El estallido de la pandemia de COVID-19 en abril de 2020 funcionó como un catalizador de las contradicciones estructurales de la gestión estatal y del campo político en la provincia de Salta. La promulgación del Decreto 255/2020 por parte del Ministerio de Gobierno confirió facultades discrecionales e inéditas a las fuerzas de seguridad para intervenir ante el incumplimiento del aislamiento obligatorio, desatando una inmediata reacción del arco garantista y de las organizaciones de derechos humanos de la provincia. La estrategia dominante, articulada por referentes como la abogada y militante Nenina Lescano y el jurista Rodrigo Sola junto a estructuras nacionales como el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) y la Liga Argentina por los Derechos del Hombre, se centró en la judicialización sistemática de la norma mediante una demanda colectiva de inconstitucionalidad respaldada por un registro de abusos policiales para forzar la retracción del dispositivo punitivo.
Sin embargo, el quiebre de consensos en aquel momento reveló una tensión más profunda en el seno de la militancia local, personificada en la figura de Fernando Pequeño Ragone y la Asociación Miguel Ragone. Frente al encuadre punitivo-estatal y a la respuesta judicializadora de los organismos tradicionales, Pequeño Ragone impulsó una línea de diálogo directo con las autoridades gubernamentales del área, como el ministro Posada y el secretario Villada. Esta búsqueda de interlocución respondía a una vocación por tender puentes en medio de la emergencia institucional, priorizando la negociación política por encima del enfrentamiento tribunales-medios.
La búsqueda de diálogo y la reconfiguración del rol de
las fuerzas de seguridad
El intento de gestión y comunicación con el Ministerio de
Gobierno por parte de Fernando Pequeño Ragone se sostuvo en una premisa
política distintiva: la necesidad de sostener una visión superadora que evitara
la demonización per se de las fuerzas de seguridad. Para Pequeño Ragone,
encasillar a la institución policial en el único rol de brazo represivo impedía
abordar la complejidad del Estado en momentos de crisis socio-sanitaria, donde
los agentes de seguridad actuaban al mismo tiempo como indispensables articuladores
territoriales.
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Dimensión de Análisis |
Bloque Organismos de DDHH (CELS, Liga, Lescano, Sola) |
Posición Asociación Miguel Ragone (Pequeño Ragone) |
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Estrategia ante el Decreto 255 |
Judicialización colectiva inmediata y presión mediática. |
Apertura de canales de diálogo y negociación
institucional. |
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Concepción de la Policía |
Dispositivo represivo con facultades discretionales
regresivas. |
Actor institucional con rol territorial que no debe
demonizarse. |
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Sujeto Político |
Proyecto colectivo, red institucional y defensa
doctrinaria. |
Interlocución ejecutiva y articulación pragmática. |
El escenario hacia 2026: Descomposición, avance de las
derechas y achicamiento estatal
Observado desde la perspectiva de 2026, aquel episodio de
abril de 2020 no constituyó un hecho aislado, sino el síntoma temprano de una
reconfiguración definitiva del mapa político e institucional. En la actualidad,
Fernando Pequeño Ragone se halla plenamente distanciado de la gestión de
gobierno provincial y envuelto en una profunda crisis analítica y posicional
frente al estado del movimiento de derechos humanos.