miércoles, 6 de mayo de 2026

LA PRIMAVERA INCONCLUSA El gobierno de Miguel Ragone y la rearticulación del peronismo en Salta

 

LA PRIMAVERA INCONCLUSA

El gobierno de Miguel Ragone y la rearticulación del peronismo en Salta

Ensayo político-académico presentado ante la Escuela Peronista

Partido Justicialista de Salta — Agrupación «La CFK»

En el marco de la renovación de autoridades partidarias — 2026

Fernando Pequeño Ragone

Investigador en Derechos Humanos y Memoria — Asociación Miguel Ragone — Salta, Argentina

 

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

 

I. Introducción: Una primavera que vuelve a florecer

Escribo estas palabras desde Salta, en mayo de 2026, a cincuenta años exactos de la desaparición forzada de Miguel Ragone. Lo hago invitado por la agrupación «La CFK» para compartir una reflexión en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de Salta, en un momento que no puede ser más significativo: el movimiento justicialista de nuestra provincia está en proceso de renovar sus autoridades, de reconstruirse como fuerza política orgánica después de años de fragmentación, tensiones internas y desorientación programática. No es casual que convoquen a hablar de Ragone en este preciso instante. Es porque intuyen —y comparto esa intuición con profunda convicción— que para saber hacia dónde vamos, necesitamos recordar de dónde venimos y, sobre todo, lo que fuimos capaces de ser.

Soy nieto de Miguel Ragone por el lado afectivo y político de la memoria, y coordino desde hace años el trabajo de la Asociación Miguel Ragone, espacio que vincula la investigación histórica con la acción comunitaria y la defensa de los derechos humanos en el Noroeste Argentino. El documento que sirve de fuente a este ensayo —un análisis exhaustivo del gobierno de Ragone en Salta entre 1973 y 1974— me permite hoy presentar ante ustedes no solo un ejercicio académico, sino una herramienta política de memoria activa.

Abordaré cinco grandes ejes: primero, el peronismo originario y su rearticulación en la figura de Ragone; segundo, la experiencia de gobierno como laboratorio de democracia participativa; tercero, la ruptura que significó el período 1974-1976 y el terrorismo de Estado como respuesta al proyecto popular; cuarto, la memoria como práctica política en la transición democrática; y quinto, la vigencia de ese legado para la rearticulación del peronismo salteño en el presente.

 

II. El Peronismo Originario y su Cristalización en Salta: La Victoria de Marzo de 1973

2.1  Dieciocho años de resistencia como pedagogía política

Para comprender cabalmente qué fue el gobierno de Ragone, es imprescindible entender qué significaron los dieciocho años de proscripción peronista que lo precedieron. Desde el golpe de Estado de 1955 hasta la apertura electoral de 1973, el justicialismo salteño operó en la semiclandestinidad, enfrentando dictaduras y gobiernos civiles de legitimidad cuestionable. Ese período no fue de simple espera: fue una escuela de identidad, de resistencia, de forja de cuadros políticos. Alejandro Grimson (2019) ha señalado que las identidades colectivas más duraderas son aquellas que se construyen en la adversidad, en la experiencia compartida de la exclusión. El peronismo salteño de 1973 era exactamente eso: una identidad forjada en el fuego de la proscripción.

Ragone emergió de ese proceso como una figura de consenso capaz de articular las demandas de la 'vieja guardia' peronista con el ímpetu de la juventud militante. Esa doble legitimidad —la del pasado de resistencia y la del presente de movilización— es lo que explica el contundente 57,16% de los votos que obtuvo en las elecciones provinciales del 11 de marzo de 1973. No fue solo un triunfo electoral: fue la cristalización de una identidad colectiva que había sobrevivido dos décadas de persecución.

Guillermo O'Donnell (1972), en su análisis del autoritarismo latinoamericano, demostró que los períodos de exclusión política no eliminan las identidades subalternas, sino que las consolidan y las radicalizan. El peronismo de 1973 llegó al poder provincial con una acumulación de demandas postergadas que superaba largamente cualquier capacidad de gestión convencional. Ragone lo sabía, y por eso no gobernó desde los protocolos del poder tradicional: gobernó desde la ética de la resistencia.


2.2  La interna de la unidad: Lista Verde vs. Lista Azul y Blanca

La candidatura de Ragone no fue un camino allanado. Huno en ese contexto una feroz interna partidaria que enfrentó a la 'Lista Verde' —de tendencia progresista y nacionalista, vinculada a la Juventud Peronista— con la 'Lista Azul y Blanca', de corte ortodoxo y tradicionalista. El acuerdo de unidad, impuesto por la conducción nacional a través de Juan Manuel Abal Medina, incluyó la incorporación de Olivio Ríos como vicegobernador: un compromiso que, sembraría las semillas de la inestabilidad futura debido a las profundas diferencias ideológicas entre ambos sectores.

