miércoles, 6 de mayo de 2026

LA PRIMAVERA INCONCLUSA El gobierno de Miguel Ragone y la rearticulación del peronismo en Salta

 

LA PRIMAVERA INCONCLUSA

El gobierno de Miguel Ragone y la rearticulación del peronismo en Salta

Ensayo político-académico presentado ante la Escuela Peronista

Partido Justicialista de Salta — Agrupación «La CFK»

En el marco de la renovación de autoridades partidarias — 2026

Fernando Pequeño Ragone

Investigador en Derechos Humanos y Memoria — Asociación Miguel Ragone — Salta, Argentina

 

Por Fernando Pequeño Ragone
asistido por NotebookLM, Gemini y Claude IA
A cerca de mi escritura asistida con IA.

 

I. Introducción: Una primavera que vuelve a florecer

Escribo estas palabras desde Salta, en mayo de 2026, a cincuenta años exactos de la desaparición forzada de Miguel Ragone. Lo hago invitado por la agrupación «La CFK» para compartir una reflexión en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de Salta, en un momento que no puede ser más significativo: el movimiento justicialista de nuestra provincia está en proceso de renovar sus autoridades, de reconstruirse como fuerza política orgánica después de años de fragmentación, tensiones internas y desorientación programática. No es casual que convoquen a hablar de Ragone en este preciso instante. Es porque intuyen —y comparto esa intuición con profunda convicción— que para saber hacia dónde vamos, necesitamos recordar de dónde venimos y, sobre todo, lo que fuimos capaces de ser.

Soy nieto de Miguel Ragone por el lado afectivo y político de la memoria, y coordino desde hace años el trabajo de la Asociación Miguel Ragone, espacio que vincula la investigación histórica con la acción comunitaria y la defensa de los derechos humanos en el Noroeste Argentino. El documento que sirve de fuente a este ensayo —un análisis exhaustivo del gobierno de Ragone en Salta entre 1973 y 1974— me permite hoy presentar ante ustedes no solo un ejercicio académico, sino una herramienta política de memoria activa.

Abordaré cinco grandes ejes: primero, el peronismo originario y su rearticulación en la figura de Ragone; segundo, la experiencia de gobierno como laboratorio de democracia participativa; tercero, la ruptura que significó el período 1974-1976 y el terrorismo de Estado como respuesta al proyecto popular; cuarto, la memoria como práctica política en la transición democrática; y quinto, la vigencia de ese legado para la rearticulación del peronismo salteño en el presente.

 

II. El Peronismo Originario y su Cristalización en Salta: La Victoria de Marzo de 1973

2.1  Dieciocho años de resistencia como pedagogía política

Para comprender cabalmente qué fue el gobierno de Ragone, es imprescindible entender qué significaron los dieciocho años de proscripción peronista que lo precedieron. Desde el golpe de Estado de 1955 hasta la apertura electoral de 1973, el justicialismo salteño operó en la semiclandestinidad, enfrentando dictaduras y gobiernos civiles de legitimidad cuestionable. Ese período no fue de simple espera: fue una escuela de identidad, de resistencia, de forja de cuadros políticos. Alejandro Grimson (2019) ha señalado que las identidades colectivas más duraderas son aquellas que se construyen en la adversidad, en la experiencia compartida de la exclusión. El peronismo salteño de 1973 era exactamente eso: una identidad forjada en el fuego de la proscripción.

Ragone emergió de ese proceso como una figura de consenso capaz de articular las demandas de la 'vieja guardia' peronista con el ímpetu de la juventud militante. Esa doble legitimidad —la del pasado de resistencia y la del presente de movilización— es lo que explica el contundente 57,16% de los votos que obtuvo en las elecciones provinciales del 11 de marzo de 1973. No fue solo un triunfo electoral: fue la cristalización de una identidad colectiva que había sobrevivido dos décadas de persecución.

Guillermo O'Donnell (1972), en su análisis del autoritarismo latinoamericano, demostró que los períodos de exclusión política no eliminan las identidades subalternas, sino que las consolidan y las radicalizan. El peronismo de 1973 llegó al poder provincial con una acumulación de demandas postergadas que superaba largamente cualquier capacidad de gestión convencional. Ragone lo sabía, y por eso no gobernó desde los protocolos del poder tradicional: gobernó desde la ética de la resistencia.


