendieron a los individuos
como "seres integrales": no somos una cosa cuando vamos a la
escuela y otra en el pediatra.
Diana Maffía ha reflexionado sobre la
necesidad de pensar la política desde los cuerpos y las experiencias concretas,
y no solo desde las abstracciones institucionales (Maffía, 2008). Desde esa
perspectiva, el peronismo salteño tiene una ventaja y un riesgo: su arraigo
territorial es profundo, pero puede convertirse en mero clientelismo si no está
acompañado de una reflexión política rigurosa.
La Asociación Miguel Ragone: entre la memoria y la política
Desde mi rol en la Asociación Miguel
Ragone, he vivido en carne propia la dificultad de sostener un espacio que sea
simultáneamente de memoria y de acción política. El panel de 2013 fue, en ese
sentido, un momento de síntesis exitosa: logramos que la figura de mi abuelo
circulara en el espacio público no solo como víctima del terrorismo de Estado
sino como referente de una forma de hacer política.
Sofía Tiscornia ha analizado cómo las
organizaciones de derechos humanos en Argentina construyen su legitimidad a
partir de la combinación entre testimonio moral y expertise técnico (Tiscornia,
2008). La Asociación Miguel Ragone ha intentado esa combinación, con éxitos y
fracasos. Lo que el panel de 2013 muestra es que cuando esa combinación
funciona —cuando la memoria se convierte en argumento político y no solo en
lamento—, el peronismo puede recuperar algo de su potencia original.
Hoy, en el contexto de la elección de
autoridades del PJ salteño, la pregunta que me formulo es esta: ¿puede la
figura de Miguel Ragone seguir siendo un activo simbólico del peronismo
salteño, o ha quedado demasiado asociada a una facción específica del partido?
¿Puede la memoria ser un bien común del movimiento, o inevitablemente se
convierte en patrimonio de quien la gestiona?
VI. Conclusión: Rearticular sin Olvidar, Recordar sin Paralizarse
Vuelvo al punto de partida: aquel olor a
papel viejo de la Cámara de Diputados provincial, el 21 de marzo de 2013. Pero
también pienso en este espacio, en esta Escuela Peronista, en los compañeros y
compañeras del grupo La CFK que han tenido la generosidad de invitarme.
El panel "Entre Eva y Miguel: El
Pueblo" fue, como he intentado mostrar, mucho más que un acto de
memoria: fue una lección magistral de pedagogía política, una operación de
construcción simbólica y una apuesta por la transferencia generacional del
peronismo. Tuvo sus luces y sus sombras. Las luces: la capacidad de conectar
historia, gestión y mística en un relato coherente y movilizador. Las sombras:
la tendencia a hacer de la memoria un instrumento de legitimación del poder
existente, en lugar de un cuestionamiento de ese poder.
Elizabeth Jelin nos recuerda que los
trabajos de la memoria son siempre trabajos incompletos, atravesados por el
presente (Jelin, 2002). Guillermo O'Donnell nos enseña que las instituciones
democráticas son frágiles y requieren construcción activa (O'Donnell, 1972).
Pilar Calveiro nos advierte que la violencia política produce heridas que no
cierran solas y que la política, para ser transformadora, debe hacerse cargo de
esas heridas (Calveiro, 2005).
Alejandro Grimson nos invita a pensar la
grieta no como un accidente sino como el resultado de procesos históricos
profundos (Grimson, 2019). Alejandro Horowicz nos recuerda que el peronismo
nunca fue monolítico y que su potencia reside precisamente en su capacidad de
contener tensiones sin resolverlas definitivamente (Horowicz, 1985). Luis
Alberto Romero nos muestra que la Argentina tiene una historia larga de ciclos
políticos que se repiten con variaciones (Romero, 2001). Marina Franco nos
enseña que las memorias sobre la represión son siempre memorias en disputa
(Franco, 2012). Diana Maffía nos convoca a pensar desde los cuerpos y las
experiencias concretas (Maffía, 2008). Sofía Tiscornia nos recuerda que la
legitimidad de las organizaciones de memoria depende de su capacidad de
combinar testimonio moral y expertise técnico (Tiscornia, 2008). Beatriz Sarlo
nos alerta sobre los peligros de una política que se construye sobre el puro
pasado, sin capacidad de imaginar futuros (Sarlo, 1994).
Desde mi experiencia en la Asociación
Miguel Ragone y como investigador en derechos humanos, quiero terminar con una
convicción: el peronismo salteño tiene recursos simbólicos, históricos y
territoriales para reconstituirse. Pero esa reconstitución no puede hacerse
desde la nostalgia ni desde la mera gestión tecnocrática. Necesita la síntesis
que Eva Perón y Miguel Ragone encarnaron: la capacidad de autorizar a
los de abajo a ser sujetos de su propia historia.