Esta tensión interna no es un dato anecdótico: es la clave para entender tanto las posibilidades como los límites del gobierno ragoniano. Y es, me atrevo a afirmarlo, estructuralmente análoga a la tensión que hoy atraviesa al Partido Justicialista de Salta al encarar su propia renovación de autoridades. El peronismo siempre ha sido un movimiento de contradicciones internas productivas, lo que Alejandro Horowicz (2004) llamó las 'cuatro argentinas' del justicialismo: la tensión entre su ala obrera, su conducción carismática, sus cuadros técnico-reformistas y sus sectores conservadores nunca desapareció; se procesó, con mayor o menor violencia, al interior del movimiento.

Hoy, en 2026, el peronismo salteño debe reconocer esa tensión sin negarla, y procesarla democráticamente en lugar de suprimirla. La experiencia de Ragone muestra que la unidad forzada sin debate programático real es una cáscara frágil que se rompe en el primer momento de presión.

 

III. Dieciocho Meses de Laboratorio Democrático: Políticas, Actores y Transformaciones

3.1  La salud como derecho humano: el legado de Carrillo en el NOA

Miguel Ragone era, ante todo, un médico sanitarista cuya cosmovisión política estaba impregnada por su colaboración directa con Ramón Carrillo durante la primera presidencia de Perón. Su gestión en salud no se limitó a la construcción de infraestructura, sino que propuso un cambio de paradigma: la salud como un derecho humano integral vinculado indisolublemente a las condiciones de vida, trabajo y vivienda. Esta visión, que hoy reconocemos en los marcos conceptuales de la medicina social latinoamericana, era absolutamente disruptiva para la Salta de 1973.

Ragone sostenía que tanto ricos como pobres debían tener idénticas posibilidades de curación, impulsando la entrega gratuita de medicamentos y proyectando un seguro de salud universal. Más aún: definía al trabajo digno y la alimentación sana como 'componentes indirectos de la salud', lo que obligaba a una coordinación constante entre los ministerios de Economía y Bienestar Social. Esta concepción integral —que hoy diríamos de determinantes sociales de la salud— anticipaba en décadas los consensos de la Organización Mundial de la Salud.

Pilar Calveiro (2005) ha señalado que los proyectos políticos que resultan más amenazantes para los poderes establecidos no son aquellos que proponen la revolución armada, sino aquellos que demuestran, en la práctica cotidiana, que el Estado puede funcionar al servicio de los de abajo. El hospital público de Ragone, el médico que dejaba su despacho para atender a un niño desmayado en una ceremonia, el gobernador que usaba su propio Peugeot 504 y pagaba sus viáticos: esa era la revolución real, silenciosa, perturbadora, que los sectores de poder no podían tolerar.

3.2  La economía de la liberación: austeridad, soberanía y reforma agraria

El Plan Trienal de Ragone se inserta en el proyecto nacional de reconstrucción económica, pero con características propias adaptadas a la realidad del NOA. La deuda pública provincial había crecido de 247 millones de pesos en 1955 a 21.700 millones en 1973 —un crecimiento exponencial que refleja décadas de mala administración y subordinación al poder central. Ante este cuadro, Ragone respondió con austeridad personal y colectiva: rechazó el protocolo, eliminó su escolta policial y convirtió los carros de asalto en transportes escolares pintados con flores.

Pero la gestión económica de Ragone no fue solo simbólica. La expropiación del Frigorífico Arenales y las Minas de Unchimé fueron actos de soberanía concreta sobre los recursos provinciales. La alianza con Felipe Burgos y la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores Campesinos y Afines (FUSTCA) permitió que las demandas históricas del campesinado salteño llegaran por primera vez a los despachos gubernamentales. Ragone denunciaba jornales de miseria en los Valles Calchaquíes —donde los salarios eran hasta un 50% inferiores a los de otras regiones— y proyectaba una reforma agraria integral basada en cooperativas.

Luis Alberto Romero (2001) ha señalado que una de las características más persistentes de la Argentina moderna es la brecha entre el litoral y el interior, entre las economías dinámicas y las periferias postradas. El gobierno de Ragone fue un intento consciente de reducir esa brecha desde el propio interior, sin esperar que las transformaciones llegaran desde Buenos Aires. En el contexto de la Salta feudal de 1973 —donde el poder económico y político estaba concentrado en unas pocas familias y en el diario El Tribuno como formador de opinión dominante—, ese intento era, en efecto, revolucionario.

3.3  Los nuevos actores: el campesinado, la juventud y la humanización policial

Uno de los aspectos más innovadores del gobierno de Ragone fue la incorporación de actores hasta entonces excluidos de la gestión pública. El nombramiento de Rubén Fortuny —un civil, proveniente de la resistencia peronista— en la Jefatura de Policía, con una política explícita de humanización de las fuerzas de seguridad, fue un gesto de ruptura radical con la tradición represiva de los gobiernos anteriores. Fortuny eliminó celdas de castigo y detuvo a oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos: una anticipación de lo que décadas después sería la agenda de los organismos de derechos humanos.

