miércoles, 11 de marzo de 2026

De la orfandad a la autoridad. Entrevista a Fernando Pequeño sobre próximo libro

 

Cómo Fernando Pequeño convirtió la memoria de su abuelo en un acto político

Entrevista de Antonio Agüero y Georgina Ragone
a Fernando Pequeño en TV Canal 7 Salta. 10 marzo 2026.

Georgina Ragone - Antonio Agüero conductores del programa

Ver el programa completo aqui (duración media hora)

En marzo de 2026, a cincuenta años del golpe que instauró la última dictadura militar en Argentina, un programa de televisión del Canal 7 de Salta reunió en una misma mesa a un nieto, un libro y una historia que no termina de cerrarse. El invitado era Fernando Pequeño Ragone, autor de una obra reciente sobre su abuelo, el exgobernador Miguel Ragone, desaparecido durante el terrorismo de Estado. Lo que podría haber sido una entrevista más sobre memoria y dictadura se convirtió, sin embargo, en un ejercicio de rara honestidad: el de un hombre que cuenta cómo tardó veinte años en dejar de estar enojado con un muerto.

Antonio Agüero, conductor del programa encuadró el encuentro desde el principio como algo más que una nota periodística. Lo llamó "una mesa familiar", y la descripción no era solo retórica. Junto a Fernando participó Georgina Ragone, co-conductora y parte de la misma red familiar y afectiva. Esa decisión de bajar la guardia institucional del periodismo —de correrse del estudio frío hacia algo más parecido a una conversación— fue la primera estrategia del programa para que el entrevistado hablara con libertad. Y funcionó.


El libro como método

Fernando Pequeño no presenta su obra como un libro de memorias, aunque lo sea. Lo presenta como una autoetnografía: una metodología académica que convierte la propia experiencia en objeto de estudio, que renuncia a la distancia del investigador para hacer de la primera persona un instrumento analítico legítimo. Su formación como antropólogo le dio las herramientas; su historia familiar le dio el material.

El recorte temporal que organiza el libro es preciso y deliberado. Pequeño elige el año 2006 como eje: el momento en que las leyes de impunidad fueron derogadas y los juicios por delitos de lesa humanidad comenzaron a avanzar en serio. Ese año, según cuenta, fue el de su propia transformación. Empezó a asistir a las audiencias, a tomar notas casi compulsivamente, a involucrarse de un modo que hasta entonces no se había permitido. El libro nació de esas notas, escritas en caliente, en los márgenes de un proceso judicial que también era un proceso personal.

"Ese 2006 fue el año en el que yo comencé intensamente a involucrarme en la historia de mi abuelo con una clara idea de hacer justicia por él"

A esa base documental y emocional, Pequeño le añadió una herramienta que sorprendió a las conductoras: la inteligencia artificial. La usó, explicó, para hacer dialogar con velocidad a los teóricos de la justicia transicional con su propia historia, para que los marcos conceptuales no aplastaran la voz del autor sino que la acompañaran. No como sustituto del pensamiento, sino como acelerador del encuentro entre la teoría y la vida.

"A mí lo que me encanta es la velocidad a la que podés hacer hablar a los actores de la teoría imbricándolos con la propia historia personal con la inteligencia artificial"

 

El relato: devolver al muerto su vida política

Pero si el libro tiene una operación central, no es metodológica sino política. Pequeño cuenta que en Argentina existe una narrativa oficial sobre Miguel Ragone que lo convirtió en un "mártir de la democracia". Una figura noble, digna, venerable. Y muerta, en todos los sentidos. Pequeño rechaza esa narrativa con una energía que, durante la entrevista, se percibe como algo muy cercano a la indignación. Transformar a su abuelo en mártir, dice, fue una forma de quitarle la voz, de asimilarlo al sistema que lo mató, de neutralizar su potencia política.