2.2  La interna de la unidad: Lista Verde vs. Lista Azul y Blanca

La candidatura de Ragone no fue un camino allanado. Huno en ese contexto una feroz interna partidaria que enfrentó a la 'Lista Verde' —de tendencia progresista y nacionalista, vinculada a la Juventud Peronista— con la 'Lista Azul y Blanca', de corte ortodoxo y tradicionalista. El acuerdo de unidad, impuesto por la conducción nacional a través de Juan Manuel Abal Medina, incluyó la incorporación de Olivio Ríos como vicegobernador: un compromiso que, sembraría las semillas de la inestabilidad futura debido a las profundas diferencias ideológicas entre ambos sectores.

Esta tensión interna no es un dato anecdótico: es la clave para entender tanto las posibilidades como los límites del gobierno ragoniano. Y es, me atrevo a afirmarlo, estructuralmente análoga a la tensión que hoy atraviesa al Partido Justicialista de Salta al encarar su propia renovación de autoridades. El peronismo siempre ha sido un movimiento de contradicciones internas productivas, lo que Alejandro Horowicz (2004) llamó las 'cuatro argentinas' del justicialismo: la tensión entre su ala obrera, su conducción carismática, sus cuadros técnico-reformistas y sus sectores conservadores nunca desapareció; se procesó, con mayor o menor violencia, al interior del movimiento.

Hoy, en 2026, el peronismo salteño debe reconocer esa tensión sin negarla, y procesarla democráticamente en lugar de suprimirla. La experiencia de Ragone muestra que la unidad forzada sin debate programático real es una cáscara frágil que se rompe en el primer momento de presión.

 

III. Dieciocho Meses de Laboratorio Democrático: Políticas, Actores y Transformaciones

3.1  La salud como derecho humano: el legado de Carrillo en el NOA

Miguel Ragone era, ante todo, un médico sanitarista cuya cosmovisión política estaba impregnada por su colaboración directa con Ramón Carrillo durante la primera presidencia de Perón. Su gestión en salud no se limitó a la construcción de infraestructura, sino que propuso un cambio de paradigma: la salud como un derecho humano integral vinculado indisolublemente a las condiciones de vida, trabajo y vivienda. Esta visión, que hoy reconocemos en los marcos conceptuales de la medicina social latinoamericana, era absolutamente disruptiva para la Salta de 1973.

Ragone sostenía que tanto ricos como pobres debían tener idénticas posibilidades de curación, impulsando la entrega gratuita de medicamentos y proyectando un seguro de salud universal. Más aún: definía al trabajo digno y la alimentación sana como 'componentes indirectos de la salud', lo que obligaba a una coordinación constante entre los ministerios de Economía y Bienestar Social. Esta concepción integral —que hoy diríamos de determinantes sociales de la salud— anticipaba en décadas los consensos de la Organización Mundial de la Salud.

Pilar Calveiro (2005) ha señalado que los proyectos políticos que resultan más amenazantes para los poderes establecidos no son aquellos que proponen la revolución armada, sino aquellos que demuestran, en la práctica cotidiana, que el Estado puede funcionar al servicio de los de abajo. El hospital público de Ragone, el médico que dejaba su despacho para atender a un niño desmayado en una ceremonia, el gobernador que usaba su propio Peugeot 504 y pagaba sus viáticos: esa era la revolución real, silenciosa, perturbadora, que los sectores de poder no podían tolerar.

3.2  La economía de la liberación: austeridad, soberanía y reforma agraria

El Plan Trienal de Ragone se inserta en el proyecto nacional de reconstrucción económica, pero con características propias adaptadas a la realidad del NOA. La deuda pública provincial había crecido de 247 millones de pesos en 1955 a 21.700 millones en 1973 —un crecimiento exponencial que refleja décadas de mala administración y subordinación al poder central. Ante este cuadro, Ragone respondió con austeridad personal y colectiva: rechazó el protocolo, eliminó su escolta policial y convirtió los carros de asalto en transportes escolares pintados con flores.

Pero la gestión económica de Ragone no fue solo simbólica. La expropiación del Frigorífico Arenales y las Minas de Unchimé fueron actos de soberanía concreta sobre los recursos provinciales. La alianza con Felipe Burgos y la Federación Única de Sindicatos de Trabajadores Campesinos y Afines (FUSTCA) permitió que las demandas históricas del campesinado salteño llegaran por primera vez a los despachos gubernamentales. Ragone denunciaba jornales de miseria en los Valles Calchaquíes —donde los salarios eran hasta un 50% inferiores a los de otras regiones— y proyectaba una reforma agraria integral basada en cooperativas.