Felipe Burgos, el maestro de Campo Quijano formado en el cristianismo tercermundista, representó la irrupción del campesinado organizado en la política provincial. Burgos era un dirigente carismático y fundador de la FUSTCA cuya alianza con Ragone permitió articular las demandas de soberanía territorial con la gestión gubernamental. Esta alianza entre el poder político y los movimientos sociales del campo es uno de los legados más vivos del período, y hoy —cuando el avance del agronegocio sobre el monte nativo salteño sigue siendo una amenaza crítica— resulta más urgente que nunca.

Elizabeth Jelin (2002), en su análisis de los trabajos de la memoria, ha señalado que los actores que las narrativas dominantes borran de la historia son precisamente aquellos cuya recuperación resulta más subversiva para el orden presente. Felipe Burgos desapareció en dictadura, como Ragone. Recordarlos juntos no es solo un acto de justicia histórica: es un acto político que restituye al campesinado salteño su lugar en la tradición del peronismo nacional y popular.

 

IV. La Ruptura: De la Intervención Federal al Terrorismo de Estado (1974-1976)

4.1  El pinzamiento político: ortodoxia sindical y verticalismo nacional

El gobierno de Ragone no cayó por incompetencia ni por falta de apoyo popular. Cayó por un 'pinzamiento político’ entre la derecha reaccionaria y el verticalismo autoritario del gobierno nacional de la época. La ortodoxia sindical de las 62 Organizaciones, la presión del diario El Tribuno y la exigencia de 'depuración ideológica' del Consejo Nacional Justicialista convergieron para aislar al gobernador. El 23 de noviembre de 1974, la intervención federal consumó lo que la presión política había preparado.

Marina Franco (2012) ha analizado con precisión el modo en que la categoría de 'subversión' fue construida discursivamente en Argentina antes del golpe de 1976, preparando el terreno ideológico para la represión. Ragone fue víctima de esa construcción: acusado de 'infiltración marxista' por quienes no podían tolerar que un gobierno peronista tomara en serio el programa social del justicialismo. Las acusaciones eran absurdas —el propio Ragone se definía como 'un soldado de Perón' y un humanista democrático—, pero en el clima político de 1974-1975, la absurdidad no fue obstáculo para la eficacia política de la estigmatización.

Había a fines del 74 un dilema en que se encontraba Ragone: si cedía a las presiones de depuración de su gabinete, perdía su base de apoyo popular y juvenil; si no lo hacía, se arriesgaba a la intervención federal. No había salida honorable dentro del sistema: la decisión ya había sido tomada en los despachos del poder nacional y de los intereses económicos provinciales. Esa trampa es una enseñanza que el peronismo salteño de hoy debe internalizar con claridad.



4.2  La desaparición del gobernador: el único caso en la historia argentina

El 11 de marzo de 1976 —cinco años exactos después de su triunfo electoral—, Miguel Ragone fue secuestrado en plena calle en la ciudad de Salta. Su cuerpo nunca fue encontrado. Es el único gobernador argentino desaparecido en el contexto del terrorismo de Estado, un dato que el documento subraya y que convierte su figura en un emblema nacional de la lucha por los derechos humanos.

Sofía Tiscornia (2008) ha señalado que el terrorismo de Estado no se limita al período formal de la dictadura: se extiende hacia atrás, en las prácticas de violencia paraestatal que lo preceden, y hacia adelante, en las culturas institucionales que lo sobreviven. La desaparición de Ragone ocurrió 13 días antes del golpe de Estado, lo que sugiere que su nombre estaba en las primeras listas del terrorismo cívico-militar. El mensaje era claro: no se toleraría ningún experimento de gobierno popular en el NOA.

Desde mi trabajo en la Asociación Miguel Ragone, he podido documentar que el impacto de su desaparición sobre la memoria colectiva salteña fue devastador. No solo porque Ragone desapareció, sino porque con él desapareció la posibilidad de un modelo alternativo de poder: el gobernador que atendía enfermos, que manejaba su propio auto, que pintaba los carros de asalto con flores. Esa imagen —utópica y real al mismo tiempo— quedó congelada en el tiempo como lo que pudo ser y no fue.

 

V. Memoria y Política: La Recuperación del Legado Ragoniano en la Transición Democrática

5.1  Los trabajos de la memoria en Salta

La recuperación democrática de 1983 no significó automáticamente la recuperación de la memoria ragoniana. Durante años, su figura fue mantenida viva casi exclusivamente por los círculos de derechos humanos, por los sobrevivientes de su gobierno y por los movimientos sociales que habían sido protagonistas de su gestión. Los partidos políticos, incluido el propio Partido Justicialista, tardaron décadas en reivindicarlo con la profundidad que merece.