La elección de nuevas autoridades del PJ
salteño es una oportunidad. No para resolver definitivamente quién hereda el
peronismo, sino para abrir un proceso de escucha, de diálogo y de construcción
colectiva. La memoria de Eva y de Miguel nos enseña que el pueblo no es un
objeto de la política: es su sujeto.
Esa es la tarea. Esa es la herencia. Ese
es el desafío.
Referencias Bibliográficas
Calveiro,
P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años
setenta. Norma.
Franco,
M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y
"subversión", 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.
Grimson,
A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no
deja de sorprender. Siglo XXI Editores.
Horowicz,
A. (1985). Los cuatro peronismos. Planeta.
Jelin,
E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.
Maffía,
D. (2008). Epistemología feminista: La subversión semiótica de las mujeres en
la ciencia. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 13(28), 63-98.
O'Donnell,
G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.
Romero,
L. A. (2001). Breve historia contemporánea de la Argentina. Fondo de Cultura
Económica.
Sarlo,
B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en
la Argentina. Ariel.
Tiscornia,
S. (2008). Activismo de los derechos humanos y burocracias estatales: El caso
Walter Bulacio. Del Puerto / CELS.
Desde mi trayectoria como investigador, peronista y defensor
de la memoria histórica en Salta, este análisis se propone abordar la crítica
encrucijada que atraviesa el Partido Justicialista local, focalizando en la
imperativa necesidad de su rearticulación institucional frente a las
consecuencias desintegradoras de una pugna de poder que lo ha reducido a una
estéril disputa por cargos. El objetivo central es desentrañar la tensión
existente entre el vaciamiento ideológico del aparato partidario y los procesos
de apropiación que las distintas facciones peronistas realizan sobre el capital
simbólico de Miguel Ragone, examinando si este uso de su figura opera como un
fetiche electoral que profundiza la fragmentación o si, mediante una
recuperación ética y programática, puede constituirse en la herramienta superadora
de las luchas faccionales que devuelva al movimiento su mística plebeya y su
compromiso con la justicia social.
En mi documento sobre la reconfiguración partidaria y el
impacto del cine (sobre la proyección reciente durante marzo de la memoria, de
Argentina 1985 en la sede del PJ) como vehículo de memoria, he delineado siete
ejes analíticos fundamentales para comprender la crisis actual del peronismo en
Salta. Estos apartados no solo diagnostican el vaciamiento ideológico, sino que
proponen vías para evitar la desintegración del movimiento justicialista frente
a las pugnas de poder entre las facciones o sectores o grupos del Partido. Cada
sección aborda un aspecto crítico de nuestra realidad política e institucional.
He reflexionado profundamente sobre la crisis del Partido
Justicialista en Salta. A continuación sintetizo las tesis centrales de esa
crisis. Pueden leerse por separado y más desarrolladas en el vínculo.
De feudos a unidad: La crisis radica en la fractura
entre la mística de las agrupaciones de base y la "casa vacía"
institucional. El PJ se ha vuelto una cáscara burocrática; la rearticulación
exige que el partido deje de administrar silencios y se transforme en una red
viva que dé cauce programático a la diversidad militante.
De la invención plebeya a la agonía: El peronismo
agoniza al perder su eje articulador con la clase obrera. Para superar esta
agonía en Salta, debemos abandonar la competencia personalista y generar una
nueva "invención plebeya" que construya poder de abajo hacia arriba,
con un programa real adaptado a los sujetos sociales actuales.
La oficina que devoró al partido: Denuncio la
mutación del PJ en una "agencia de colocación" de cargos. Este
vaciamiento ideológico es funcional al statu quo conservador; rearticular el
partido implica recuperar su "razón de ser": disputar el poder para
transformar la realidad, no para repartir ministerios.
La guerra que nos debilita: La fragmentación
fratricida entre agrupaciones, basada en una lógica de suma cero por cargos
escasos, es un obstáculo destituyente. La unidad real no es el
"amontonamiento" electoral, sino un acuerdo sobre diagnósticos
históricos y puntos programáticos mínimos e innegociables.
Del cargo a las ideas: Propongo transitar de la
competencia burocrática a la "competencia programática". El liderazgo
que Salta necesita no es el que administra lealtades, sino el que interpreta al
pueblo y construye legitimidad a través de la solidez de sus propuestas para el
territorio.
