LA PRIMAVERA
INCONCLUSA
El gobierno de Miguel Ragone y la
rearticulación del peronismo en Salta
Ensayo político-académico presentado
ante la Escuela Peronista
Partido Justicialista de Salta —
Agrupación «La CFK»
En el marco de la renovación de
autoridades partidarias — 2026
Fernando
Pequeño Ragone
Investigador en Derechos Humanos y
Memoria — Asociación Miguel Ragone — Salta, Argentina
Por Fernando Pequeño
Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A
cerca de mi escritura asistida con IA.
I. Introducción: Una primavera que vuelve a florecer
Escribo estas palabras desde Salta, en mayo de 2026, a cincuenta años
exactos de la desaparición forzada de Miguel Ragone. Lo hago invitado por la
agrupación «La CFK» para compartir una reflexión en la Escuela Peronista del
Partido Justicialista de Salta, en un momento que no puede ser más
significativo: el movimiento justicialista de nuestra provincia está en proceso
de renovar sus autoridades, de reconstruirse como fuerza política orgánica
después de años de fragmentación, tensiones internas y desorientación
programática. No es casual que convoquen a hablar de Ragone en este preciso
instante. Es porque intuyen —y comparto esa intuición con profunda convicción—
que para saber hacia dónde vamos, necesitamos recordar de dónde venimos y,
sobre todo, lo que fuimos capaces de ser.
Soy nieto de Miguel Ragone por el lado afectivo y político de la memoria,
y coordino desde hace años el trabajo de la Asociación Miguel Ragone, espacio
que vincula la investigación histórica con la acción comunitaria y la defensa
de los derechos humanos en el Noroeste Argentino. El documento que sirve de
fuente a este ensayo —un análisis exhaustivo del gobierno de Ragone en Salta
entre 1973 y 1974— me permite hoy presentar ante ustedes no solo un ejercicio
académico, sino una herramienta política de memoria activa.
Abordaré cinco grandes ejes: primero, el peronismo originario y su
rearticulación en la figura de Ragone; segundo, la experiencia de gobierno como
laboratorio de democracia participativa; tercero, la ruptura que significó el
período 1974-1976 y el terrorismo de Estado como respuesta al proyecto popular;
cuarto, la memoria como práctica política en la transición democrática; y
quinto, la vigencia de ese legado para la rearticulación del peronismo salteño
en el presente.
II. El Peronismo Originario y su Cristalización en Salta: La Victoria de
Marzo de 1973
2.1
Dieciocho años de resistencia como pedagogía política
Para comprender cabalmente qué fue el gobierno de Ragone, es
imprescindible entender qué significaron los dieciocho años de proscripción
peronista que lo precedieron. Desde el golpe de Estado de 1955 hasta la
apertura electoral de 1973, el justicialismo salteño operó en la
semiclandestinidad, enfrentando dictaduras y gobiernos civiles de legitimidad
cuestionable. Ese período no fue de simple espera: fue una escuela de
identidad, de resistencia, de forja de cuadros políticos. Alejandro Grimson
(2019) ha señalado que las identidades colectivas más duraderas son aquellas
que se construyen en la adversidad, en la experiencia compartida de la
exclusión. El peronismo salteño de 1973 era exactamente eso: una identidad
forjada en el fuego de la proscripción.
Ragone emergió de ese proceso como una figura de consenso capaz de articular las demandas de la 'vieja guardia' peronista con el ímpetu de la juventud militante. Esa doble legitimidad —la del pasado de resistencia y la del presente de movilización— es lo que explica el contundente 57,16% de los votos que obtuvo en las elecciones provinciales del 11 de marzo de 1973. No fue solo un triunfo electoral: fue la cristalización de una identidad colectiva que había sobrevivido dos décadas de persecución.
Guillermo O'Donnell (1972), en su análisis del autoritarismo
latinoamericano, demostró que los períodos de exclusión política no eliminan
las identidades subalternas, sino que las consolidan y las radicalizan. El
peronismo de 1973 llegó al poder provincial con una acumulación de demandas
postergadas que superaba largamente cualquier capacidad de gestión
convencional. Ragone lo sabía, y por eso no gobernó desde los protocolos del
poder tradicional: gobernó desde la ética de la resistencia.