Elizabeth Jelin (2002) ha distinguido entre la memoria como recurso político instrumentalizado y la memoria como trabajo colectivo de elaboración del pasado. El legado ragoniano ha sufrido ambos destinos: ha sido instrumentalizado por discursos electorales que invocan su nombre sin comprometerse con su programa, y ha sido trabajado colectivamente por las organizaciones que siguen reclamando tierra, salud y dignidad para el campesinado salteño. La diferencia entre ambas formas de memoria es política: una cierra el pasado como monumento, la otra lo abre como programa.

El Hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone —que lleva su nombre desde la transición democrática— es un ejemplo de esa tensión. El documento que analizo señala que Ragone inició como gobernador un proceso de desinstitucionalización y humanización del tratamiento mental, adelantándose en décadas a los consensos de la Ley Nacional de Salud Mental de 2010. Que el hospital que hoy lleva su nombre enfrente permanentes amenazas presupuestarias no es una ironía menor: es la síntesis de la contradicción entre memoria nominal y memoria programática.

5.2  El peronismo salteño hoy: la rearticulación necesaria

Estoy aquí, en esta Escuela Peronista, en este preciso momento histórico, porque creo que la renovación de autoridades del Partido Justicialista de Salta no puede ser un mero trámite burocrático. Debe ser una oportunidad de rearticulación programática, de recuperación de una identidad definida como 'la posibilidad de un poder ejercido con humildad, transparencia y una vocación irrenunciable por la justicia social'.

Felipe Burgos —el maestro campesino, el compañero de Ragone en la política de soberanía territorial— también fue desaparecido por la dictadura. Hoy, las asociaciones que reivindican su memoria siguen reclamando por la tierra, por el monte nativo, por los jornales justos en los Valles Calchaquíes. El gobierno de Ragone fue pionero en plantear la necesidad de un manejo técnico y social del monte nativo, proyectando una Empresa Desmontadora y Forestal de carácter estatal (Salta Forestal). Esas demandas no son historia: son actualidad. Son el programa que el peronismo salteño tiene pendiente.

Diana Maffía (2020) ha señalado que la renovación de las fuerzas políticas progresistas requiere no solo cambios de liderazgo, sino transformaciones en las prácticas de toma de decisión, en la inclusión de voces históricamente marginadas y en la coherencia entre discurso y acción cotidiana. El peronismo de Ragone integraba a campesinos, a jóvenes militantes, a civiles en la jefatura policial: expandía los márgenes de quién podía gobernar y desde dónde. Esa expansión democrática es la tarea que tiene por delante el justicialismo salteño de 2026.

 

VI. Conclusión: Una Herencia para el Presente

Escribo desde la convicción de que la historia no es un archivo muerto, sino un recurso vivo para la acción política del presente. El gobierno de Miguel Ragone —dieciocho meses de gestión transformadora entre mayo de 1973 y noviembre de 1974— no fue solo un episodio de la historia provincial: fue un experimento de democracia participativa, de ética pública y de justicia social que el terrorismo de Estado interrumpió pero no pudo borrar.

La teorización de Alejandro Grimson (2019) sobre la 'grieta' como estructura de sentido político me permite afirmar que la polarización del peronismo salteño de los años setenta —entre Tendencia y Ortodoxia, entre proyecto popular y verticalismo conservador— no es un fenómeno del pasado: es una estructura que se reedita permanentemente bajo nuevas formas. Reconocerla, nombrarla, procesarla democráticamente en lugar de suprimirla es el primer paso para superarla.

Alejandro Horowicz (2004) ha argumentado que el peronismo solo es capaz de gobernar transformadoramente cuando logra articular sus distintas almas en torno a un programa concreto. Ragone lo intentó: su gobierno fue un programa de salud pública, reforma agraria, soberanía territorial y ética de la función pública. No alcanzó el tiempo para completarlo, pero lo suficiente para demostrar que era posible.

Elizabeth Jelin (2002) nos enseña que la memoria es siempre una construcción presente que selecciona del pasado lo que necesita para actuar en el futuro. En la Escuela Peronista de Salta, en este momento de renovación partidaria, elegir recordar a Ragone es elegir un programa: el del médico que atendía a todos por igual, el del gobernador que convertía los símbolos del poder en instrumentos del pueblo, el del compañero que no eligió la comodidad del acuerdo sino la dignidad de la coherencia.

Pilar Calveiro (2005) y Marina Franco (2012) nos han recordado que comprender cómo fue posible el terrorismo de Estado es condición para que no se repita. Sofía Tiscornia (2008) ha insistido en que las culturas institucionales de la violencia sobreviven a los regímenes que las generaron. Luis Alberto Romero (2001) ha mostrado que la Argentina moderne se construyó sobre la exclusión sistemática de sus periferias. Guillermo O'Donnell (1972) demostró que el autoritarismo no es una anomalía sino una posibilidad permanente de los sistemas políticos latinoamericanos. Todos estos marcos conceptuales convergen en una misma advertencia: la democracia no se garantiza sola; requiere actores políticos comprometidos con su profundización cotidiana.