Lo que denuncié en 2022: Mi renuncia al Consejo fue
una alerta sobre la inviabilidad institucional y el giro neoliberal del
partido. Reitero que un PJ que no cuestiona el modelo económico traiciona su
esencia; la reconfiguración requiere una oposición interna que mantenga viva la
identidad peronista frente a la burocracia.
Las reglas del juego que necesitamos: La voluntad no
basta; requerimos un reglamento que premie la propuesta sobre la intriga.
Propongo un balance histórico obligatorio para candidatos, un Consejo de
Agrupaciones de Base con poder real y foros de disputa programática pública
para formar cuadros, no gestores.
Compañeras y compañeros: Es un llamado a la acción
para que las bases llenen la sede de política y mística. La justicia social no
es nostalgia, es el programa urgente para Salta. Estamos a tiempo de evitar que
el peronismo sea solo un recuerdo administrativo.
Una hoja de ruta sobre la parálisis del PJ Salta
En mi documento "Memoria y Reconfiguración
Partidaria: El Justicialismo Salteño ante el Espejo de Argentina 1985 y el
Legado de Miguel Ragone" [Pequeño Ragone, 2026a], he sistematizado una
hoja de ruta crítica para entender la parálisis institucional que nos asfixia.
Mi intención no es solo académica; es un intento de suturar la herida que la
lucha de facciones ha infligido al cuerpo del peronismo local. Estos son los
siete pilares analíticos y sus postulados clave:
La Estética de la Justicia y el Cine como Memoria Viva:
Postulo que películas como Argentina, 1985 no son
solo entretenimiento, sino espejos éticos que exigen al peronismo salteño
romper sus pactos de silencio internos para interpelar a las nuevas
generaciones desde la verdad histórica y no desde el marketing.
La Intervención del Partido Justicialista de Salta y la Misión de
Pablo Kosiner:
Sostengo que la intervención actual debe ser leída como
un síntoma clínico de parálisis política; su misión no debe limitarse a un
ordenamiento administrativo, sino a la reactivación de un diálogo militante que
termine con el secuestro de la personería jurídica por parte de intereses
faccionales.
El Congreso de la Militancia: Un Mandato de Democratización y
Soberanía:
Planteo que la única herramienta eficaz contra la
desintegración es la devolución de la soberanía a las bases; el Congreso
partidario debe dejar de ser una escribanía de la cúpula para transformarse en
un espacio de deliberación real donde la militancia defina el rumbo
estratégico.
Diversidad como Valor Político: El Peronismo ante el Desafío de la
Inclusión LGBT:
Afirmo que la actualización de la doctrina justicialista
hoy es imposible sin la integración orgánica y jerarquizada de las disidencias
sexuales, superando el conservadurismo rancio que ha fragmentado la base
electoral del partido en Salta.
Miguel Ragone: El Legado del "Médico del Pueblo" en la
Justicia Transicional:
Defiendo que la figura de Ragone es un capital simbólico
indivisible que debe actuar como límite ético; su legado rinde cuentas no a una
facción, sino a una ética de la salud pública y la entrega personal que hoy
brilla por su ausencia en la dirigencia.
Contraposición: El Modelo de Ragone frente a la Gestión de Gustavo
Sáenz:
Establezco un postulado de distinción moral: la gestión
pública basada en la justicia social de Ragone es el antídoto necesario frente
al pragmatismo vacío y neoliberal de la actual gobernación, que utiliza
cáscaras peronistas para ejecutar políticas de ajuste.
La Agenda del Futuro: Ambiente, Salud y Democracia Interna:
Propongo que la reconfiguración del PJ debe girar sobre
nuevos ejes de soberanía —como la defensa de los recursos naturales y el
fortalecimiento de la salud comunitaria—, garantizando procesos de democracia
interna que impidan que el partido vuelva a convertirse en una "agencia de
colocación" de cargos.
Estos apartados reflejan mi convicción de que el
justicialismo en Salta se encuentra en una encrucijada terminal: o recupera su
mística plebeya y programática, o termina de desintegrarse en la oficina de una
gestión provincial que lo fagocitó. La desintegración no es una amenaza futura,
es una realidad que solo puede revertirse mediante un compromiso radical con
estos postulados.
Justicia Transicional
Mi trayectoria como investigador y nieto de un desaparecido
me ha forzado a sistematizar el dolor íntimo para convertirlo en teoría
política. En mi obra sobre el juicio histórico, he articulado diversas
reflexiones que conciben la justicia transicional no como un final de época,
sino como un proceso pedagógico continuo. Estas reflexiones han madurado a lo
largo de décadas de litigio y activismo en los estrados federales de Salta.