Luis Alberto Romero (2001) ha señalado que una de las características más persistentes de la Argentina moderna es la brecha entre el litoral y el interior, entre las economías dinámicas y las periferias postradas. El gobierno de Ragone fue un intento consciente de reducir esa brecha desde el propio interior, sin esperar que las transformaciones llegaran desde Buenos Aires. En el contexto de la Salta feudal de 1973 —donde el poder económico y político estaba concentrado en unas pocas familias y en el diario El Tribuno como formador de opinión dominante—, ese intento era, en efecto, revolucionario.

3.3  Los nuevos actores: el campesinado, la juventud y la humanización policial

Uno de los aspectos más innovadores del gobierno de Ragone fue la incorporación de actores hasta entonces excluidos de la gestión pública. El nombramiento de Rubén Fortuny —un civil, proveniente de la resistencia peronista— en la Jefatura de Policía, con una política explícita de humanización de las fuerzas de seguridad, fue un gesto de ruptura radical con la tradición represiva de los gobiernos anteriores. Fortuny eliminó celdas de castigo y detuvo a oficiales acusados de violaciones a los derechos humanos: una anticipación de lo que décadas después sería la agenda de los organismos de derechos humanos.

Felipe Burgos, el maestro de Campo Quijano formado en el cristianismo tercermundista, representó la irrupción del campesinado organizado en la política provincial. Burgos era un dirigente carismático y fundador de la FUSTCA cuya alianza con Ragone permitió articular las demandas de soberanía territorial con la gestión gubernamental. Esta alianza entre el poder político y los movimientos sociales del campo es uno de los legados más vivos del período, y hoy —cuando el avance del agronegocio sobre el monte nativo salteño sigue siendo una amenaza crítica— resulta más urgente que nunca.

Elizabeth Jelin (2002), en su análisis de los trabajos de la memoria, ha señalado que los actores que las narrativas dominantes borran de la historia son precisamente aquellos cuya recuperación resulta más subversiva para el orden presente. Felipe Burgos desapareció en dictadura, como Ragone. Recordarlos juntos no es solo un acto de justicia histórica: es un acto político que restituye al campesinado salteño su lugar en la tradición del peronismo nacional y popular.

 

IV. La Ruptura: De la Intervención Federal al Terrorismo de Estado (1974-1976)

4.1  El pinzamiento político: ortodoxia sindical y verticalismo nacional

El gobierno de Ragone no cayó por incompetencia ni por falta de apoyo popular. Cayó por un 'pinzamiento político’ entre la derecha reaccionaria y el verticalismo autoritario del gobierno nacional de la época. La ortodoxia sindical de las 62 Organizaciones, la presión del diario El Tribuno y la exigencia de 'depuración ideológica' del Consejo Nacional Justicialista convergieron para aislar al gobernador. El 23 de noviembre de 1974, la intervención federal consumó lo que la presión política había preparado.

Marina Franco (2012) ha analizado con precisión el modo en que la categoría de 'subversión' fue construida discursivamente en Argentina antes del golpe de 1976, preparando el terreno ideológico para la represión. Ragone fue víctima de esa construcción: acusado de 'infiltración marxista' por quienes no podían tolerar que un gobierno peronista tomara en serio el programa social del justicialismo. Las acusaciones eran absurdas —el propio Ragone se definía como 'un soldado de Perón' y un humanista democrático—, pero en el clima político de 1974-1975, la absurdidad no fue obstáculo para la eficacia política de la estigmatización.

Había a fines del 74 un dilema en que se encontraba Ragone: si cedía a las presiones de depuración de su gabinete, perdía su base de apoyo popular y juvenil; si no lo hacía, se arriesgaba a la intervención federal. No había salida honorable dentro del sistema: la decisión ya había sido tomada en los despachos del poder nacional y de los intereses económicos provinciales. Esa trampa es una enseñanza que el peronismo salteño de hoy debe internalizar con claridad.



4.2  La desaparición del gobernador: el único caso en la historia argentina

El 11 de marzo de 1976 —cinco años exactos después de su triunfo electoral—, Miguel Ragone fue secuestrado en plena calle en la ciudad de Salta. Su cuerpo nunca fue encontrado. Es el único gobernador argentino desaparecido en el contexto del terrorismo de Estado, un dato que el documento subraya y que convierte su figura en un emblema nacional de la lucha por los derechos humanos.