El peronismo salteño tiene hoy, en la renovación de sus autoridades, una oportunidad histórica: no solo elegir nuevos nombres, sino rearticular un proyecto. Un proyecto que recoja la herencia de Ragone —la salud como derecho, la tierra como justicia, la ética como política— y la actualice para los desafíos del siglo XXI. Esa es la primavera inconclusa que todavía espera su continuación. Y es nuestra responsabilidad, compañeras y compañeros, no dejar que se marchite una vez más.

 


 

 

Referencias bibliográficas

(Normas APA — 7.ª edición)

 

Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años setenta. Norma.

Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y «subversión», 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de reinventarse. Siglo XXI Editores.

Horowicz, A. (2004). Las cuatro argentinas: Historia, política y sociedad, 1810-2004. Edhasa.

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

Maffía, D. (2020). Feminismo y política: Autonomía, igualdad y diferencia en el debate contemporáneo. Prometeo Libros.

O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.

Romero, L. A. (2001). Breve historia contemporánea de la Argentina (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.

Tiscornia, S. (2008). Activismo de los derechos humanos y burocracias estatales: El caso Walter Bulacio. Del Puerto.

 

 

Ensayo presentado en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de Salta

Invitado por la agrupación «La CFK» — Salta, mayo de 2026

Fernando Pequeño Ragone — Asociación Miguel Ragone — investigacion.ragone@gmail.com

Memorias del panel de 2013: Entre Eva y Miguel: El Pueblo. Analisis político

 

ESCUELA PERONISTA — PARTIDO JUSTICIALISTA SALTA

Grupo La CFK | Ciclo de Formación Política 2026

 

Captura de momentos iniciales del Panel de 2013


Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

Entre Eva y Miguel: El Pueblo Como Categoría Política

Memoria, identidad peronista y rearticulación política en Salta

Fernando Pequeño Ragone

Investigador en Derechos Humanos y Memoria | Asociación Miguel Ragone

Salta, Argentina — 2026

 

"No puede haber amor donde hay explotadores y explotados."
 — Eva Perón, citada por Héctor Canto en el panel (2013)

 

I. Introducción: La Memoria Como Territorio en Disputa

Cuando me invita el grupo La CFK a presentar este ensayo en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de Salta, en el contexto de la rearticulación interna del peronismo y de la próxima elección de autoridades partidarias, la primera imagen que me viene a la mente no es un argumento político: es un olor. El olor a papel viejo de la Cámara de Diputados provincial, esa tarde del 21 de marzo de 2013, cuando desde la Asociación Miguel Ragone organizamos el panel "Entre Eva y Miguel: El Pueblo", en el marco del Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia.

Trece años han pasado. Argentina, Salta, el peronismo, el mundo: todo se ha transformado. Pero aquel evento —que analizo hoy como fuente central de este ensayo— me interpela con una vigencia inesperada. Porque los dilemas que lo atravesaron en silencio siguen siendo los nuestros: ¿Quién hereda la mística del peronismo histórico? ¿Qué hacemos con la memoria cuando el movimiento está fracturado? ¿Cómo se construye poder político legítimo sin caer en la mera gestión o en la nostalgia estéril?

En este ensayo, narrado en primera persona como investigador y como nieto de Miguel Ragone, abordo cinco núcleos problemáticos que el panel de 2013 ilumina con particular intensidad y que resultan centrales para el momento que el peronismo salteño atraviesa hoy:

1) El uso político de la memoria histórica y su doble filo;

2) La construcción del pueblo como categoría política activa versus sujeto pasivo de representación;

3) La transferencia generacional y la pedagogía del movimiento;

4) Las tensiones entre institucionalización y mística en el peronismo salteño;

5) Los desafíos de la rearticulación identitaria en un contexto de crisis de representación y polarización creciente.

El documento que analizo es el desarrollo del panel de disertaciones celebrado el 21 de marzo de 2013 en la Cámara de Diputados de Salta, organizado por la Asociación Miguel Ragone, con la presencia de funcionarios provinciales, intelectuales y militantes. Es, al mismo tiempo, fuente histórica y espejo político.


Acceso al panel analizado


II. La Memoria Como Instrumento: Entre el Duelo y la Legitimación

El escenario como mensaje

Desde mi experiencia como organizador de aquel evento, recuerdo que la elección del lugar no fue inocente. Realizar el panel en la Cámara de Diputados —"el palacio legislativo donde se producen las leyes", como remarcó el entonces senador Rodolfo Urtubey— fue una decisión política cargada de semiótica. El espacio del poder institucional era puesto al servicio de la memoria popular. O, dicho de modo más preciso y más incómodo: la memoria popular era puesta al servicio de la legitimación del poder institucional.

El documento registra con precisión esta doble operación. Santiago Godoy, presidente de la Cámara Baja, abrió el evento marcando el vínculo entre las fechas dolorosas —1976, la desaparición de mi abuelo— y las fechas esperanzadoras —1973, su asunción como gobernador—, construyendo una narrativa de continuidad entre aquel peronismo transformador y el gobierno de Juan Manuel Urtubey en 2013. Godoy también señaló, con una chicana política, que a pesar de haber invitado a todos los partidos, "solamente vienen los del Partido Justicialista". El peronismo, en ese gesto, se autoconstituía como el único custodio legítimo de la memoria.

