sábado, 25 de abril de 2020

Decreto 255 y poder de excepción: La disputa por la gestión de la seguridad en la Salta pandémica

 

14 al 25 de abril 2020

Transcurre abril de 2020 y la provincia de Salta atraviesa las primeras semanas del aislamiento social, preventivo y obligatorio dispuesto ante la emergencia sanitaria de la COVID-19. En este contexto, el Ministerio de Gobierno provincial promulga el Decreto 255/2020, una disposición de excepción que otorga amplias facultades discretionales a las fuerzas policiales para intervenir y sancionar los incumplimientos del confinamiento. La implementación de esta norma desencadena de inmediato una profunda controversia jurídica y política, convirtiéndose en el epicentro de un agudo enfrentamiento en el campo de los derechos humanos local.

Ante la amenaza de que el Decreto 255 siente un precedente sumamente regresivo en materia de garantías constitucionales, el bloque mayoritario de los organismos de derechos humanos organiza un frente de resistencia institucional. Bajo la coordinación de la referente Nenina Lescano y el abogado Rodrigo Sola, y con el respaldo decisivo de entidades de alcance nacional como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, las organizaciones articulan una demanda colectiva de inconstitucionalidad. La estrategia de este espacio combina la presentación judicial formal con la confección de una nómina de casos documentados de abusos policiales para demostrar el impacto lesivo de la medida. Asimismo, la red busca ejercer una fuerte presión mediática para desacreditar la norma y forzar su caída sin aguardar los dilatados tiempos procesales de la Corte provincial. Dentro de esta táctica, la consigna del bloque es subordinar cualquier reunión con autoridades gubernamentales —como el ministro Posada— al ingreso previo del recurso en los tribunales, garantizando así que los colectivos mantengan el control del ritmo político.

En abierta disonancia con esta lógica de confrontación judicial y mediática, Fernando Pequeño Ragone, al frente de la Asociación Miguel Ragone, adopta una postura diferenciada centrada en el diálogo institucional directo con el Poder Ejecutivo. Pequeño Ragone promueve la apertura de canales de comunicación con los funcionarios del Ministerio de Gobierno, sosteniendo una visión superadora que busca evitar la demonización a priori de las fuerzas de seguridad en el marco de la crisis socio-sanitaria. Desde su perspectiva, reducir a la institución policial a la condición exclusiva de órgano represivo resulta inadecuado en un escenario donde los efectivos desempeñan tareas operativas indispensables para la contención territorial de la pandemia.

Esta posición desencadena una severa impugnación política, ética y doctrinaria por parte de la red de organismos. Las intervenciones de Lescano cuestionan con dureza a Pequeño Ragone, acusándolo de actuar con individualismo, de romper la unidad de acción y de concebir el diálogo únicamente hacia las autoridades estatales en lugar de priorizar a sus propios compañeros del campo popular. El quiebre se profundiza cuando la dirigencia tradicional condena las manifestaciones públicas de Pequeño Ragone en favor de la jefatura policial y califica sus posturas de "reaccionarias". Para el frente de derechos humanos, equiparar las vivencias de los efectivos policiales con el padecimiento de las víctimas del terrorismo de Estado y de los familiares de detenidos-desaparecidos constituye una reactivación inaceptable de la "teoría de los dos demonios". Asimismo, se le reprocha el uso personal del capital simbólico de su abuelo, el exgobernador desaparecido Miguel Ragone, recordándole que la memoria de dicha figura pertenece a un proyecto colectivo histórico y no a una trayectoria individual.

De este modo, el conflicto en torno al Decreto 255 en abril de 2020 evidencia dos lecturas contrapuestas sobre el Estado y la militancia: por un lado, una trinchera colectiva que apela a la judicialización, el registro de la violencia institucional y la vigilancia doctrinaria; por el otro, una propuesta de mediación ejecutiva que busca incidir mediante el diálogo con las autoridades, provocando la fractura definitiva dentro del movimiento de derechos humanos en Salta.

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