2.2 La interna de la unidad: Lista Verde vs. Lista Azul y Blanca
La candidatura de Ragone no fue un camino allanado. Huno en ese contexto
una feroz interna partidaria que enfrentó a la 'Lista Verde' —de tendencia
progresista y nacionalista, vinculada a la Juventud Peronista— con la 'Lista
Azul y Blanca', de corte ortodoxo y tradicionalista. El acuerdo de unidad,
impuesto por la conducción nacional a través de Juan Manuel Abal Medina,
incluyó la incorporación de Olivio Ríos como vicegobernador: un compromiso que,
sembraría las semillas de la inestabilidad futura debido a las profundas
diferencias ideológicas entre ambos sectores.
Esta tensión interna no es un dato anecdótico: es la clave para entender
tanto las posibilidades como los límites del gobierno ragoniano. Y es, me
atrevo a afirmarlo, estructuralmente análoga a la tensión que hoy atraviesa al
Partido Justicialista de Salta al encarar su propia renovación de autoridades.
El peronismo siempre ha sido un movimiento de contradicciones internas
productivas, lo que Alejandro Horowicz (2004) llamó las 'cuatro argentinas' del
justicialismo: la tensión entre su ala obrera, su conducción carismática, sus
cuadros técnico-reformistas y sus sectores conservadores nunca desapareció; se
procesó, con mayor o menor violencia, al interior del movimiento.
Hoy, en 2026, el peronismo salteño debe reconocer esa tensión sin
negarla, y procesarla democráticamente en lugar de suprimirla. La experiencia
de Ragone muestra que la unidad forzada sin debate programático real es una
cáscara frágil que se rompe en el primer momento de presión.
III. Dieciocho Meses de Laboratorio Democrático: Políticas, Actores y
Transformaciones
3.1
La salud como derecho humano: el legado de Carrillo en el NOA
Miguel Ragone era, ante todo, un médico sanitarista cuya cosmovisión
política estaba impregnada por su colaboración directa con Ramón Carrillo
durante la primera presidencia de Perón. Su gestión en salud no se limitó a la
construcción de infraestructura, sino que propuso un cambio de paradigma: la
salud como un derecho humano integral vinculado indisolublemente a las
condiciones de vida, trabajo y vivienda. Esta visión, que hoy reconocemos en
los marcos conceptuales de la medicina social latinoamericana, era
absolutamente disruptiva para la Salta de 1973.
Ragone sostenía que tanto ricos como pobres debían tener idénticas
posibilidades de curación, impulsando la entrega gratuita de medicamentos y
proyectando un seguro de salud universal. Más aún: definía al trabajo digno y
la alimentación sana como 'componentes indirectos de la salud', lo que obligaba
a una coordinación constante entre los ministerios de Economía y Bienestar
Social. Esta concepción integral —que hoy diríamos de determinantes sociales de
la salud— anticipaba en décadas los consensos de la Organización Mundial de la
Salud.
Pilar Calveiro (2005) ha señalado que los proyectos políticos que
resultan más amenazantes para los poderes establecidos no son aquellos que
proponen la revolución armada, sino aquellos que demuestran, en la práctica
cotidiana, que el Estado puede funcionar al servicio de los de abajo. El
hospital público de Ragone, el médico que dejaba su despacho para atender a un
niño desmayado en una ceremonia, el gobernador que usaba su propio Peugeot 504
y pagaba sus viáticos: esa era la revolución real, silenciosa, perturbadora,
que los sectores de poder no podían tolerar.
3.2
La economía de la liberación: austeridad, soberanía y reforma agraria
El Plan Trienal de Ragone se inserta en el proyecto nacional de
reconstrucción económica, pero con características propias adaptadas a la
realidad del NOA. La deuda pública provincial había crecido de 247 millones de
pesos en 1955 a 21.700 millones en 1973 —un crecimiento exponencial que refleja
décadas de mala administración y subordinación al poder central. Ante este
cuadro, Ragone respondió con austeridad personal y colectiva: rechazó el
protocolo, eliminó su escolta policial y convirtió los carros de asalto en
transportes escolares pintados con flores.
Pero la gestión económica de Ragone no fue solo simbólica. La
expropiación del Frigorífico Arenales y las Minas de Unchimé fueron actos de
soberanía concreta sobre los recursos provinciales. La alianza con Felipe
Burgos y la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores Campesinos y Afines
(FUSTCA) permitió que las demandas históricas del campesinado salteño llegaran
por primera vez a los despachos gubernamentales. Ragone denunciaba jornales de
miseria en los Valles Calchaquíes —donde los salarios eran hasta un 50%
inferiores a los de otras regiones— y proyectaba una reforma agraria integral
basada en cooperativas.