Sofía Tiscornia (2008) ha señalado que el terrorismo de Estado no se limita al período formal de la dictadura: se extiende hacia atrás, en las prácticas de violencia paraestatal que lo preceden, y hacia adelante, en las culturas institucionales que lo sobreviven. La desaparición de Ragone ocurrió 13 días antes del golpe de Estado, lo que sugiere que su nombre estaba en las primeras listas del terrorismo cívico-militar. El mensaje era claro: no se toleraría ningún experimento de gobierno popular en el NOA.

Desde mi trabajo en la Asociación Miguel Ragone, he podido documentar que el impacto de su desaparición sobre la memoria colectiva salteña fue devastador. No solo porque Ragone desapareció, sino porque con él desapareció la posibilidad de un modelo alternativo de poder: el gobernador que atendía enfermos, que manejaba su propio auto, que pintaba los carros de asalto con flores. Esa imagen —utópica y real al mismo tiempo— quedó congelada en el tiempo como lo que pudo ser y no fue.

 

V. Memoria y Política: La Recuperación del Legado Ragoniano en la Transición Democrática

5.1  Los trabajos de la memoria en Salta

La recuperación democrática de 1983 no significó automáticamente la recuperación de la memoria ragoniana. Durante años, su figura fue mantenida viva casi exclusivamente por los círculos de derechos humanos, por los sobrevivientes de su gobierno y por los movimientos sociales que habían sido protagonistas de su gestión. Los partidos políticos, incluido el propio Partido Justicialista, tardaron décadas en reivindicarlo con la profundidad que merece.

Elizabeth Jelin (2002) ha distinguido entre la memoria como recurso político instrumentalizado y la memoria como trabajo colectivo de elaboración del pasado. El legado ragoniano ha sufrido ambos destinos: ha sido instrumentalizado por discursos electorales que invocan su nombre sin comprometerse con su programa, y ha sido trabajado colectivamente por las organizaciones que siguen reclamando tierra, salud y dignidad para el campesinado salteño. La diferencia entre ambas formas de memoria es política: una cierra el pasado como monumento, la otra lo abre como programa.

El Hospital de Salud Mental Dr. Miguel Ragone —que lleva su nombre desde la transición democrática— es un ejemplo de esa tensión. El documento que analizo señala que Ragone inició como gobernador un proceso de desinstitucionalización y humanización del tratamiento mental, adelantándose en décadas a los consensos de la Ley Nacional de Salud Mental de 2010. Que el hospital que hoy lleva su nombre enfrente permanentes amenazas presupuestarias no es una ironía menor: es la síntesis de la contradicción entre memoria nominal y memoria programática.

5.2  El peronismo salteño hoy: la rearticulación necesaria

Estoy aquí, en esta Escuela Peronista, en este preciso momento histórico, porque creo que la renovación de autoridades del Partido Justicialista de Salta no puede ser un mero trámite burocrático. Debe ser una oportunidad de rearticulación programática, de recuperación de una identidad definida como 'la posibilidad de un poder ejercido con humildad, transparencia y una vocación irrenunciable por la justicia social'.

Felipe Burgos —el maestro campesino, el compañero de Ragone en la política de soberanía territorial— también fue desaparecido por la dictadura. Hoy, las asociaciones que reivindican su memoria siguen reclamando por la tierra, por el monte nativo, por los jornales justos en los Valles Calchaquíes. El gobierno de Ragone fue pionero en plantear la necesidad de un manejo técnico y social del monte nativo, proyectando una Empresa Desmontadora y Forestal de carácter estatal (Salta Forestal). Esas demandas no son historia: son actualidad. Son el programa que el peronismo salteño tiene pendiente.

Diana Maffía (2020) ha señalado que la renovación de las fuerzas políticas progresistas requiere no solo cambios de liderazgo, sino transformaciones en las prácticas de toma de decisión, en la inclusión de voces históricamente marginadas y en la coherencia entre discurso y acción cotidiana. El peronismo de Ragone integraba a campesinos, a jóvenes militantes, a civiles en la jefatura policial: expandía los márgenes de quién podía gobernar y desde dónde. Esa expansión democrática es la tarea que tiene por delante el justicialismo salteño de 2026.