Lo que el libro intenta, en cambio, es devolver a Ragone su "vida espectacular": la de un hombre que quería cambiar el mundo, que tejió alianzas con indígenas, con campesinos, con sectores que el poder de Salta siempre miró con sospecha. No un símbolo tranquilizador sino una figura incómoda, que sigue siendo incómoda porque sus causas siguen vivas.

Este gesto de restitución política convive en el relato con otro más íntimo: el de la elaboración de la orfandad. Los conductores tuvieron aquí una intervención decisiva. Eligieron mostrar en vivo un video de 2008 en el que se ve a un Fernando más joven, enojado con su abuelo por "dejarse matar". La escena funcionó como un espejo temporal: obligó al autor a confrontarse con su propio pasado y a explicar el recorrido que lo llevó desde ese enojo hasta el presente.

Ese recorrido, según cuenta, duró veinte años. Veinte años de trabajo sobre la orfandad, de aprender a separar el duelo del análisis, de construir una posición desde la que hablar sin que el dolor hable en su lugar. El resultado, dice con una calma que suena ganada, es que hoy puede pararse frente a cualquier estructura de poder de igual a igual.

"Esa orfandad por la que yo estaba enojado con mi abuelo en ese momento la fui trabajando a lo largo de 20 años... hoy puedo hablar de igual a igual con cualquiera"

 

Las preguntas que abren puertas

Los conductores no fueron observadoras pasivas de ese proceso. Su rol fue activo y estratégico, aunque ejercido con la apariencia de la curiosidad natural. Cuando la conductora preguntó si alguna vez sintió que la causa de Ragone incomodó al poder político de Salta, no estaba pidiendo información: estaba habilitando al entrevistado para que hiciera explícito algo que en la conversación flotaba implícito. Fernando respondió con una historia concreta: su alejamiento del gobierno luego del período de Urtubey, del Partido Justicialista tiempo después y la presión para que su trayectoria quedara subsumida en la lógica del peronismo tradicional salteño, su decisión de no ser "cooptado".

Esa palabra —cooptación— aparece en el programa como una marca de honor. No haber sido absorbido por el sistema, no haber cambiado memoria por cargo, es presentado como parte de la misma ética que sostiene el libro. La coherencia entre lo que se escribe y cómo se vive es, en el relato de Pequeño, una condición de posibilidad para hablar con autoridad moral.

La validación que ofrecieron los conductores no se limitó al plano personal. También operó en el plano intelectual. Al preguntar con genuina curiosidad por conceptos como "autoetnografía" y al dar espacio al tema de la inteligencia artificial, el programa elevó la obra de Fernando por encima del género del testimonio familiar para instalarla en el territorio de la propuesta académica y metodológica. No era solo el nieto de Ragone hablando de su abuelo: era un investigador presentando una forma nueva de hacer memoria.

 

Una memoria que mira hacia adelante

Hay un momento en la conversación en que Fernando Pequeño dice que la historia de su abuelo no es solo salteña. Que es federal. Que la causa de Ragone conecta con la de los peones rurales que siguen siendo explotados, con la de los jóvenes perseguidos por el Estado, con todas las formas en que el poder extractivista y destructivo que mató a su abuelo sigue operando bajo otras formas. En ese momento, el programa hace algo que va más allá de la conmemoración: vuelve la memoria hacia el presente y le exige que rinda cuentas.

Eso es, en última instancia, lo que distingue a este programa de una nota de aniversario. No celebra a un héroe del pasado ni llora a una víctima. Presenta a un hombre vivo, con una obra nueva, que ha tardado décadas en aprender a cargar con una historia sin que esa historia lo aplaste. Y que usa ese aprendizaje no para cerrarse sobre el dolor sino para abrirse hacia la política.

El título del libro no se menciona explícitamente en el programa, pero la entrevista entera funciona como su mejor presentación. Porque lo que Fernando Pequeño muestra no es solo lo que escribió, sino cómo llegó a poder escribirlo. Y esa distancia —entre el joven enojado del video de 2008 y el autor que habla con calma en marzo de 2026— es, en sí misma, una forma de justicia.

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