La politóloga Elizabeth Jelin advierte que la memoria no es un archivo pasivo sino un campo de disputas en el que los actores sociales pugnan por fijar sentidos sobre el pasado (Jelin, 2002). Lo que el panel de 2013 evidencia es exactamente esto: la Asociación Miguel Ragone, el oficialismo provincial y el kirchnerismo nacional convergían en una misma plataforma memorial, pero con agendas que no eran idénticas. La pregunta que me hago hoy, ante la nueva elección de autoridades del PJ salteño, es si esa convergencia es posible de reproducir en un escenario de mayor fragmentación.

El mártir local y el mito nacional

El panel operó sobre una homología simbólica precisa: poner a Miguel Ragone a la misma altura mítica que Eva Perón. El hilo conductor que yo mismo trazé en mi intervención fue la "unión espiritual entre Miguel Ragone y Eva Perón", dos figuras que representan la vertiente más social, transformadora y popular del justicialismo.

La historiadora María Laura Collivadino desarrolló esta homología en clave de gestión comparada: así como Evita construyó mil escuelas y la Ciudad Estudiantil, Ragone propició dieciocho cursos de capacitación docente y construyó quince escuelas en un mandato truncado; así como Evita creó los barrios peronistas y los policlínicos, Ragone instituyó la medicina preventiva y fundó el Instituto Provincial de la Vivienda en 1973. La comparación no era académica: era política. Buscaba demostrar que la mística evitista tenía un equivalente local, territorial, salteño.

Pilar Calveiro ha analizado cómo la violencia política de los años setenta produjo figuras martirológicas que el movimiento peronista utilizó de maneras diversas y a veces contradictorias (Calveiro, 2005). Mi abuelo es, en Salta, una de esas figuras. Cuando la Asociación que lleva su nombre lo conecta simbólicamente con Eva Perón, no está haciendo solo historia: está haciendo política. Está diciendo que existe un peronismo "verdadero", un peronismo de raíz popular, que es el que Salta necesita recuperar.

 

III. El Pueblo: ¿Categoría Política o Sujeto Pasivo?

De víctimas a protagonistas: el giro discursivo

Desde mi intervención en el panel de 2013, traté de marcar un giro que considero fundamental y que hoy, en el contexto de la rearticulación del peronismo salteño, sigue siendo urgente: la necesidad de "dejar de ser víctimas" y de "dejar que otros hablen por nosotros" para convertirnos en actores políticos del presente.

Este giro no es menor. Durante décadas, el discurso de derechos humanos en Argentina gravitó —comprensiblemente— sobre la figura de la víctima. Pero Gabriela Vuistaz, la psicoanalista que participó en el panel, señaló con lucidez que ni Eva Perón ni Miguel Ragone se quedaron en "el lugar de la víctima o la queja" frente a la desigualdad, sino que se "autorizaron" a transformar la realidad a través de la política. Esta autorización —el acto de decidir que uno tiene derecho y capacidad de actuar políticamente— es exactamente lo que el peronismo salteño necesita reconstruir en sus bases.

Alejandro Grimson ha argumentado que las identidades políticas en Argentina no son fijas sino que se reconfiguran continuamente en respuesta a coyunturas específicas (Grimson, 2019). El panel de 2013 fue, en ese sentido, un dispositivo de reconfiguración identitaria: buscaba anclar al joven salteño que estudiaba en un terciario provincial dentro de una genealogía peronista, haciéndolo heredero de Eva y de Miguel.

La pedagogía política como herramienta de construcción

Esa jornada de exposiciones en la mañana, en la Cámara de Diputados, estaba orientada hacia los jóvenes: el evento estuvo dirigido a estudiantes terciarios de la provincia, con el propósito de que "tomen conocimiento de la historia" y se conviertan en agentes reproductores del peronismo. Hay en esto una apuesta pedagógica que Luis Alberto Romero ha estudiado en su dimensión más larga: el peronismo, desde sus orígenes, desarrolló una cultura política que combinaba formación doctrinaria con movilización emocional (Romero, 2001).

Lo que el panel de 2013 intentó —y en parte logró— fue una versión contemporánea de esa pedagogía. Collivadino usó la historiografía como herramienta política al establecer paralelismos directos entre las políticas de Evita y las de Ragone, demostrando que la gestión técnica —escuelas, hospitales, viviendas— no es contraria a la mística revolucionaria sino su expresión concreta. Este punto me parece crucial para hoy: el peronismo salteño no puede reconstituirse solo desde la emoción ni solo desde la tecnocracia. Necesita la síntesis.