Luis Alberto Romero (2001) ha señalado que una de las características más
persistentes de la Argentina moderna es la brecha entre el litoral y el
interior, entre las economías dinámicas y las periferias postradas. El gobierno
de Ragone fue un intento consciente de reducir esa brecha desde el propio
interior, sin esperar que las transformaciones llegaran desde Buenos Aires. En
el contexto de la Salta feudal de 1973 —donde el poder económico y político
estaba concentrado en unas pocas familias y en el diario El Tribuno como
formador de opinión dominante—, ese intento era, en efecto, revolucionario.
3.3
Los nuevos actores: el campesinado, la juventud y la humanización
policial
Uno de los aspectos más innovadores del gobierno de Ragone fue la
incorporación de actores hasta entonces excluidos de la gestión pública. El
nombramiento de Rubén Fortuny —un civil, proveniente de la resistencia
peronista— en la Jefatura de Policía, con una política explícita de
humanización de las fuerzas de seguridad, fue un gesto de ruptura radical con
la tradición represiva de los gobiernos anteriores. Fortuny eliminó celdas de
castigo y detuvo a oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos:
una anticipación de lo que décadas después sería la agenda de los organismos de
derechos humanos.
Felipe Burgos, el maestro de Campo Quijano formado en el cristianismo
tercermundista, representó la irrupción del campesinado organizado en la
política provincial. Burgos era un dirigente carismático y fundador de la
FUSTCA cuya alianza con Ragone permitió articular las demandas de soberanía
territorial con la gestión gubernamental. Esta alianza entre el poder político
y los movimientos sociales del campo es uno de los legados más vivos del
período, y hoy —cuando el avance del agronegocio sobre el monte nativo salteño
sigue siendo una amenaza crítica— resulta más urgente que nunca.
Elizabeth Jelin (2002), en su análisis de los trabajos de la memoria, ha
señalado que los actores que las narrativas dominantes borran de la historia
son precisamente aquellos cuya recuperación resulta más subversiva para el
orden presente. Felipe Burgos desapareció en dictadura, como Ragone.
Recordarlos juntos no es solo un acto de justicia histórica: es un acto
político que restituye al campesinado salteño su lugar en la tradición del
peronismo nacional y popular.
IV. La Ruptura: De la Intervención Federal al Terrorismo de Estado
(1974-1976)
4.1
El pinzamiento político: ortodoxia sindical y verticalismo nacional
El gobierno de Ragone no cayó por incompetencia ni por falta de apoyo
popular. Cayó por un 'pinzamiento político’ entre la derecha reaccionaria y el
verticalismo autoritario del gobierno nacional de la época. La ortodoxia
sindical de las 62 Organizaciones, la presión del diario El Tribuno y la
exigencia de 'depuración ideológica' del Consejo Nacional Justicialista
convergieron para aislar al gobernador. El 23 de noviembre de 1974, la
intervención federal consumó lo que la presión política había preparado.
Marina Franco (2012) ha analizado con precisión el modo en que la
categoría de 'subversión' fue construida discursivamente en Argentina antes del
golpe de 1976, preparando el terreno ideológico para la represión. Ragone fue
víctima de esa construcción: acusado de 'infiltración marxista' por quienes no
podían tolerar que un gobierno peronista tomara en serio el programa social del
justicialismo. Las acusaciones eran absurdas —el propio Ragone se definía como
'un soldado de Perón' y un humanista democrático—, pero en el clima político de
1974-1975, la absurdidad no fue obstáculo para la eficacia política de la
estigmatización.
Había a fines del 74 un dilema en que se encontraba Ragone: si cedía a
las presiones de depuración de su gabinete, perdía su base de apoyo popular y
juvenil; si no lo hacía, se arriesgaba a la intervención federal. No había
salida honorable dentro del sistema: la decisión ya había sido tomada en los
despachos del poder nacional y de los intereses económicos provinciales. Esa
trampa es una enseñanza que el peronismo salteño de hoy debe internalizar con
claridad.
4.2
La desaparición del gobernador: el único caso en la historia argentina
El 11 de marzo de 1976 —cinco años exactos después de su triunfo
electoral—, Miguel Ragone fue secuestrado en plena calle en la ciudad de Salta.