En primer lugar, postulo la necesidad de comprender "La
Arquitectura de la Memoria: Negociación entre lo privado y lo público en la
Conmemoración de Miguel Ragone". La justicia transicional exige que el
Estado asuma el rol reparador, trasladando el peso del reclamo desde los
hombros de las víctimas hacia las instituciones republicanas. Sin embargo, en
Salta, esta transición ha estado marcada por tensiones constantes donde el
poder local intenta privatizar el luto para despolitizar el crimen.
En segundo término, he desarrollado la tesis de "La
fragilidad humana como acto de resistencia memorial". Los juicios por
delitos de lesa humanidad demostraron que los testigos no somos héroes
invulnerables, sino cuerpos atravesados por el terrorismo de Estado que deciden
hablar desde el trauma. Reconocer esta vulnerabilidad es vital para desmontar
las narrativas épicas que alienan a la sociedad civil de los procesos de
justicia.
Finalmente, identifico un conflicto insoslayable entre
"Memoria Institucional vs. Militancia Histórica". El Estado salteño
ha buscado moldear una memoria estéril y complaciente que no incomode a los
linajes oligárquicos civiles que fueron cómplices del secuestro de Ragone.
Frente a esto, propongo una "Memoria Combativa" que vincule las
violaciones del pasado con las injusticias del presente, exigiendo un
justicialismo que recupere su vocación transformadora.
Apropiaciones Faccionales
El análisis del legado de Miguel Ragone en el escenario
político contemporáneo revela un campo de batalla simbólico sumamente
disputado. Las diversas facciones del peronismo nacional y local (llámense
massistas, urtubeycistas o los alineamientos análogos) han intentado
instrumentalizar la memoria del "Médico del Pueblo". Esta apropiación
faccional, en la mayoría de los casos, ha operado como un factor de
fragmentación antes que de cohesión institucional.
Cuando un sector pragmático del PJ invoca a Ragone en
vísperas electorales, suele hacerlo vaciando su figura de toda conflictividad
social. Lo reducen a un abuelo bonachón, a un mártir sin ideología, silenciando
que su secuestro fue la respuesta del poder concentrado a sus políticas de
expropiación y justicia distributiva. Esta instrumentalización fragmenta al
partido, porque las bases militantes perciben la hipocresía de honrar a Ragone
mientras se aplican políticas de ajuste neoliberal. El espejo de Argentina,
1985 nos demuestra que la verdad histórica no admite grises ni lecturas
acomodaticias.
Sin embargo, el capital simbólico de Ragone también
posee una indudable potencia unificadora si se lo aborda desde una perspectiva
de genuina justicia transicional. Cuando la memoria se instituye como un balance
general de la política peronista, el legado del exgobernador funciona como un
límite ético infranqueable. Ningún dirigente peronista puede desviar fondos de
salud pública o reprimir protestas sociales sin entrar en contradicción directa
con el mandato histórico ragoniano.
Para superar las luchas faccionales, la dirigencia debe
dejar de usar a Ragone como un fetiche electoral y comenzar a utilizarlo como
un programa de gobierno. La memoria de su gestión debe ser el faro que obligue
a las diferentes tribus del PJ salteño a debatir políticas públicas en lugar de
discutir el reparto de cargos. Solo así el capital simbólico del "Médico
del Pueblo" dejará de ser un botín de guerra para convertirse en el
cemento de una nueva reconfiguración partidaria y popular.
Herramientas Superadoras
Para evitar la desintegración definitiva del justicialismo
salteño y honrar efectivamente el proceso de justicia transicional, es
imperativo diseñar dispositivos institucionales concretos. No podemos
conformarnos con diagnósticos teóricos; requerimos mecanismos que cristalicen
la memoria combativa en prácticas partidarias cotidianas. He articulado cuatro
estrategias fundamentales para lograr esta reconfiguración, integrando el
legado de Ragone con las demandas contemporáneas.
La primera herramienta es la creación de Protocolos de
Memoria y Derechos Humanos vinculantes para todo candidato o autoridad
partidaria. Ningún dirigente debería poder representar al justicialismo sin
suscribir a un compromiso expreso con los juicios de lesa humanidad y el
repudio al negacionismo estatal. Estos protocolos funcionarían como un filtro
ético-institucional, erradicando a los sectores reaccionarios que aún operan
dentro de nuestras estructuras.
En segundo lugar, propongo la institucionalización de Mesas
de Diálogo Transicional. Estos espacios inter-faccionales deben reemplazar
a los acuerdos de cúpulas cerradas, permitiendo que las organizaciones de
derechos humanos, sindicatos y movimientos sociales auditen el rumbo político
del PJ. La memoria de Ragone debe ser el moderador invisible de estas mesas,
garantizando que el debate se centre en la justicia social y no en el
oportunismo electoral.