Héctor Canto aportó la dimensión testimonial: su relato de las políticas de Estado hacia los pueblos indígenas del Chaco Salteño bajo el gobierno de Ragone, la liberación de presos políticos, su propio encuentro personal con Evita. El testimonio vivo es irreemplazable en la pedagogía peronista porque encarna la historia en un cuerpo, en una voz, en una memoria que tiene nombre y apellido.

 

IV. Institucionalización vs. Mística: La Tensión Permanente

El peronismo entre el aparato y el movimiento

Desde mi experiencia en la Asociación Miguel Ragone, una de las tensiones más difíciles de gestionar ha sido siempre la que existe entre la institucionalización de la memoria —con todo lo que implica de reconocimiento, recursos y visibilidad— y la preservación de una mística que no se deje cooptar por el poder.

El panel de 2013 exhibe esta tensión con nitidez. Por un lado, la presencia de Rodolfo Urtubey y Santiago Godoy garantizaba la cobertura institucional del evento: la Legislatura provincial le prestaba su espacio y su legitimidad. Por otro lado, mi intervención y las de Collivadino, Bellone y Vuistaz apuntaban a recuperar algo que el peronismo de gestión tiende a perder: la capacidad de nombrar al enemigo, de señalar las desigualdades, de incomodar.

Lilliana Bellone, la escritora que participó en el panel, habló sobre la construcción mítica de Evita, destacando sus vínculos con intelectuales como Discépolo, Marechal y Homero Manzi. Y remarcó que el odio oligarca hacia Evita —graficado en el infame "Viva el cáncer"— respondía a la mutación radical que ella generó en la base del pueblo argentino. Esta mutación es lo que Alejandro Horowicz llama la "revolución desde arriba" del peronismo clásico: un movimiento que logró redistribuir poder sin destruir las instituciones, pero que generó un antagonismo irreductible con los sectores dominantes (Horowicz, 1985).

El kirchnerismo como marco y el dilema pos-kirchnerista

El panel de 2013 se realizó en un momento de plena hegemonía kirchnerista. La referencia explícita en el documento a "la Presidenta que se enfrenta al mundo entero" —en alusión a Cristina Fernández— y la evocación de una "Patria Grande" que incluía a figuras como Néstor Kirchner y Hugo Chávez junto a los líderes históricos del justicialismo, ubican al evento dentro del macro-relato kirchnerista. El peronismo salteño, en ese momento, confirmaba su pertenencia a esa narrativa nacional.

Pero ese marco ya no existe de la misma manera. La derrota electoral de 2015, el gobierno de Macri, la vuelta con Alberto Fernández y la traumática crisis del Frente de Todos han reconfigurado dramáticamente el campo peronista. Marina Franco ha analizado cómo los procesos de construcción de memorias sobre la represión están siempre atravesados por el presente político de quienes las construyen (Franco, 2012). Hoy, en 2026, la memoria del peronismo histórico ya no puede ser reclamada exclusivamente desde una identidad kirchnerista, porque esa identidad misma está en disputa.

Guillermo O'Donnell, en su análisis clásico de la relación entre modernización y autoritarismo en Argentina, señaló que las crisis de representación tienden a producir movimientos pendulares entre el verticalismo y la fragmentación (O'Donnell, 1972). El peronismo salteño vive hoy ese péndulo: la elección de nuevas autoridades partidarias es, al mismo tiempo, una disputa de poder y una búsqueda de identidad.

 

V. Salta, el Noroeste y la Memoria Encarnada

La especificidad territorial de la memoria peronista salteña

Cuando pienso en la rearticulación del peronismo en Salta, me resulta imposible separar la dimensión política de la dimensión territorial. Salta no es Buenos Aires. La desigualdad aquí tiene rostros específicos: los pueblos indígenas del Chaco y los Valles Calchaquíes, los trabajadores rurales de la caña y el tabaco, las mujeres de los barrios populares que sostienen comedores y merenderos mientras los hombres debaten en las seccionales.

El panel de 2013 recuperó, brevemente pero de manera significativa, esta especificidad. Héctor Canto recordó las políticas de Estado para con los aborígenes en el Chaco Salteño bajo el gobierno de Ragone, en un gesto que conectaba el universalismo peronista con las necesidades concretas del territorio. Collivadino subrayó que ni Evita ni Miguel cayeron en la caridad burguesa, sino que entendieron a los individuos como "seres integrales": no somos una cosa cuando vamos a la escuela y otra en el pediatra.

Diana Maffía ha reflexionado sobre la necesidad de pensar la política desde los cuerpos y las experiencias concretas, y no solo desde las abstracciones institucionales (Maffía, 2008). Desde esa perspectiva, el peronismo salteño tiene una ventaja y un riesgo: su arraigo territorial es profundo, pero puede convertirse en mero clientelismo si no está acompañado de una reflexión política rigurosa.

La Asociación Miguel Ragone: entre la memoria y la política

Desde mi rol en la Asociación Miguel Ragone, he vivido en carne propia la dificultad de sostener un espacio que sea simultáneamente de memoria y de acción política. El panel de 2013 fue, en ese sentido, un momento de síntesis exitosa: logramos que la figura de mi abuelo circulara en el espacio público no solo como víctima del terrorismo de Estado sino como referente de una forma de hacer política.