Su cuerpo nunca fue encontrado. Es el único gobernador argentino desaparecido
en el contexto del terrorismo de Estado, un dato que el documento subraya y que
convierte su figura en un emblema nacional de la lucha por los derechos
humanos.
Sofía Tiscornia (2008) ha señalado que el terrorismo de Estado no se
limita al período formal de la dictadura: se extiende hacia atrás, en las
prácticas de violencia paraestatal que lo preceden, y hacia adelante, en las
culturas institucionales que lo sobreviven. La desaparición de Ragone ocurrió 13
días antes del golpe de Estado, lo que sugiere que su nombre estaba en las
primeras listas del terrorismo cívico-militar. El mensaje era claro: no se
toleraría ningún experimento de gobierno popular en el NOA.
Desde mi trabajo en la Asociación Miguel Ragone, he podido documentar que
el impacto de su desaparición sobre la memoria colectiva salteña fue
devastador. No solo porque Ragone desapareció, sino porque con él desapareció
la posibilidad de un modelo alternativo de poder: el gobernador que atendía
enfermos, que manejaba su propio auto, que pintaba los carros de asalto con
flores. Esa imagen —utópica y real al mismo tiempo— quedó congelada en el
tiempo como lo que pudo ser y no fue.
V. Memoria y Política: La Recuperación del Legado Ragoniano en la
Transición Democrática
5.1
Los trabajos de la memoria en Salta
La recuperación democrática de 1983 no significó automáticamente la
recuperación de la memoria ragoniana. Durante años, su figura fue mantenida
viva casi exclusivamente por los círculos de derechos humanos, por los
sobrevivientes de su gobierno y por los movimientos sociales que habían sido
protagonistas de su gestión. Los partidos políticos, incluido el propio Partido
Justicialista, tardaron décadas en reivindicarlo con la profundidad que merece.
Elizabeth Jelin (2002) ha distinguido entre la memoria como recurso
político instrumentalizado y la memoria como trabajo colectivo de elaboración
del pasado. El legado ragoniano ha sufrido ambos destinos: ha sido
instrumentalizado por discursos electorales que invocan su nombre sin
comprometerse con su programa, y ha sido trabajado colectivamente por las
organizaciones que siguen reclamando tierra, salud y dignidad para el
campesinado salteño. La diferencia entre ambas formas de memoria es política:
una cierra el pasado como monumento, la otra lo abre como programa.
El Hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone —que lleva su nombre desde
la transición democrática— es un ejemplo de esa tensión. El documento que
analizo señala que Ragone inició como gobernador un proceso de
desinstitucionalización y humanización del tratamiento mental, adelantándose en
décadas a los consensos de la Ley Nacional de Salud Mental de 2010. Que el
hospital que hoy lleva su nombre enfrente permanentes amenazas presupuestarias
no es una ironía menor: es la síntesis de la contradicción entre memoria
nominal y memoria programática.
5.2
El peronismo salteño hoy: la rearticulación necesaria
Estoy aquí, en esta Escuela Peronista, en este preciso momento histórico,
porque creo que la renovación de autoridades del Partido Justicialista de Salta
no puede ser un mero trámite burocrático. Debe ser una oportunidad de
rearticulación programática, de recuperación de una identidad definida como 'la
posibilidad de un poder ejercido con humildad, transparencia y una vocación
irrenunciable por la justicia social'.
Felipe Burgos —el maestro campesino, el compañero de Ragone en la
política de soberanía territorial— también fue desaparecido por la dictadura.
Hoy, las asociaciones que reivindican su memoria siguen reclamando por la
tierra, por el monte nativo, por los jornales justos en los Valles Calchaquíes.
El gobierno de Ragone fue pionero en plantear la necesidad de un manejo técnico
y social del monte nativo, proyectando una Empresa Desmontadora y Forestal de
carácter estatal (Salta Forestal). Esas demandas no son historia: son
actualidad. Son el programa que el peronismo salteño tiene pendiente.
Diana Maffía (2020) ha señalado que la renovación de las fuerzas
políticas progresistas requiere no solo cambios de liderazgo, sino
transformaciones en las prácticas de toma de decisión, en la inclusión de voces
históricamente marginadas y en la coherencia entre discurso y acción cotidiana.
El peronismo de Ragone integraba a campesinos, a jóvenes militantes, a civiles
en la jefatura policial: expandía los márgenes de quién podía gobernar y desde
dónde. Esa expansión democrática es la tarea que tiene por delante el
justicialismo salteño de 2026.