La tercera estrategia radica en la Formación Política
Intergeneracional con Perspectiva de Género. Es vital construir escuelas de
conducción donde el legado del "Médico de Pobres" se enseñe de forma
interseccional, cruzando la historia del terrorismo de Estado con las luchas de
los feminismos y diversidades. El peronismo no sobrevivirá si no logra
entusiasmar a las juventudes que hoy lideran las agendas ambientales y de
derechos civiles.
Finalmente, la reconfiguración exige una radical Democratización
Interna y Transparencia. El legado republicano de Ragone impone terminar
con la "dedocracia" e implementar sistemas de participación popular
genuina para la selección de candidatos y la definición de plataformas. Solo
devolviendo el poder soberano a la militancia de base lograremos reconstruir la
confianza pública y forjar un justicialismo digno de su historia más noble.
Bibliografía
Adet, R. (2011). La causa Ragone. Ediciones del
Parque.
Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a
Kirchner, el movimiento que no deja de conmover la política argentina.
Siglo XXI Editores.
Pequeño Ragone, F. (2026). El Libro: Sobre el Juicio
de Ragone. Documento de trabajo de la Asociación Miguel Ragone.
Pequeño Ragone, F. (2026). Memoria y Reconfiguración
Partidaria: El Justicialismo Salteño ante el Espejo de Argentina 1985 y el
Legado de Miguel Ragone. Manuscrito inédito.
Tribunal Oral en lo Criminal Federal de Salta. (2011). Sentencia
definitiva en la causa por el secuestro y desaparición de Miguel Ragone.
Poder Judicial de la Nación.
En el documento adjunto trabajo sobre “Memoria y
Reconfiguración Partidaria: El Justicialismo Salteño ante el Espejo de
Argentina 1985 y el Legado de Miguel Ragone”. Identifica los siete apartados y
sus postulados centrales. En ellos problematizo la pugna de sectores por el
poder al interior del partido justicialista y sus consecuencias, proponiendo
herramientas para superar la desintegración por las mismas. Identifica mis reflexiones
sobre la justicia transicional en el documento …sobre el juicio de Ragone…. Merita
los procesos de apropiación de las facciones de peronismo del capital simbólico
de Miguel Ragone y las formas en que puede contribuir a la fragmentación o a la
superación de las luchas faccionales.
Mejorada
Rol: Eres Fernando Pequeño Ragone, investigador
legal, presidente de la Asociación Miguel Ragone, experto en justicia
transicional, memoria histórica y reconfiguración partidaria en Salta. Narras
en primera persona, con tono reflexivo-crítico, desde tu trayectoria de 20 años
analizando el peronismo local, el legado de Miguel Ragone y disputas
faccionales.
Contexto: Analiza dos documentos adjuntos: (1)
"Memoria y Reconfiguración Partidaria: El Justicialismo Salteño ante el
Espejo de Argentina 1985 y el Legado de Miguel Ragone", donde
problematizas pugnas internas del PJ salteño, sus consecuencias desintegradoras
y herramientas para superarlas. (2) Documento sobre el juicio Ragone
(testimoniales judiciales, sentencias TOF Salta), con tus reflexiones sobre
justicia transicional.
Tareas secuenciales:
Identifica 7 apartados y postulados centrales:
Del primer documento, lista los 7 apartados con su postulado clave (1-2
oraciones por cada uno). Enfoca pugnas por poder en el PJ salteño y
propuestas anti-desintegración.
Extrae reflexiones sobre justicia transicional:
Del segundo documento, recupera 3-4 tesis tuyas clave (cita textuales con
referencias internas).
Merita apropiación del capital simbólico de
Ragone: Evalúa cómo facciones peronistas (ej.: uñacistas, sapagistas,
massistas) se apropian del legado Ragone (1985 como espejo). Analiza si
fragmenta (ej.: instrumentalización electoral) o supera luchas faccionales
(ej.: memoria unificadora, checks republicanos).
Estilo: Primera persona, tiempo presente
reflexivo/pasado histórico. Accesible (militantes PJ, estudiantes), con 2
ejemplos salteños (ej.: 1985 vs. 2026).
Citas: 6-8 APA (adjuntos primero; secundarias: Adet
2011, sentencias Ragone, Grimson peronismo). Bibliografía final.
Formato: Markdown limpio, listas numeradas para
apartados/postulados, párrafos ≤4 oraciones. Sin metacomentarios.
Salida final: Solo el ensayo completo. Genera
ahora.