Sofía Tiscornia ha analizado cómo las organizaciones de derechos humanos en Argentina construyen su legitimidad a partir de la combinación entre testimonio moral y expertise técnico (Tiscornia, 2008). La Asociación Miguel Ragone ha intentado esa combinación, con éxitos y fracasos. Lo que el panel de 2013 muestra es que cuando esa combinación funciona —cuando la memoria se convierte en argumento político y no solo en lamento—, el peronismo puede recuperar algo de su potencia original.

Hoy, en el contexto de la elección de autoridades del PJ salteño, la pregunta que me formulo es esta: ¿puede la figura de Miguel Ragone seguir siendo un activo simbólico del peronismo salteño, o ha quedado demasiado asociada a una facción específica del partido? ¿Puede la memoria ser un bien común del movimiento, o inevitablemente se convierte en patrimonio de quien la gestiona?

 

VI. Conclusión: Rearticular sin Olvidar, Recordar sin Paralizarse

Vuelvo al punto de partida: aquel olor a papel viejo de la Cámara de Diputados provincial, el 21 de marzo de 2013. Pero también pienso en este espacio, en esta Escuela Peronista, en los compañeros y compañeras del grupo La CFK que han tenido la generosidad de invitarme.

El panel "Entre Eva y Miguel: El Pueblo" fue, como he intentado mostrar, mucho más que un acto de memoria: fue una lección magistral de pedagogía política, una operación de construcción simbólica y una apuesta por la transferencia generacional del peronismo. Tuvo sus luces y sus sombras. Las luces: la capacidad de conectar historia, gestión y mística en un relato coherente y movilizador. Las sombras: la tendencia a hacer de la memoria un instrumento de legitimación del poder existente, en lugar de un cuestionamiento de ese poder.

Elizabeth Jelin nos recuerda que los trabajos de la memoria son siempre trabajos incompletos, atravesados por el presente (Jelin, 2002). Guillermo O'Donnell nos enseña que las instituciones democráticas son frágiles y requieren construcción activa (O'Donnell, 1972). Pilar Calveiro nos advierte que la violencia política produce heridas que no cierran solas y que la política, para ser transformadora, debe hacerse cargo de esas heridas (Calveiro, 2005).

Alejandro Grimson nos invita a pensar la grieta no como un accidente sino como el resultado de procesos históricos profundos (Grimson, 2019). Alejandro Horowicz nos recuerda que el peronismo nunca fue monolítico y que su potencia reside precisamente en su capacidad de contener tensiones sin resolverlas definitivamente (Horowicz, 1985). Luis Alberto Romero nos muestra que la Argentina tiene una historia larga de ciclos políticos que se repiten con variaciones (Romero, 2001). Marina Franco nos enseña que las memorias sobre la represión son siempre memorias en disputa (Franco, 2012). Diana Maffía nos convoca a pensar desde los cuerpos y las experiencias concretas (Maffía, 2008). Sofía Tiscornia nos recuerda que la legitimidad de las organizaciones de memoria depende de su capacidad de combinar testimonio moral y expertise técnico (Tiscornia, 2008). Beatriz Sarlo nos alerta sobre los peligros de una política que se construye sobre el puro pasado, sin capacidad de imaginar futuros (Sarlo, 1994).

Desde mi experiencia en la Asociación Miguel Ragone y como investigador en derechos humanos, quiero terminar con una convicción: el peronismo salteño tiene recursos simbólicos, históricos y territoriales para reconstituirse. Pero esa reconstitución no puede hacerse desde la nostalgia ni desde la mera gestión tecnocrática. Necesita la síntesis que Eva Perón y Miguel Ragone encarnaron: la capacidad de autorizar a los de abajo a ser sujetos de su propia historia.

La elección de nuevas autoridades del PJ salteño es una oportunidad. No para resolver definitivamente quién hereda el peronismo, sino para abrir un proceso de escucha, de diálogo y de construcción colectiva. La memoria de Eva y de Miguel nos enseña que el pueblo no es un objeto de la política: es su sujeto.

Esa es la tarea. Esa es la herencia. Ese es el desafío.

 

Referencias Bibliográficas

Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años setenta. Norma.

Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y "subversión", 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de sorprender. Siglo XXI Editores.

Horowicz, A. (1985). Los cuatro peronismos. Planeta.

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

Maffía, D. (2008). Epistemología feminista: La subversión semiótica de las mujeres en la ciencia. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer, 13(28), 63-98.

O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.

Romero, L. A. (2001). Breve historia contemporánea de la Argentina. Fondo de Cultura Económica.

Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.

Tiscornia, S. (2008). Activismo de los derechos humanos y burocracias estatales: El caso Walter Bulacio. Del Puerto / CELS.

 

— Asociación Miguel Ragone | Salta, 2026 —

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