VI. Conclusión: Una Herencia para el Presente
Escribo desde la convicción de que la historia no es un archivo muerto,
sino un recurso vivo para la acción política del presente. El gobierno de
Miguel Ragone —dieciocho meses de gestión transformadora entre mayo de 1973 y
noviembre de 1974— no fue solo un episodio de la historia provincial: fue un
experimento de democracia participativa, de ética pública y de justicia social
que el terrorismo de Estado interrumpió pero no pudo borrar.
La teorización de Alejandro Grimson (2019) sobre la 'grieta' como
estructura de sentido político me permite afirmar que la polarización del
peronismo salteño de los años setenta —entre Tendencia y Ortodoxia, entre
proyecto popular y verticalismo conservador— no es un fenómeno del pasado: es
una estructura que se reedita permanentemente bajo nuevas formas. Reconocerla,
nombrarla, procesarla democráticamente en lugar de suprimirla es el primer paso
para superarla.
Alejandro Horowicz (2004) ha argumentado que el peronismo solo es capaz
de gobernar transformadoramente cuando logra articular sus distintas almas en
torno a un programa concreto. Ragone lo intentó: su gobierno fue un programa de
salud pública, reforma agraria, soberanía territorial y ética de la función
pública. No alcanzó el tiempo para completarlo, pero lo suficiente para
demostrar que era posible.
Elizabeth Jelin (2002) nos enseña que la memoria es siempre una
construcción presente que selecciona del pasado lo que necesita para actuar en
el futuro. En la Escuela Peronista de Salta, en este momento de renovación
partidaria, elegir recordar a Ragone es elegir un programa: el del médico que
atendía a todos por igual, el del gobernador que convertía los símbolos del
poder en instrumentos del pueblo, el del compañero que no eligió la comodidad
del acuerdo sino la dignidad de la coherencia.
Pilar Calveiro (2005) y Marina Franco (2012) nos han recordado que
comprender cómo fue posible el terrorismo de Estado es condición para que no se
repita. Sofía Tiscornia (2008) ha insistido en que las culturas institucionales
de la violencia sobreviven a los regímenes que las generaron. Luis Alberto
Romero (2001) ha mostrado que la Argentina moderne se construyó sobre la
exclusión sistemática de sus periferias. Guillermo O'Donnell (1972) demostró
que el autoritarismo no es una anomalía sino una posibilidad permanente de los
sistemas políticos latinoamericanos. Todos estos marcos conceptuales convergen
en una misma advertencia: la democracia no se garantiza sola; requiere actores
políticos comprometidos con su profundización cotidiana.
El peronismo salteño tiene hoy, en la renovación de sus autoridades, una
oportunidad histórica: no solo elegir nuevos nombres, sino rearticular un
proyecto. Un proyecto que recoja la herencia de Ragone —la salud como derecho,
la tierra como justicia, la ética como política— y la actualice para los
desafíos del siglo XXI. Esa es la primavera inconclusa que todavía espera su
continuación. Y es nuestra responsabilidad, compañeras y compañeros, no dejar
que se marchite una vez más.
Referencias bibliográficas
(Normas APA — 7.ª edición)
Calveiro, P. (2005). Política y/o
violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años setenta. Norma.
Franco, M. (2012). Un enemigo para la
nación: Orden interno, violencia y «subversión», 1973-1976. Fondo de Cultura
Económica.
Grimson, A. (2019). ¿Qué es el
peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de reinventarse.
Siglo XXI Editores.
Horowicz, A. (2004). Las cuatro
argentinas: Historia, política y sociedad, 1810-2004. Edhasa.
Jelin, E. (2002). Los trabajos de la
memoria. Siglo XXI Editores.
Maffía, D. (2020). Feminismo y
política: Autonomía, igualdad y diferencia en el debate contemporáneo. Prometeo
Libros.
O'Donnell, G. (1972). Modernización y
autoritarismo. Paidós.
Romero, L. A. (2001). Breve historia
contemporánea de la Argentina (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.
Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida
posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.
Tiscornia, S. (2008). Activismo de
los derechos humanos y burocracias estatales: El caso Walter Bulacio. Del
Puerto.
Ensayo presentado en la Escuela Peronista
del Partido Justicialista de Salta
Invitado por la agrupación «La CFK» —
Salta, mayo de 2026
Fernando Pequeño Ragone — Asociación
Miguel Ragone — investigacion.ragone@gmail.com
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