 

VI. Conclusión: Una Herencia para el Presente

Escribo desde la convicción de que la historia no es un archivo muerto, sino un recurso vivo para la acción política del presente. El gobierno de Miguel Ragone —dieciocho meses de gestión transformadora entre mayo de 1973 y noviembre de 1974— no fue solo un episodio de la historia provincial: fue un experimento de democracia participativa, de ética pública y de justicia social que el terrorismo de Estado interrumpió pero no pudo borrar.

La teorización de Alejandro Grimson (2019) sobre la 'grieta' como estructura de sentido político me permite afirmar que la polarización del peronismo salteño de los años setenta —entre Tendencia y Ortodoxia, entre proyecto popular y verticalismo conservador— no es un fenómeno del pasado: es una estructura que se reedita permanentemente bajo nuevas formas. Reconocerla, nombrarla, procesarla democráticamente en lugar de suprimirla es el primer paso para superarla.

Alejandro Horowicz (2004) ha argumentado que el peronismo solo es capaz de gobernar transformadoramente cuando logra articular sus distintas almas en torno a un programa concreto. Ragone lo intentó: su gobierno fue un programa de salud pública, reforma agraria, soberanía territorial y ética de la función pública. No alcanzó el tiempo para completarlo, pero lo suficiente para demostrar que era posible.

Elizabeth Jelin (2002) nos enseña que la memoria es siempre una construcción presente que selecciona del pasado lo que necesita para actuar en el futuro. En la Escuela Peronista de Salta, en este momento de renovación partidaria, elegir recordar a Ragone es elegir un programa: el del médico que atendía a todos por igual, el del gobernador que convertía los símbolos del poder en instrumentos del pueblo, el del compañero que no eligió la comodidad del acuerdo sino la dignidad de la coherencia.

Pilar Calveiro (2005) y Marina Franco (2012) nos han recordado que comprender cómo fue posible el terrorismo de Estado es condición para que no se repita. Sofía Tiscornia (2008) ha insistido en que las culturas institucionales de la violencia sobreviven a los regímenes que las generaron. Luis Alberto Romero (2001) ha mostrado que la Argentina moderne se construyó sobre la exclusión sistemática de sus periferias. Guillermo O'Donnell (1972) demostró que el autoritarismo no es una anomalía sino una posibilidad permanente de los sistemas políticos latinoamericanos. Todos estos marcos conceptuales convergen en una misma advertencia: la democracia no se garantiza sola; requiere actores políticos comprometidos con su profundización cotidiana.

El peronismo salteño tiene hoy, en la renovación de sus autoridades, una oportunidad histórica: no solo elegir nuevos nombres, sino rearticular un proyecto. Un proyecto que recoja la herencia de Ragone —la salud como derecho, la tierra como justicia, la ética como política— y la actualice para los desafíos del siglo XXI. Esa es la primavera inconclusa que todavía espera su continuación. Y es nuestra responsabilidad, compañeras y compañeros, no dejar que se marchite una vez más.

 


 

 

Referencias bibliográficas

(Normas APA — 7.ª edición)

 

Calveiro, P. (2005). Política y/o violencia: Una aproximación a la guerrilla de los años setenta. Norma.

Franco, M. (2012). Un enemigo para la nación: Orden interno, violencia y «subversión», 1973-1976. Fondo de Cultura Económica.

Grimson, A. (2019). ¿Qué es el peronismo? De Perón a los Kirchner, el movimiento que no deja de reinventarse. Siglo XXI Editores.

Horowicz, A. (2004). Las cuatro argentinas: Historia, política y sociedad, 1810-2004. Edhasa.

Jelin, E. (2002). Los trabajos de la memoria. Siglo XXI Editores.

Maffía, D. (2020). Feminismo y política: Autonomía, igualdad y diferencia en el debate contemporáneo. Prometeo Libros.

O'Donnell, G. (1972). Modernización y autoritarismo. Paidós.

Romero, L. A. (2001). Breve historia contemporánea de la Argentina (2.ª ed.). Fondo de Cultura Económica.

Sarlo, B. (1994). Escenas de la vida posmoderna: Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Ariel.

Tiscornia, S. (2008). Activismo de los derechos humanos y burocracias estatales: El caso Walter Bulacio. Del Puerto.

 

 

Ensayo presentado en la Escuela Peronista del Partido Justicialista de Salta

Invitado por la agrupación «La CFK» — Salta, mayo de 2026

Fernando Pequeño Ragone — Asociación Miguel Ragone — investigacion.ragone@gmail.com

No hay comentarios:

Publicar un comentario

EL PAÍS Edición América: el periódico global